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La renovación de Brian Cashman pone a Hal Steinbrenner en el centro

Opinión y análisis | Por Gilberto González

Brian Cashman seguirá conduciendo a los Yankees. La noticia cierra, por ahora, la discusión sobre quién ocupará la oficina principal y abre una pregunta más incómoda: ¿qué cambia cuando la organización decide que el mismo ejecutivo que construyó el problema también debe corregirlo?

Mi tesis es que el nuevo acuerdo no representa solamente otro voto de confianza en Cashman. Es una decisión de propiedad. Hal Steinbrenner escogió conservar el sistema y, por lo tanto, asumió el costo deportivo de todo lo que ese sistema produzca. Después de 29 temporadas, la continuidad ya no puede venderse como paciencia ni como tiempo para aprender. Debe medirse como una apuesta consciente, con objetivos y consecuencias.

El expediente explica por qué se queda y por qué ya no basta

El hecho comprobado tiene dos caras. Cashman acordó su regreso para una trigésima temporada como gerente general. Desde que tomó el cargo en 1998, Yankees no ha sufrido una campaña perdedora, ganó cuatro Series Mundiales, siete banderines de la Liga Americana y 15 títulos del Este. Solo se quedó fuera de la postemporada cinco veces.

Esa regularidad es excepcional. Una organización que compite casi todos los años no debe fingir que todo está roto. Cashman ha sostenido un piso alto mientras cambiaban reglas, propietarios rivales, modelos analíticos y generaciones completas de jugadores.

La otra cara también es un hecho. El último campeonato llegó en 2009. Yankees cerró la temporada regular más reciente con 93-68, superó a Boston en la ronda de comodines y fue eliminado por Tampa Bay en la Serie Divisional. Ganar 93 juegos demuestra capacidad para construir un contendiente. Acumular 17 temporadas consecutivas sin título demuestra que el techo no ha acompañado al piso.

Infografía original de Diamante 23. Muestra: 29 temporadas completas de Brian Cashman como gerente general, de 1998 a 2026. La comparación describe resultados; no atribuye cada victoria o derrota a una sola persona.

Dos etapas y una limitación que debe reconocerse

La división es contundente: cuatro campeonatos en las primeras 12 temporadas de Cashman y ninguno en las 17 siguientes. La comparación no prueba por sí sola que el gerente haya perdido capacidad. El béisbol cambió, la postemporada se amplió, la competencia aumentó y una serie corta contiene azar. También sería injusto borrar que Cashman heredó parte del núcleo campeón de finales de los noventa.

Pero 17 temporadas ya no son una muestra pequeña. Sirven para evaluar patrones: ofensivas que dependen demasiado de una sola forma de producir, posiciones resueltas con parches, prospectos que reciben funciones cambiantes y un octubre que con demasiada frecuencia encuentra al roster sin una ruta alternativa.

Yankees no renovó a un ejecutivo desconocido para descubrir su filosofía. Renovó al arquitecto más examinado de las Grandes Ligas. Por eso el próximo ciclo no necesita promesas generales sobre competir. Necesita evidencia de que la organización puede revisarse a sí misma.

La responsabilidad no puede detenerse en los jugadores

Steinbrenner defendió la calidad del roster y colocó una parte importante de la eliminación sobre la ejecución de los peloteros. Es cierto que la oficina no batea con corredores en base ni fildea una pelota en octubre. Los jugadores deben responder por sus turnos, sus lanzamientos y sus errores.

También es cierto que la gerencia decide qué margen tiene el equipo cuando esas fallas aparecen. Construye la banca, calcula la profundidad, define qué riesgo médico acepta y determina si una alineación puede ganar cuando no llega el jonrón. Separar por completo la ejecución de la construcción sería como culpar al conductor sin revisar el vehículo que recibió.

La continuidad de Aaron Boone ya exigía condiciones verificables y no otro respaldo abstracto. El nuevo acuerdo de Cashman coloca la misma vara un nivel más arriba. Si gerente y mánager permanecen, la propiedad ya no puede presentar un eventual fracaso como una sorpresa ajena a su elección.

El examen latino está en el sistema, no en el mercadeo

Para el aficionado latino, esta decisión importa más allá del nombre del gerente. Yankees posee una relación histórica con el Caribe y América Latina, pero esa conexión no se sostiene solamente con campañas en español o con la celebración de una firma internacional. Se sostiene cuando el talento recibe un camino coherente.

El caso del dominicano Jasson Domínguez resume el desafío. Su valor no puede depender de pasar de prospecto central a pieza marginal según la urgencia de cada mes. Un pelotero joven necesita turnos, objetivos técnicos y una definición honesta de su función. La organización debe decidir si lo desarrolla, lo utiliza como parte estable del roster o convierte su valor en otra necesidad. La ambigüedad prolongada no protege al jugador ni al equipo.

Lo mismo aplica a toda la operación internacional. Firmar adolescentes en República Dominicana, Venezuela y otros mercados es apenas el primer paso. El resultado depende de instrucción, salud, idioma, nutrición, tecnología y continuidad entre las academias, las menores y el Bronx. Cashman no ejecuta cada una de esas tareas, pero sí responde por el sistema que las conecta.

Cuatro condiciones para que la continuidad tenga valor

  1. Una revisión independiente del modelo ofensivo. No basta con mover entrenadores si las prioridades de adquisición y desarrollo siguen produciendo las mismas limitaciones.
  2. Funciones claras para los jóvenes. Cada ascenso debe responder a un plan deportivo, no a una emergencia que cambie la evaluación una semana después.
  3. Profundidad diseñada para octubre. El roster debe conservar defensa, contacto y flexibilidad cuando el poder no aparece.
  4. Responsabilidad compartida y visible. Propiedad, gerencia, cuerpo técnico y jugadores deben ser evaluados con criterios distintos, pero nadie puede quedar fuera del examen.

Cashman merece crédito por evitar el derrumbe que muchas franquicias padecen entre ventanas competitivas. Ese mérito explica su permanencia. No puede convertirse en inmunidad.

Mi conclusión: Yankees eligió continuidad y esa decisión puede ser racional. Lo que ya no sería racional es esperar un resultado distinto sin alterar los mecanismos que llevan 17 temporadas chocando con el mismo techo. El nuevo contrato no reinicia el reloj de Cashman. Pone el reloj de Hal Steinbrenner en primer plano.

Fotografía principal de archivo: Brian Cashman durante un evento de los Yankees en 2014. Brian Marschhauser/Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0, sin modificaciones. La imagen no corresponde al anuncio del nuevo acuerdo.