El “Efecto Michael Jordan” y la realidad que MLB prefiere ignorar

#ENTRELINEAS

Hay números que uno ve y dice: “ok, vamos mejorando”… pero cuando los miras bien, te das cuenta que no. Esto se puede entender mejor si consideramos el efecto Michael Jordan en algunos contextos. De hecho, el efecto Michael Jordan es fundamental para analizar estos datos.

MLB anunció que el porcentaje de jugadores negros subió a 6.8%, desde 6.2% el año pasado. Y sí, técnicamente es un aumento. Pero siendo honestos… esto no es para celebrar. Es prácticamente el mismo número que existía en 1957, cuando el béisbol todavía estaba tratando de entender lo que significaba realmente integrar el juego.

Piénsalo un segundo… casi 70 años después, estamos en el mismo punto.

Y ahí es donde la conversación se pone incómoda.

Porque esto no es un tema de talento. Nunca lo ha sido. Aquí hay talento de sobra. Esto es un tema de acceso, de oportunidades… y sobre todo de qué deporte se convirtió en el sueño, algo que se puede analizar a través del efecto Michael Jordan.

Aquí entra algo que no es nuevo ni teoría improvisada. Lo que muchos han llamado el “efecto Jordan” ha sido estudiado en distintos sectores: desde la moda y la cultura, hasta el deporte. El impacto de Michael Jordan no solo cambió el baloncesto… cambió aspiraciones completas dentro de la comunidad afroamericana en Estados Unidos.

De hecho, no es casualidad que en 1986 —justo cuando el béisbol alcanzaba su punto más alto de participación de jugadores negros (18.3%)— Jordan comenzaba a consolidarse con los Chicago Bulls. Su impacto fue mucho más allá de la cancha: marketing, identidad, cultura. Jordan convirtió el baloncesto en aspiración global. Y para muchos jóvenes atletas negros en EE.UU., el cambio fue natural: dejaron el bate y el guante… por la facilidad de un balón en la cancha de la esquina. Menos barreras, más acceso, más visibilidad.

Y hay otra realidad que no se puede ignorar: el baloncesto se percibió —y en muchos casos se vivió— como un espacio menos racista que el béisbol, o al menos con mayores oportunidades de crecimiento y liderazgo.

Porque el béisbol también tiene su historial… y pesa. Además, otros deportes resultaron mucho más atractivos debido al efecto Michael Jordan que transformó el baloncesto en una aspiración masiva.

No es casualidad que en 1987, Al Campanis, uno de los ejecutivos más influyentes del juego, dijera en televisión nacional algo que hoy sigue resonando. Básicamente cuestionó si los afroamericanos tenían las capacidades “necesarias” para ser managers o gerentes generales, y hasta insinuó que había limitaciones físicas e intelectuales. Cuando lo presionaron para aclarar, no retrocedió… insistió en su postura.

Fue despedido en menos de 48 horas.

Pero el daño ya estaba hecho.

Ese tipo de mentalidad, expresada públicamente por alguien de ese nivel, no solo refleja una época… explica muchas decisiones, muchas oportunidades que nunca llegaron, y muchas percepciones dentro de las comunidades.

Mientras el básquet se volvió identidad, visibilidad y cultura… el béisbol se volvió más caro, más estructurado y, para muchos, más distante.

Así de simple.

El juego no se fue… el juego se alejó.

Y mientras eso pasaba en Estados Unidos, MLB encontró una mina de oro en América Latina. Y eso ha sido espectacular para el crecimiento global del deporte, no hay duda. Pero también es parte de la realidad: se llenó un vacío afuera… mientras adentro se estaba creando otro.

Porque después del pico de 18.3% en 1986, esto no ha dejado de bajar. No es casualidad. Es consecuencia.

Aquí no se trata de si 6.8% es mejor que 6.2%. Eso es maquillaje. Sin embargo, el efecto Michael Jordan sigue teniendo influencia hasta hoy.

La pregunta real es otra:

¿el béisbol sigue siendo un sueño para esos jóvenes… o ya no?

Porque cuando una generación deja de verse en tu deporte, ese deporte empieza a perder algo mucho más grande que números.

Y si MLB no enfrenta eso de frente… esto no va a subir.

Va a seguir igual.

O peor.