Todas las entradas de: Gilberto González

New York…New York, hoy🗽

El jonrón de Víctor Mesa Jr. dejó una pregunta más grande que la interferencia

Por Gilberto González

El último recuerdo de la temporada de Yankees puede quedar atrapado en la mano de un aficionado que convirtió un aparente jonrón del empate en un doble productor. Sería una narración cómoda. También sería incompleta.

Mi tesis es que Nueva York no fue eliminado por una decisión de repetición ni por una jugada aislada. Fue barrido porque Tampa Bay construyó más caminos para ganar y convirtió a sus jugadores latinos en parte funcional del sistema. El batazo decisivo del cubano Víctor Mesa Jr. no fue un accidente dramático; fue el último ejemplo de una profundidad que Yankees nunca logró igualar.

El hecho: tres juegos sin una sola ventaja

Yankees perdió la serie 3-0, anotó cinco carreras y no estuvo arriba en ninguna de las 27 entradas. Eso equivale a 1.67 carreras por juego en la serie. La muestra es pequeña y no define por sí sola la calidad de una organización, pero sí describe con precisión lo ocurrido: Nueva York pasó todo el enfrentamiento reaccionando.

El argumento tampoco descansa únicamente en tres noches. Tampa Bay ganó 12 de los 18 enfrentamientos totales entre ambos equipos, sumando temporada regular y postemporada. Esa muestra sigue sin demostrar una causalidad única, pero reduce la posibilidad de llamar casualidad a la diferencia.

La interferencia del aficionado fue importante porque alteró una jugada que podía empatar el partido decisivo. No explica el barrido. Un equipo que nunca lideró la serie no puede entregar toda su autopsia a una revisión arbitral.

Víctor Mesa Jr. fue el símbolo, no la excepción

Mesa conectó un jonrón de dos carreras que rompió el empate. Fue su primer cuadrangular de postemporada y llegó en el lanzamiento siguiente a un foul que pudo terminar su turno. Ese detalle importa: el cubano no necesitó dominar toda la serie para cambiarla. Necesitó reconocer una nueva oportunidad y atacar el siguiente envío.

Pero Tampa Bay no dependió solo de él. Jonathan Aranda conectó el jonrón que decidió el primer juego. Richie Palacios produjo dos carreras en el segundo, mientras Junior Caminero aportó dos hits y una anotada. En tres partidos distintos, jugadores latinos participaron en momentos que inclinaron el marcador.

No se trata de decorar la historia con nacionalidades. La conexión importa porque muestra algo deportivo: Tampa integró perfiles diferentes —poder, contacto, velocidad y defensa— dentro de un plan reconocible. La representación latina tuvo una función competitiva, no solamente una presencia en el roster.

Yankees usó la profundidad como respuesta de emergencia

Nueva York llegó al partido de eliminación moviendo piezas: José Caballero entró como titular en tercera base y Anthony Volpe pasó a segunda. Caballero, panameño, recibió su primera oportunidad de inicio en la serie cuando el margen ya había desaparecido.

Una decisión tardía no significa que el jugador debió ser titular desde el primer lanzamiento. Los enfrentamientos y la salud condicionan cada lineup. Sí revela que Yankees seguía buscando una combinación capaz de funcionar mientras Tampa explotaba funciones que ya parecían definidas.

La diferencia está entre tener alternativas y tener un ecosistema. Una banca profunda no es una colección de nombres; es un conjunto de jugadores que entiende cuándo entrará, qué problema debe resolver y cómo su habilidad complementa a los demás.

Yankees había apostado por el desarrollo acelerado de George Lombard Jr., pero la presión sobre el joven cubanoamericano no podía absorber todos los defectos del equipo. También había llegado a la serie sin Aaron Judge, una ausencia que ya obligaba a repartir tareas en lugar de buscar un sustituto imposible. El problema fue que el reparto nunca produjo una identidad estable.

La analítica: profundidad es reducir la caída

La profundidad suele evaluarse contando jugadores capaces de ocupar una posición. Es una medida insuficiente. La pregunta correcta es cuánto cae el rendimiento colectivo cuando falta una estrella, cambia un enfrentamiento o aparece una lesión.

