El rechazo de Sam Fuld no convierte automáticamente la vacante de los Athletics en un puesto indeseable. Sí obliga al club a demostrar que el próximo presidente de operaciones de béisbol tendrá poder real para dirigir una franquicia que compite mientras cambia de ciudad.
Por Leonte Landino
Imagen principal de archivo: vista aérea de Sutter Health Park, tomada en 2023 por Quintin Soloviev. Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0. No se hicieron alteraciones.
La noticia es concreta: Fuld recibió la oferta para presidir las operaciones de béisbol de los Athletics, la declinó y se retiró del proceso. El exgerente general de Filadelfia seguirá como presidente de operaciones comerciales de los Phillies. La búsqueda continúa y Taylor Smith, asistente del gerente general de Boston, aparece entre los principales candidatos.
Esos son los hechos. La interpretación empieza después: una negativa individual no permite afirmar que el cargo carezca de atractivo ni revela, por sí sola, los motivos de Fuld. Una decisión profesional puede responder a familia, calendario, proyecto personal o expectativas futuras. Pero cuando una organización en transición pierde a un candidato después de llegar hasta la oferta, su obligación no es cambiar de nombre con prisa. Debe revisar qué autoridad está ofreciendo y qué condiciones permitirán ejercerla.
Una vacante más grande que el organigrama
Los Athletics terminaron la temporada regular con 64 victorias y 98 derrotas en 162 juegos, porcentaje de .395. Fue otro año perdedor para una franquicia cuya última campaña con balance positivo fue 2021 y cuya última aparición en postemporada ocurrió en 2020. David Forst salió de la gerencia general durante la temporada, después de 27 años en la organización.

El 64–98 no es una sentencia sobre el futuro. Es una medida del tamaño de la reparación. La próxima cabeza de operaciones no heredará solamente un roster joven que necesita profundidad, mejores márgenes de desarrollo y decisiones exigentes sobre el calendario competitivo. También recibirá una organización instalada temporalmente en Sacramento y con un estadio previsto en Las Vegas para 2028.
Eso significa trabajar con dos relojes. Uno marca la temporada siguiente: adquisiciones, arbitrajes, desarrollo, salud, roster de 40 y cuerpo técnico. El otro marca la mudanza: construir una identidad deportiva que pueda llegar a Nevada con credibilidad. Si el primero se sacrifica por el segundo, Las Vegas recibirá una promesa sin béisbol. Si el segundo se ignora, el club puede mejorar en el terreno sin convertir esa mejoría en una relación estable con su nuevo público.
Diamante 23 ya explicó el largo proceso de la mudanza de los Athletics. La vacante actual añade una pregunta decisiva: ¿quién podrá ordenar el proyecto deportivo mientras la organización cambia de mapa?
El título importa menos que las palancas
Presidente de operaciones de béisbol suena a cúspide. Sin embargo, un ejecutivo serio evalúa lo que hay debajo del título: control sobre contrataciones, presupuesto para personal y tecnología, capacidad de reformar desarrollo y autonomía para decirle al propietario que una decisión popular puede ser mala para el roster.
Mi opinión es que los Athletics deben vender menos prestigio y ofrecer más claridad. El próximo candidato necesita saber qué decisiones podrá tomar sin esperar una aprobación extraordinaria; qué inversión tendrá para ampliar scouting, ciencia del rendimiento y desarrollo; y con qué indicadores será evaluado antes de que el equipo llegue a Las Vegas.
La transparencia también protege al club. Si la propiedad define desde el inicio los límites presupuestarios y el horizonte de 2028, el ejecutivo acepta el desafío con información completa. Si esas reglas aparecen después, cada derrota se convierte en una disputa sobre responsabilidades.
Cuatro garantías para el próximo presidente
- Autoridad deportiva verificable. El candidato debe controlar la estructura de operaciones de béisbol, la selección de su equipo de trabajo y los procesos de decisión sobre el roster.
- Recursos ligados a objetivos. No basta prometer flexibilidad. Deben existir presupuestos definidos para desarrollo de jugadores, análisis, salud, scouting profesional e internacional.
- Un calendario que una Sacramento y Las Vegas. La reconstrucción no puede tratar 2028 como botón de reinicio. Cada temporada debe producir información, talento y hábitos que sobrevivan a la mudanza.
- Evaluación sin atajos. Ganancias y derrotas importan, pero durante una transición también deben medirse la profundidad del sistema, la mejora de jugadores y la calidad de las decisiones repetibles.
La conexión latina debe construirse desde operaciones
Para el público latino, esta contratación no es un asunto lejano de ejecutivos. Las operaciones de béisbol deciden dónde se busca talento, cómo se desarrolla y qué apoyo recibe cuando llega a Estados Unidos. América Latina no puede aparecer al final como campaña publicitaria; debe estar presente al principio, en la cobertura de scouting, la enseñanza bilingüe, la nutrición, la salud mental, la adaptación cultural y las oportunidades reales dentro del sistema.
Las Vegas exigirá crear vínculos nuevos sin borrar la historia anterior de la franquicia. Un presidente con visión debe comprender que representar al aficionado latino no consiste en colocar una traducción sobre el mismo mensaje. Consiste en construir un equipo cuyo proceso de talento trate a los jugadores latinoamericanos como parte estratégica del proyecto, con recursos y rendición de cuentas.
Esto no obliga a contratar a una persona por su nacionalidad ni a usar la identidad como sustituto de la competencia. Obliga a preguntar a cada candidato cómo piensa ampliar el acceso al talento, mejorar la transición de los peloteros y convertir la diversidad del béisbol en una ventaja institucional.
La próxima oferta debe explicar el proyecto
Los Athletics no necesitan responder al rechazo de Fuld con ansiedad. Necesitan responder con diseño. El siguiente nombre será importante, pero más importante será el sistema que ese nombre podrá gobernar.
Una franquicia en tránsito puede ser una oportunidad extraordinaria: hay espacio para modernizar procesos, formar una identidad y alinear la reconstrucción con una nueva etapa. También puede ser una trampa si el ejecutivo carga con los resultados sin controlar las herramientas.
El rechazo no define a los Athletics. La calidad de su próxima oferta sí dirá cuánto han entendido. En el béisbol, la autoridad no se mide por el tamaño del cargo en una tarjeta, sino por la capacidad de convertir decisiones coherentes en una organización que aprende antes de prometer que ya cambió.

