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Gilberto González·
Fachada de Citi Field, estadio de los New York Mets, bajo un cielo azul

Mariano Duncan puede ser el puente que una el desarrollo con el equipo grande

Opinión y análisis | Por Gilberto González

Imagen principal de archivo: Citi Field en septiembre de 2026. Fotografía de Kidfly182/Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0, sin modificaciones. No corresponde a una reunión ni a un anuncio oficial sobre el cuerpo técnico.

Mi tesis es esta: la promoción reportada de Mariano Duncan al cuerpo técnico de los Mets tiene valor si convierte la memoria de las ligas menores en autoridad dentro del equipo grande. Si su función queda reducida a lanzar práctica de bateo, traducir ocasionalmente o acompañar a los jóvenes, Nueva York habrá sumado experiencia sin aprovechar el conocimiento que ya pagó durante años.

Los Mets no necesitan otra voz flotando alrededor de la jaula. Necesitan un puente. Duncan conoce el trayecto que varios jugadores recorrieron antes de llegar a Queens, las correcciones que funcionaron, las que se abandonaron y el lenguaje con el que cada uno procesa la información. Esa continuidad puede ahorrar meses de ensayo. Pero solo sirve cuando el organigrama explica quién decide, quién comunica y quién responde por el ajuste.

El hecho: una promoción interna para una función nueva

El New York Post informó que los Mets incorporarán a Duncan en el nuevo cargo de coach de Grandes Ligas. Su trabajo abarcaría varias áreas con los jugadores de posición y también incluiría funciones como lanzador de práctica de bateo. El club todavía debe completar otras plazas del cuerpo técnico de Andy Green, de modo que el alcance final de la posición dependerá de cómo se repartan las responsabilidades.

Duncan pertenece a la organización desde 2019. Pasó por Kingsport, Brooklyn y Binghamton, donde trabajó en Doble-A durante cinco temporadas. Excluyendo asignaciones de rehabilitación, siete jugadores de posición del roster actual de 40 pasaron por alguno de sus equipos. Brett Baty y Francisco Álvarez estuvieron bajo su mirada desde sus debuts profesionales.

Esos datos describen continuidad; no prueban que Duncan haya causado el desarrollo de esos peloteros. Un jugador progresa por talento, salud, repetición, analítica, instructores distintos y decisiones propias. La relación sí ofrece algo que una contratación externa no puede comprar de inmediato: contexto acumulado.

Infografía de la trayectoria de Mariano Duncan en los Mets desde Kingsport en 2019 hasta el cuerpo técnico de Grandes Ligas en 2027
Infografía original de Diamante 23. Trayectoria interna verificada entre 2019 y la estructura proyectada para 2027. Siete jugadores de posición del roster actual de 40 pasaron por su trabajo, sin contar rehabilitaciones; esa relación no demuestra causalidad sobre su rendimiento.

Siete jugadores son una muestra de conocimiento, no un certificado

El número siete importa por lo que permite preguntar. Duncan ya conoce rutinas, reacciones a la adversidad y formas de aprender dentro de una parte del núcleo. En una organización que intenta conectar desarrollo y Grandes Ligas, esa información puede evitar que cada ascenso obligue al jugador a empezar de cero.

Álvarez representa el caso más claro para el público latino. El receptor venezolano ha vivido expectativas enormes, lesiones, cambios de enfoque ofensivo y la responsabilidad adicional de dirigir un cuerpo de lanzadores. Un coach que vio etapas anteriores puede distinguir entre un problema nuevo y uno recurrente. También puede advertir cuándo una instrucción del equipo grande contradice el trabajo realizado abajo.

Pero la familiaridad tiene un límite. Conocer a un jugador no significa tener siempre la respuesta correcta. A veces la relación previa conserva confianza; otras veces conserva hábitos que deben cambiar. Por eso Duncan no debe ser evaluado por la cercanía emocional con Baty, Álvarez u otros jóvenes, sino por la capacidad de convertir ese conocimiento en decisiones verificables.

La ofensiva explica la urgencia, pero no debe simplificar la evaluación

Los Mets terminaron la temporada regular en la parte baja de las Grandes Ligas: puesto 23 en promedio de bateo, 24 en OPS y 23 en wRC+. Son resultados que justifican una revisión profunda. No demuestran por sí solos que el cuerpo técnico anterior haya provocado la caída. Las lesiones, la construcción del roster y la ejecución individual también pesaron.

La llegada de Duncan tampoco debe venderse como remedio estadístico. Un coach de función amplia no transforma una ofensiva por presencia. Su valor estará en reducir pérdidas de información: que el plan elaborado en desarrollo llegue intacto a Queens, que el jugador entienda por qué se cambia y que el equipo pueda reconstruir el camino cuando un ajuste falla.

En la columna sobre el método que necesita la ofensiva de los Mets, la conclusión fue que un nombre conocido no sustituye una filosofía común. Esta promoción permite llevar el argumento un paso más lejos: la filosofía también necesita memoria. Sin alguien que recuerde cómo aprendió cada pelotero, el método corre el riesgo de convertirse en un manual idéntico para cuerpos y carreras diferentes.

La representación latina vale cuando incluye poder de decisión

Duncan, dominicano de San Pedro de Macorís, jugó 12 temporadas en las Grandes Ligas y después construyó una larga carrera como instructor. Su presencia tiene un significado concreto para un clubhouse con figuras caribeñas: conoce las exigencias deportivas y culturales del recorrido, pero no debe ser reducido a intérprete de una supuesta experiencia latina universal.

Dominicanos, puertorriqueños y venezolanos no comparten un solo swing, una personalidad ni una manera idéntica de recibir datos. La representación se vuelve sustantiva cuando el coach puede discutir el plan, cuestionar una instrucción y participar en la evaluación. Se vuelve decorativa cuando la organización le pide cercanía con el jugador, pero reserva la autoridad para otras oficinas.

Ese matiz también acompaña el reciente reconocimiento al liderazgo de Francisco Lindor. Los Mets tienen referentes latinos visibles dentro y fuera del terreno. La responsabilidad institucional consiste en convertir esa presencia en estructura, no en campañas aisladas.

Cómo medir si el puente funciona

Mi opinión: los Mets deben darle a Duncan tres responsabilidades explícitas. Primero, documentar qué ajustes acompañaron el ascenso de cada jugador. Segundo, participar en la coordinación diaria entre coaches de bateo, defensa y desarrollo. Tercero, tener una voz formal en la revisión de los jóvenes que cambien de nivel o función.

El resultado no debe medirse únicamente por el OPS colectivo. Esa cifra mezcla demasiadas causas. Hay señales más cercanas a su trabajo: cuánto tarda un novato en comprender el plan, si las instrucciones permanecen consistentes entre niveles, si un ajuste se revisa con evidencia y si el jugador sabe quién tiene la última palabra.

La promoción de Duncan no garantiza mejores turnos ni una temporada ganadora. Sí ofrece a los Mets la oportunidad de dejar de tratar las ligas menores y el equipo grande como habitaciones separadas. En el béisbol moderno, la información sobra; lo escaso es la continuidad que permite usarla. Duncan ya conoce el pasillo. Ahora Nueva York debe decidir si le entregará una llave o solamente un asiento.

Gilberto González

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