En esta serie, el ataque de Yankees cayó a cinco carreras en tres juegos. No podemos atribuir esa cifra únicamente a la construcción del roster: el pitcheo rival, la variación de una serie corta y la ejecución individual también pesan. Sin embargo, el contraste con Tampa muestra el objetivo que Nueva York debe perseguir: que una ausencia cambie el orden, no destruya el método.

Eso exige desarrollar roles antes de octubre. Caballero no puede ser solamente la palanca que se mueve cuando todo lo demás falla. Lombard no puede cargar simultáneamente con el futuro del campocorto y la urgencia del presente. El club necesita decidir cuáles jugadores forman su núcleo, cuáles crean ventajas específicas y qué combinación sostiene el estilo cuando Judge no está.

Tres decisiones para que la profundidad sea real

  1. Definir funciones antes de la urgencia: que cada jugador sepa qué enfrentamientos, posiciones y situaciones justifican su entrada.
  2. Medir la caída colectiva: evaluar cuánto cambian el embasado, el contacto y la defensa cuando falta una figura, no limitarse a contar sustitutos.
  3. Dar continuidad al talento joven: corregir a Lombard, Caballero y el resto del núcleo sin cambiar la filosofía después de cada mala semana.

La opinión: el Bronx debe dejar de buscar una coartada

La mano del aficionado será la imagen repetida. El jonrón de Mesa debería ser la lección. Tampa identificó a un jugador descartado por otra organización, lo incorporó a una estructura y encontró un turno capaz de definir una serie. Yankees, con más recursos y mayor presión, terminó improvisando su última alineación.

La solución no es copiar a los Rays ni convertir cada prospecto latino en una promesa automática. Es construir continuidad entre evaluación, desarrollo y uso. Los datos deben ayudar a definir funciones; el cuerpo técnico debe traducirlas; el manager debe aplicarlas antes de que el marcador convierta cada movimiento en desesperación.

Yankees puede discutir la interferencia. No debe esconderse detrás de ella. Cuando un rival gana doce de dieciocho enfrentamientos y no permite una sola ventaja en una serie completa, el problema supera una mano sobre la pared. Nueva York necesita menos coartadas y más caminos para ganar.

Fotografía de archivo: vista interior de Yankee Stadium. Kanesue/Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0. La imagen no corresponde al juego analizado.

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George Lombard Jr. no puede cargar solo con el desorden defensivo de Yankees

Por Gilberto González

El Bronx tiene una costumbre peligrosa: cuando octubre aprieta, busca un rostro al cual entregarle toda la culpa. George Lombard Jr., con 21 años, raíces cubanas y apenas 42 juegos de experiencia en temporada regular, reúne las condiciones perfectas para convertirse en ese blanco. Es el campocorto, ocupa una posición que expone cada error y juega para una organización que confunde con frecuencia exigencia con impaciencia.

Mi tesis es sencilla: Lombard debe responder por sus fallas, pero convertirlo en la explicación del problema sería absolver a una estructura que lo colocó en el centro de una prueba extrema sin margen de aprendizaje.

El hecho: cuatro errores, pero una falla colectiva

Yankees cometió cuatro errores en el segundo juego de su serie divisional contra Tampa Bay. Tres carreras fueron inmerecidas en una derrota por 5-2. Lombard fue responsable de uno de los errores oficiales y también dejó pasar una jugada que un campocorto de Grandes Ligas debe convertir. Eso es un hecho.

También es un hecho que no fue el único. La defensa se quebró en varias posiciones, el ataque produjo apenas dos jonrones solitarios de Ben Rice y el equipo llegó al borde de la eliminación con solo cinco hits en los dos primeros juegos de la serie. Cuando el bateo, la ejecución defensiva y la toma de decisiones fallan al mismo tiempo, señalar al novato es una comodidad, no un análisis.

La ausencia de Aaron Judge ya había obligado a Nueva York a distribuir responsabilidades de otra manera. El problema de jugar sin su capitán no era únicamente reemplazar sus jonrones: era sostener el orden emocional y técnico de una alineación con menos protección. Ese vacío se nota más cuando una mala entrada se convierte en una avalancha.

