A 49 años de la agencia libre | De Catfish Hunter a Shohei Ohtani

Desde que en 1975 los lanzadores Andy Messersmith, de los Dodgers de Los Ángeles, y Dave McNally, de Orioles de Baltimore, se convirtieron en los primeros peloteros en ser declarados agentes libres, la danza de los millones y de contratos multianuales no han cesado, incluyendo la actual temporada.

Hasta entonces, los dueños de equipos mantenían el control de sus empleados bajo una cláusula de perpetuidad que impedía que un pelotero, aún insatisfecho por su salario por el buen desempeño en el terreno, pudiera escoger otras opciones.

Sin embargo, el caso más emblemático resultó ser el de Jim Catfish Hunter, quien era líder de la rotación entre los abridores de los Atléticos de Oakland, ganadores de tres series mundiales entre 1972 y 1974 y ante el incumplimiento de un beneficio establecido previamente en la firma al descubrir que no tenía una póliza de seguro, recurrió a un arbitro independiente y éste le dio la razón y fue declarado agente libre en contra de la voluntad del carismático propietario de los Atléticos, Charlie Finley.

Hunter de inmediato firmó el primer gran acuerdo por 3.7 millones de dólares por cinco años con los Yanquis de Nueva York, que ya había pasado a manos del excéntrico George Steinbrenner.

Se cumplen 49 años de esa transacción que marcó el inicio de una mayor libertad para los peloteros y el fin del dominio de los equipos, que bajo el pretexto de una reserva unilateral a perpetuidad, mantuvieron el control contractual sin derecho a protesta.

Entre el contrato de Catfish Hunter y el de Shohei Ohtani, 700 millones por 10 años, han transcurrido casi cinco décadas y salvo algunas excepciones, los números demuestran que las firmas multianuales no garantizan el rendimiento deseado.

Aún así, no deja de sorprender que la danza de los millones siga «in crescendo» cada año.

Hoy hablaremos de cinco acuerdos multianuales recientes, que hasta ahora no han justificado los emolumentos recibidos.

Nos referimos a cinco campo cortos: Carlos Correa, Javier Báez, Dansby Swanson, Francisco Lindor y Xander Bogaerts.

El boricua Carlos Correa llegó a las mayores en 2015 después de haber sido el primer draft de los Astros de Houston. Y de inmediato dejó su impronta de calidad al ganar el premio al Novato del Año y convertirse en un campo corto de élite. 

Así se mantuvo hasta 2021 cuando tuvo su mejor temporada al batear para 291 con 26 jonrones y 92 impulsadas. 

A pesar de ser un favorito del público, ganador de la Serie Mundial de 2017 y de un guante de oro y uno de platino, los Astros no hicieron ningún esfuerzo por retenerlo. Sabían que desde las menores emergía un sustituto que podría hacer el mismo trabajo, con muchísima menor inversión. 

Minnesota, en una doble contratación, lo firmó primero en 2021 y luego este año por 200 millones por seis años.

Su famélico promedio de 230 el año pasado, con 131 ponches y apenas 56 bases por bolas, demuestran que Correa está en deuda tanto con el equipo como con la afición.

Mientras que Houston disfruta de Jeremy Peña, novato del año en 2022 y guante de oro y hoy uno de los mejores bateadores de la Liga Americana con 338 de average.

Francisco Lindor llegó a los Mets de Nueva York con enormes expectativas .Después de todo, en Cleveland era una súper estrella pero los entonces Indios no tenían presupuesto para cumplir sus exigencias.

El 7 de enero de 2021 Lindor llegó en un mega cambio a los Mets de Nueva York, quienes entregaron cuatro peloteros, entre ellos el venezolano Andrés Giménez, posteriormente dos años seguidos guante de oro y uno de platino.

El multimillonario Steve Cohen, nuevo propietario de los metropolitanos, un experto corredor de la Bolsa de Nueva York con un patrimonio según la revista Forbes de 20 mil millones de dólares, no dudó en asegurar al puertorriqueño por 10 años y 340 millones de dólares. 

Su debut en 2021 no fue nada halagüeño. Bateó para 230 de average, con 20 cuadrangulares y apenas 63 remolcadas, tuvo notable mejoría en las siguientes dos campañas pero de nuevo su inicio en 2024 ha encendido las alarmas entre los seguidores por mostrar números muy distante de un pelotero cuyo salario es de 30 millones anuales.

