Durante más de treinta años, los Colorado Rockies han intentado resolver uno de los problemas más difíciles del béisbol moderno: cómo construir un equipo ganador en el estadio más hostil para los lanzadores de todas las Grandes Ligas.
La altitud de Denver altera el movimiento de los pitcheos, amplifica los errores y convierte partidos aparentemente controlados en explosiones ofensivas. Históricamente, la organización intentó adaptarse a esa realidad mediante distintos modelos de construcción de roster, pero los resultados nunca fueron sostenibles.
Hoy, bajo la dirección de Paul DePodesta, Alon Leichman y Matt Daniels, la organización está desarrollando una filosofía completamente distinta. No se trata únicamente de lanzar mejor. Se trata de rediseñar toda la identidad del equipo.