La muestra pequeña también engaña

Lombard cerró la temporada regular con línea de .237/.285/.414, siete jonrones y 22 impulsadas en 152 turnos. No son cifras de una estrella terminada; son la fotografía inicial de un jugador de 21 años que todavía está ajustándose al nivel más difícil del béisbol.

En la ronda anterior conectó cuatro hits en ocho turnos. Contra Tampa Bay comenzó de 7-0. Las dos muestras son demasiado pequeñas para definir su verdadero nivel. Ocho turnos pueden crear una ilusión de madurez absoluta; siete turnos pueden fabricar una crisis. Ninguna de las dos secuencias elimina lo que ya sabíamos: su talento es real y su desarrollo está incompleto.

La misma cautela debe aplicarse a la defensa. Un error visible en octubre pesa más en la memoria que decenas de jugadas rutinarias en agosto, pero no necesariamente describe mejor la capacidad de un jugador. La presión amplifica el resultado; no aumenta el tamaño de la muestra.

El dilema de los Yankees es de construcción, no de nacionalidad

Lombard representa algo importante para el público latino. Creció en Miami, rodeado por la cultura cubana de su familia materna, y llegó al puesto más simbólico del cuadro de los Yankees. Esa conexión merece celebrarse sin convertirla en una armadura: ser latino no lo exime de la crítica, pero tampoco justifica exigirle una perfección que la organización no ha conseguido colectivamente.

El desarrollo de un campocorto joven exige repetición, comunicación y una defensa estable a su alrededor. Si el cuadro entero juega acelerado, el novato recibe mensajes contradictorios: debe ser agresivo, pero no equivocarse; debe liderar, aunque apenas está aprendiendo; debe jugar suelto, mientras cada movimiento se juzga como un referendo sobre su futuro.

Ahí está la responsabilidad de los Yankees. Si confiaron en Lombard para octubre, deben sostener esa confianza cuando aparezca el costo natural de la juventud. Sentarlo puede ser una decisión táctica válida si el enfrentamiento lo exige. Usarlo como chivo expiatorio sería una decisión institucional pobre.

La opinión: corregir sin destruir

Nueva York necesita que Lombard simplifique: asegurar el primer out, ajustar los pies al ritmo del rodado y evitar que la urgencia transforme una jugada ordinaria en una hazaña innecesaria. Pero el equipo necesita algo más amplio: mejores decisiones de sus veteranos, una alineación que produzca tráfico en las bases y una defensa que no obligue a cada lanzador a conseguir cinco outs por entrada.

El campocorto cubanoamericano no debe recibir indulgencia. Debe recibir contexto. La exigencia correcta no es pedirle que nunca falle, sino observar si procesa el error, corrige el mecanismo y vuelve a pedir la pelota.

Octubre revela carácter, pero también revela organizaciones. Si los Yankees reaccionan protegiendo el proceso y distribuyendo la responsabilidad con justicia, Lombard puede salir fortalecido. Si responden buscando un culpable joven para esconder un problema colectivo, el error más costoso no será el que apareció en el box score.

Fotografía de archivo: Yankee Stadium. Brianjh59/Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0.

OPINIÓN | La Serie Mundial 2025 confirma algo evidente: los Dodgers ganan porque entienden el béisbol moderno mejor que nadie

VOCES DEL DIAMANTE

Los Dodgers son los campeones del 2025 y han demostrado su supremacía en el campo.

La Serie Mundial 2025 no necesita el dramatismo que muchos intentan ponerle. No hace falta convertirla en un espectáculo mítico ni envolverla en frases grandilocuentes para reconocer lo que fue: una final muy bien jugada, pareja, exigente y, sobre todo, coherente con lo que significa competir al más alto nivel. Los Dodgers campeones ganaron, sí, pero lo más valioso es analizar cómo lo hicieron y por qué, desde el punto de vista estadístico y táctico, terminaron imponiéndose en una de las series más equilibradas que hemos visto en los últimos años.