Javier Báez, otro nacido en la isla del encanto, es probablemente la mayor decepción de estas rúbricas llena de millones.

Después de pasar siete años con los Cachorros en plan estelar, ganador de un guante de oro y con cinco temporadas con 20 o más jonrones pero batallando con más de 100 ponches, excepto el 2020, Detroit se arriesgó a otorgarle 140 millones por seis años y sus guarismos han sido, definitivamente, decepcionantes.

Su promedio de 238, 222 y 170 desde 2022 a la fecha y con más de 100 ponches cada año, ratifican la pésima inversión de los Tigres de Detroit.

Los Cachorros, ante la ausencia de Báez, probaron en el mercado de agentes libres en la temporada pasada.

Se decantaron por el estelar torpedero de los Bravos de Atlanta, Dansby Swanson, quien venía de batear un sólido 277 de average, con 25 jonrones y 96 empujadas y un guante de oro en su currículo, lo cual repitió en el 2023 en su estreno con Chicago.

Su promedio de 244 el año pasado y de 209 en lo que va de 2024, no justifican los 177 millones de dólares que firmó por siete campañas y las críticas a la gerencia general han sido reiterativas de parte de los aficionados de una de las divisas de mayor tradición de las grandes ligas.

Lo curioso de este caso es que los Bravos de Atlanta lo dejaron marchar a pesar de su enorme rendimiento y en su lugar le dieron la posición al venezolano Orlando Arcia, quien asistió al juego de estrellas debido a una notable actuación, que sorprendió al batear 17 jonrones, 65 remolcadas y 266 de promedio al bate, aparte de demostrar con el guante que es un jugador de élite y todo esto por la ínfima cifra de 7 millones 300 mil dólares por tres años, a razón de 2 millones 400 mil dólares en contraste de 25 anuales de Samson.

Y, finalmente, abordamos el caso del arubano Xander Bogaerts, quien abandonó a los Medias Rojas de Boston,donde ganó dos series mundiales, cinco bates de plata y elegido cuatro veces al juego de estrellas tras brillar de manera consistente, con cuatro campañas sobre 20 jonrones e igualmente con más de 100 empujadas y aunque no obtuvo un guante de oro,siempre fue considerado entre los mejores de su posición en el joven circuito. 

El arubano atravesó desde el Este al Oeste estadounidense para firmar con los Padres de San Diego por 11 años y 280 millones de dólares. 

Los «religiosos» ya habían obtenido, vía agencia libre, a Manny Machado y al lanzador Yu Darvish y le otorgaron previamente más de 300 millones a Fernando Tatis.

Aún así optaron por Bogaerts para que asumiera el campo corto y movieron a Tatis al jardín derecho.

Los resultados fueron mediocres para un jugador que devengará 26 millones de dólares por campaña .

19 jonrones y 58 impulsadas en 2.023 y con un inicio de 209 de average en lo que va de la actual zafra,son una alerta de que no siempre un suculento contrato garantiza un buen desempeño. 

La lista es mucho más extensa.

Podríamos citar, por ejemplo, a Anthony Rendon, quien después de ganar la Serie Mundial y liderar la Liga Nacional en empujadas, con 34 jonrones y 319 de promedio al bate, firmó con los Los Angelinos de Anaheim la asombrosa cifra de 245 millones por siete años, bajo la representación del polémico Scott Boras.

Rendon, actualmente en la lista de lesionado por enésima vez, ha aparecido solo en 210 partidos desde 2.020 con 22 jonrones en ese trayecto hasta la semana pasada que fue apartado por una nueva lesión. 

La recurrencia de fracasos con contrataciones multianuales demuestran que hay muchos desaciertos en las decisiones gerenciales,algo que debería corregirse con el análisis de la sabermetría como método tecnológico para detectar el verdadero valor del pelotero.

No obstante, casos como el de Ohtani o Mookie Betts, por citar a dos que diariamente ratifican su calidad y justifican sus salarios, renuevan la esperanza de contratar a los mejores jugadores disponibles en el mercado para satisfacción de los aficionados.

Esta dinámica de jugosas ofertas parece no detenerse ante el superávit financiero de las grandes franquicias, conscientes de que forman parte de la primera economía del mundo y tanto el béisbol como los otros deportes, NBA,NFL,NHL y MLS, pertenecen a la industria del entretenimiento, un vehículo para multiplicar sus ganancias en cantidades estratosféricas.

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