TURNO AL BATE
Las lesiones en los lanzadores siempre han sido un factor imposible de separar para aquellos que se dedican a esta profesión. Y aunque la responsabilidad de retirar bateadores, conseguir ponches, generar rodados para doble play y mantener innings en cero cuando “el rancho está ardiendo” no es tarea fácil. Si a eso le agregamos lidiar con dolores, molestias y lesiones en sus brazos de lanzar, es una batalla que todo lanzador debe superar para seguir vivo dentro del pelotón de combate.
En los pasillos de Las Mayores se han escuchado varios comentarios que buscan culpables. Algunos hablan del reloj, otros dicen que todos están buscando pasar las 100 mph y eso está acabando con los brazos. Incluso un tal Justin Verlander explicó que el estrés que genera lanzar distintos pitcheos quebrados en el codo, llámese curva, slider, sinker, splitter, cambio, etc., a tanta velocidad, está liquidando soldados en el montículo.
Todos estos comentarios me parecen lógicos, a excepción de algunos. El tema del reloj no lo veo muy influyente en esto, ahora, sí creo que no todos pueden lanzar a 100 mph por razones de capacidades físicas, genética, etc.
Pero, ¿qué pasaría si existiera una vía en donde, sin importar el tipo de genética o capacidad atlética del lanzador, existiera una manera de lanzar con potencia la pelota sin sufrir tantas lesiones?
El preparador físico de jugadores de Grandes Ligas y ligas independientes, Yasmani Ochoa, me comentó cosas muy interesantes con respecto a este tema:
“En la escuela cubana de béisbol, se dieron la tarea de investigar la mecánica de lanzamiento y cómo minimizar estas lesiones recurrentes, que necesitan de la operación Tommy John, llegando a la conclusión de que esta lesión se genera cuando el círculo que genera el brazo del lanzador, marcado por el codo, es interrumpido”.
Para entenderlo mejor, debemos saber que el brazo del lanzador tiene tres palancas: el brazo, el antebrazo y la muñeca. Esas tres palancas, si se mueven de la forma correcta a la hora de ir al home, sin interrupciones, movimientos irregulares ni ortodoxos, como había comentado anteriormente, pueden ayudar al pitcher a ganar más aceleración y tener más velocidad sin dañarse el codo.
Este tema es vital porque no se ha comentado mucho. Creo que es mucho más fácil culpar al reloj y quitarlo antes que trabajar en una mecánica estricta para lanzar.
Lo que nos puede llevar a preguntarnos: ¿son los lanzadores los mismos culpables de tantas lesiones, debido a mecánicas de lanzar mal ejecutadas?
Nuestro amigo Yasmani tiene un último comentario a esa pregunta:
“En los programas de desarrollo antes de firmar al profesional, la orientación que se les da a esos muchachos es ‘lanzar duro sin importar qué’ y la mecánica queda en un segundo plano, y lo mismo pasa en las organizaciones de MLB. Si el prospecto está lanzando por encima de las 95, 97 mph, los equipos no están pendientes de si tiene buena acción del brazo o no”.
Estas declaraciones me dan a entender que el problema con los lanzadores no está dentro del juego, sino en lo que sucede antes del juego, y ese lugar está nada más y nada menos que en los entrenamientos.
¿Acaso antes se hacía algo diferente en los entrenamientos para evitar tantas lesiones?
El ex lanzador de los Bravos de Atlanta, Cristo Silva, tiene una excelente opinión sobre esto:
“La mentalidad en aquellos tiempos sobre lo que debe hacer un lanzador, hoy no cambia. Las velocidades sí han cambiado considerablemente, pero la filosofía de lanzar siempre ha sido la misma en todos los niveles: lanzar strike”.
Es importante conocer lo que sucede en distintas épocas del béisbol. Es evidente que se necesitan velocidades estándares para estar en el profesional, pero más allá de solo ‘tirar piedra’, es fundamental dominar el arte de lanzar, lo cual es algo muy diferente a solo tener una recta sobre el promedio.
Ahora, yendo más a fondo sobre todo lo que sucede en el cuartel de preparación para la batalla de cualquier lanzador, Cristo nos dejó una última pero muy valiosa observación.
“Todo se basa en el enfoque que tú tengas como lanzador. Podemos ver fácilmente en el ejemplo de Aroldis Chapman, que con 14 años lanzando en Las Mayores a una recta en promedio de 100 mph y en distintas ocasiones llegando a conseguir velocidades entre 104, 105 y 106 mph sin sufrir tantas lesiones en su carrera. ¿Por qué sucede esto? Debes ver a ese caballo entrenar, la intensidad, el compromiso y la exigencia en querer mejorar dentro de sus entrenamientos es a otro nivel”.
Tras escuchar ambas declaraciones, la de un preparador físico de los atletas y la de un atleta que vivió en carne propia las batallas que enfrenta un lanzador profesional, sin embargo, quedan dudas por resolver y una de ellas es: ¿está la culpa en los coaches, managers y preparadores físicos?
José Sivira, coach de bateo del equipo Caciques de Caracas en la LMBP, mejor conocida como “La Liga Mayor” en Venezuela, resaltó sobre lo que se les exigía a los lanzadores en los entrenamientos y en la temporada, era algo completamente diferente:
“En los entrenamientos, había jugadores que estaban de invitados con el objetivo de hacer el equipo grande. ¿Cuáles eran las exigencias del equipo para escoger su rotación abridora y el bullpen oficial? Muy sencillo: lanzar fuerte. Había situaciones de jugadores que no tenían una recta muy potente, pero dominaban a los bateadores con facilidad en los juegos de entrenamientos, pero no hacían el equipo por el simple hecho de no tener potencia en su recta”.
“Como sucedía en otros casos, venían lanzadores poco dominantes en juegos de entrenamiento, pero por tener una recta potente, hacían el equipo grande sin ningún tipo de complicaciones.”
Analizar estas situaciones es muy importante porque puede dar a entender que lanzando duro, ya el staff de trabajo se encargará de hacer los ajustes necesarios en los lanzadores para tener un mejor dominio de sus habilidades de lanzamiento, situaciones de conteo frente a bateadores, la confianza que tengan en sus lanzamientos, etc. Pero la verdad es que esas cosas no son tan fáciles de enseñar. Y las declaraciones finales de Sivira lo reafirman:
“Luego de escoger esos brazos fuertes por encima de quienes sacaban los outs, esos lanzadores de altas velocidades no lograron dominar como se esperaba y sus efectividades fueron muy altas, por lo que el equipo dejaba libre rápidamente a dichos lanzadores. En esas situaciones donde esos brazos fuertes no podían conseguir los outs, la inteligencia, el comando y la confianza en sus pitcheos que demostraban otros lanzadores que no hicieron el equipo por no ‘tirar fuerte’ podían ayudar al equipo en varias ocasiones”.
Con todos estos comentarios de calidad sobre los expertos en la materia, entendemos que la mecánica de lanzar y el entrenamiento más enfocado en fortalecer el cuerpo en general, más allá de solo el brazo, es vital para no colapsar cuando empiezas a lanzar a tan altas velocidades por un largo tiempo determinado. Y que las millas sobre el promedio no le garantizan el éxito de dominio a ningún lanzador en el más alto nivel del béisbol.