Toronto llegó con argumentos claros. Durante la temporada regular terminaron con un diferencial de carreras de +112 y cerraron el año como una de las alineaciones más eficientes de la Liga Americana en producción de extrabases. Frente a los Dodgers campeones no se escondieron. Conectaron 11 jonrones en siete juegos y obligaron al bullpen de Los Ángeles a trabajar con una agresividad poco habitual. Cuatro de los siete encuentros llegaron al octavo inning con marcador empatado o diferencia mínima, un reflejo de la paridad competitiva que marcó toda la serie.

En medio de ese escenario repleto de ajustes, el punto de quiebre fue Yoshinobu Yamamoto. El japonés dejó dos aperturas de élite absoluta: 13.2 entradas, dos carreras, 17 ponches, un WHIP debajo de 0.80 y una efectividad de 1.32. Su splitter fue prácticamente intocable; los bateadores de Toronto apenas promediaron .170 contra el lanzamiento. Lo hizo durante toda la temporada —permitió un wOBA de .238 ante ese pitcheo— y lo repitió cuando más se necesitaba. Su premio MVP no es marketing internacional, es matemática pura.

Muchos siguen hablando del juego de 18 entradas como si fuera un capítulo épico, pero lo verdaderamente relevante es lo que reveló. Los Dodgers campeones utilizaron 11 lanzadores y mantuvieron un promedio de 10.8 ponches por cada nueve innings durante ese partido. Toronto dejó en circulación a 17 corredores y, según los modelos de probabilidad de victoria, tuvo ventaja estadística en tres momentos distintos del encuentro. Los Ángeles ganó ese duelo no por casualidad, sino porque su defensa jugó sin errores, because el bullpen ejecutó el plan con disciplina y porque supieron administrar recursos mejor que su rival.

El Juego 7 fue una conclusión lógica de la serie: cerrado, largo, decidido por ejecución más que por inspiración. Los Dodgers terminaron celebrando en la undécima entrada, pero los números cuentan una historia más precisa. La efectividad colectiva del bullpen angelino en la serie fue de 2.45. Toronto bateó apenas .198 con corredores en posición de anotar en toda la final. Will Smith cerró octubre con OPS de .967 y Miguel Rojas se embasó en casi el 40% de sus apariciones, incluyendo dos de las carreras claves del séptimo juego. No fueron héroes accidentales; fueron jugadores con producción sostenida y medible.

Decir que esta fue “la mejor Serie Mundial de la historia” es entrar en comparaciones que siempre dependen de épocas y contextos distintos. Pero sí es razonable afirmar que pocas series recientes han combinado tantos partidos cerrados, tantos ajustes estratégicos y una calidad tan uniforme en ambos dugouts. Hubo 57 carreras totales, apenas tres de diferencia entre los equipos, dos juegos extendidos más allá de la novena y cinco decididos por dos anotaciones o menos. Esos datos respaldan por qué tantos analistas la están colocando en un nivel especial.

Lo que queda claro es que los Dodgers no ganaron este título porque pegaron un batazo aislado en el momento oportuno. Ganaron porque llevan años construyendo un roster profundo, flexible y respaldado por análisis avanzado. Ganaron porque su pitcheo es capaz de sostener una serie larga. Ganaron porque su defensa responde bajo presión. Ganaron porque la alineación encuentra producción en diferentes partes del orden. Y ganaron porque, a diferencia de muchos equipos con talento, entienden cómo administrar cada fase del juego bajo la lupa del béisbol moderno.

Toronto demostró que está preparado para competir al máximo nivel. Su núcleo es real, su ofensiva funciona y su rotación tiene piezas clave. Pero la diferencia en esta serie fue que Los Ángeles siempre tuvo un ajuste más, un brazo más, una decisión mejor sustentada por los datos.

En un béisbol donde cada detalle cuenta, eso define campeonatos. Y los Dodgers campeones lo saben mejor que nadie.

New York Mets eclipsa a Bravos en Atlanta

New York se llevó el primero de la serie con un triunfo de 8-7 para mejorar su récord a 4-6. El colombiano Julio Teherán tuvo un debut difícil como abridor de los metropolitanos. Brandon Nimmo lució al batear de 4-4 con par de jonrones.

