Mientras Ohtani deleita al mundo aceptando un contrato que compensa un nivel de juego jamás visto en la historia, estaría abriendo las puertas a un estado anti-competitivo del deporte basado en la persistente brecha entre los que tienen mucho y tienen poco, en sentido figurado, pues como dueño de un club de liga mayor todos tienen y nadie pierde.
