Venezuela está en la cima del mundo del béisbol. Sin duda, el WBC 2026 será recordado por este logro.
Pero cuando se baja la emoción del título y se analiza el torneo completo, lo que queda es una sensación distinta.
No fue un clásico redondo. No fue un torbellino de emociones en cuanto a resultados sorprendentes. Fue un torneo irregular, marcado por equipos que no cumplieron con lo que prometían, por selecciones que dependieron más de errores ajenos que de su propio dominio y por una falta de narrativa competitiva consistente en varias potencias.