Brandon Nimmo bateó de 4-4 con par de jonrones, dos anotadas y cinco remolcadas para ser clave en el triunfo de los New York Mets 8 por 7 sobre los Atlanta Braves en el primer juego de la serie divisional ante más de 37 mil personas, este lunes, en Truist Park.

Nimmo dio un cuadrangular de tres carreras en la quinta ante Charlie Morton para empatar el juego a cuatro carreras, después que Atlanta emboscara, con cuatro rayitas en la tercera entrada, al colombiano Julio Teherán, quien hacía su debut con Mets permitiendo doble productor de Ozzie Albies y el quinto jonrón del año de Marcell Ozuna. Teherán terminó con trabajo de 2.2 innings con seis hits, cuatro anotaciones, dos bases por bolas y tres ponches.

Nimmo volvió a responder con estacazo solitario en la séptima, que volvió a igualar la pizarra. “Es un gran jugador”, dijo Carlos Mendoza, mánager de los Mets. “En algún momento estos muchachos se pondrán en marcha y esta noche fue importante para Nimmo. El jonrón de tres carreras que hizo fue un gran elevado y luego se fue al centro contra un zurdo, eso te dice lo buen jugador que es”, agregó sobre su abridor, quien viene de un lento inicio de temporada.

Nimmo conseguiría su cuarto hit del juego en la parte alta de la octava, impulsando una carrera y coronando un racimo de tres carreras tras el jonrón de DJ Stewart, que había volteado el marcador, tras fallar en sus primeros 12 turnos de la temporada.

“Es bueno haberlo logrado”, dijo Nimmo. “Se sintió realmente bien, tanto Charlie como Minter son lanzadores increíbles y es un muy buen equipo, así que se sintió bien. Siento que he estado bateando bien y golpeando algunas pelotas con fuerza, pero no han caído del todo, así que solo estoy tratando de aprovechar los turnos al bate. Eso no significa que lo haya descubierto o que el próximo juego será genial, cada juego es una rutina, pero siempre es bueno salir adelante cuando sucede”, agregó la figura ofensiva del juego.

El juego fue un eclipse para los Bravos, que habían comenzado atacando temprano a Teherán y que luego no les dio tiempo de volver, pese a anotar una carrera en el octavo y otra en el noveno ante el relevo de los Metis, que tuvieron nueve ponches en 6.1 entradas lanzadas.

EN LA MANZANA

– Los Mets han ganado cuatro de cinco después de comenzar la temporada 0-5.

– Brett Baty tuvo tres hits y su promedio quedó en .333

– Francisco Lindor se fue de 4-0 y está bateando .075.

– Adrián Houser (0-0, 1.80) vs Reynaldo López (0-0, 1.50) será el duelo de pitcheo del segundo juego de la serie de cuatro en Atlanta.

Descalabro del bullpen provocó derrota de los Mets 9-6 contra los Reds | Gilberto González

Errores físicos y mentales permitieron la remontada de los Cincinnati Reds que, con cinco carreras en la octava, se impusieron 9-6 a los Mets de New York, que cortan su racha de dos victorias en fila. Se desperdició la buena salida del dominicano Luis Severino. 

El bullpen de los Mets colapsó. Siete carreras en tres entradas permitió la remontada de los Reds en la victoria 9-6, este sábado, en Cincinnati. Fue la sexta derrota de New York en ocho salidas esta temporada.

Jake Diekman y Yohan Ramírez no pudieron ser efectivos en su relevos y Cincinnati combinó su juego agresivo con errores físicos y mentales de la defensiva metropolitana para fabricar dos carreras en el sexto, con un doble robo, y cinco más en el octavo para completar el regreso al juego de Cincinnati, que perdía 5-2 tras cinco episodios.

“Mental y físicamente, estaba preparado para cualquier situación. Me sentí bastante fresco antes de hoy y sabía cuál era la situación”, dijo Ramírez tras el juego con la ayuda de un traductor.

Los relevistas echaron a perder la buena salida del dominicano Luis Severino, quien trabajó cinco entradas con solo una carrera limpia permitida, con dos boletos y siete ponches.  

“Diekman, Yohan Ramírez y Jorge López eran los únicos relevistas disponibles”, aseguró Carlos Mendoza, manager de los Mets, quien reconoció que el equipo probablemente debió reaccionar mejor en la jugada del doble robo del sexto capítulo.

La serie termina este domingo, Sean Manaea será el encargado de abrir por los Mets, buscando llevarse su primera serie de la temporada.

EN LA MANZANA

– Brandon Nimmo regresó a la alineación después de perderse el juego del viernes por un problema en el tendón de la corva. Bateó de 4-2 con doble y sus primeras carreras remolcadas de la temporada

– Francisco Álvarez recibió descanso. Debe jugar mañana domingo

– Omar Narváez se fue de 4-3 con dos carreras impulsadas

Primera victoria de Carlos Mendoza con los Mets de Nueva York | Gilberto González

DIAMANTE 23 – New York dejó en el campo a Detroit Tigers 2-1 para obtener su primer triunfo en la temporada tras cinco derrotas en fila, la última de ellas más temprano este jueves, en el primer duelo de una doble cartelera. Tyrone Taylor dio el hit ganador en el noveno. Pete Alonso había empatado el juego con jonrón.

Finalmente llegó el primer triunfo para Carlos Mendoza como mánager de los New York Mets. Tras cinco derrotas en fila, los metropolitanos dejaron en el terreno a los Detroit Tigers 2-1 con una remontada en el noveno episodio.

Pete Alonso conectó jonrón para empatar el juego para los Mets, que no conectaron hit hasta el octavo. Tyrone Taylor dio el hit ganador al impulsar a Brett Baty y llevarse el segundo juego de la doble cartelera de este jueves en Citi Field.

Fue la primera derrota de Detroit en la temporada, en un juego en el que su pitcheo combinado estuvo lanzando juego sin hits hasta la octava entrada en New York. Para el venezolano Mendoza, quien se está estrenando como dirigente de Grandes Ligas, al triunfo solo le faltó la presencia de sus padres en el estadio. Volaron a Venezuela tras estar presentes en los juegos anteriores.

“Fue especial. Lo primero que me vino a la mente fue mi familia… Es un alivio después de tanta espera por esta primera victoria”, dijo en la conferencia de prensa posterior al juego, en la que confesó que fue bañado con cerveza, champán y huevos después de su primera victoria como mánager de la MLB.

A pesar del triunfo, la ofensiva de los Mets sigue en deuda. Apenas promedian 2.2 carreras por juego, sin embargo, eso no supone una preocupación para el alto mando.

“Seguro que va a cambiar. Todos los equipos van a pasar por rachas así. Tenemos buenos bateadores en la alineación, que tarde y temprano se van a prender y van a hacer lo que sabemos son capaces de hacer y seguro vamos a ser mejores que estos primeros juegos. Nos tocó a nosotros el slump en los primeros juegos de la temporada, pero los muchachos están trabajando y van a salir de esto”, afirmó Mendoza.

Pete Alonso fue uno de los que respondió con su jonrón clave para empatar el juego en el noveno. “Lo hice. Es uno de esos (jonrones) que sentí y dije: ‘Oh, qué lindo’. Fue muy divertido. Definitivamente lo necesitábamos”, dijo el inicialista, quien llegó a 500 remolcadas con su batazo, el que más rápido lo ha logrado en la franquicia en 690 juegos.

Alonso destacó la importancia de la victoria para Mendoza. “Es realmente emocionante. Estoy muy feliz por Mendy, todos estamos muy felices por él, es realmente agradable tener el primer triunfo”.

Si hay algo para destacar es el pitcheo de los Mets. En los seis primeros juegos sus abridores presentan efectividad de 2.35, quinta mejor en todas las mayores, mientras que los relevistas limitan a sus rivales a 2.39 carreras limpias por cada nueve entradas lanzadas.

EN LA MANZANA

  • Mets perdieron el primer juego del día 6-3 en 11 entradas
  • El venezolano José Buttó abrió de emergencia y lanzó 6 entradas de una carrera
  • Francisco Lindor sigue en slump. Tiene 24-1 (.042) en la temporada sin extrabases ni remolcadas
  • Brandon Nimmo tampoco levanta con el bate. Lleva a 21-1 (.048) sin extrabases ni remolcadas
  • New York Mets inician este viernes gira de 7 juegos: 3 vs Reds y 4 vs Braves

Debut con derrota para Carlos Mendoza con los Mets ante el prospecto Jackson Chourio | Gilberto González

Freddy Peralta se lució con seis entradas de una carrera y ocho ponches para guiar a Milwaukee a un triunfo 3-1 en el Opening Day en New York. Starling Marte la sacó por los Mets. Yelich terminó de 4-3 con jonrón. Chourio dio su primer hit y remolcó su primera carrera en Grandes Ligas.

El venezolano Jackson Chourio brilló en su debut en las Grandes Ligas.

ESPECIAL DIAMANTE 23 – El debut de Carlos Mendoza como mánager de los New York Mets no fue el esperado y terminó con una derrota de 3-1 ante los Milwaukee Brewers en el Opening Day en Citi Field, donde se produjo el exitoso estreno de la joven promesa del béisbol Jackson Chourio.

El especial día para el dirigente venezolano, el número 25 en la historia de la franquicia, había empezado bien gracias al poder de Starling Marte, quien dio un veloz cuadrangular, si primero desde el 4 de julio de 2023, para abrir la pizarra en Queens, en la segunda entrada ante Freddy Peralta, quien desde ese momento se mostró intraficable para la ofensiva metropolitana, que solo dio ese imparable en el juego.

El dominicano Peralta, lanzador ganador del juego, completó seis entradas con ocho ponches, retirando en fila a los últimos 13 bateadores que enfrentó para darle a su equipo la posibilidad de volver al juego ante el tambaleante José Quintana, abridor de los Mets.

El colombiano tuvo corredores en circulación en todas las entradas, excepto en el tercer capítulo, sin consecuencias, pero en el cuarto Milwaukee le empató el juego con cuadrangular de Christian Yelich y en el quinto episodio le hicieron otra tras el sencillo de Chourio y elevado de sacrificio de William Contreras. Quintana recibió otro imparable de Yelich que lo sacó del juego sin completar la quinta entrada y cargó con la derrota.

El venezolano Chourio completó su gran estreno en las mayores, que tuvo par de buenas intervenciones defensivas, con una carrera remolcada en la séptima, que le puso cifras definitivas al encuentro gracias al impecable trabajo de los relevistas de los Brewers, que lanzaron 3 entradas sin hits y solo un boleto con par de ponches.

“Fue especial estar aquí y con los fanáticos. Lástima que no pudimos lograr el resultado deseado, pero es una temporada larga y ahora tenemos que seguir trabajando para hacer el trabajo en los 161 juegos restantes”, dijo Carlos Mendoza, quien alabó la actuación de Peralta para dominar a la ofensiva de los Mets.

Brandon Nimmo, Francisco Lindor, Pete Alonso y Jeff McNeil, los cuatro primeros en la alienación de New York Mets, se combinaron para 13 turnos sin imparables con tres ponches y un solo boleto (para el puertorriqueño Lindor), mientras que Francisco Álvarez, Brett Baty y Harrison Bader sumaron cinco ponches en nueve turnos al bate.

Chourio, alineado como primer bate y jardinero derecho, se convirtió en el jugador más joven en debutar en las Grandes Ligas con Milwaukee desde 1974 (Robin Yount) y terminó ligando de 3-1 con boleto y remolcada. Yelich se fue de 4-3 con jonrón.

La jugada polémica del encuentro se produjo en el octavo inning, cuando se vaciaron las bancas después que Rhys Hoskins tuvo un deslizamiento fuerte ante Jeff McNeil, decretado como legal por el umpire venezolano Jonathan Parra, también debutando en MLB, y que fue revisado y confirmada la sentencia.

Para el segundo juego de la serie y de la temporada, los Mets contarán con el dominicano Luis Severino, haciendo su estreno con el uniforme metropolitano, como abridor ante el derecho DL Hall.