Para Max Scherzer, el béisbol necesita devolverle protagonismo a los lanzadores abridores antes de que esa figura desaparezca por completo.
Scherzer no está teniendo una gran temporada. A sus 41 años, el futuro miembro del Salón de la Fama lucha por mantenerse saludable y recuperar la efectividad que lo convirtió en uno de los lanzadores más dominantes de su generación. Sin embargo, sus recientes declaraciones sobre el estado del pitcheo abridor en las Grandes Ligas podrían terminar siendo mucho más importantes que cualquier resultado que consiga este año.
El derecho de los Toronto Blue Jays propuso que MLB implemente mecanismos para incentivar que los abridores permanezcan más tiempo en los juegos. Entre sus ideas figura la creación de un estándar que premie a los lanzadores capaces de trabajar seis o siete entradas y superar los 100 lanzamientos.
La preocupación del tres veces ganador del Cy Young no surge de la nostalgia. Surge de una tendencia real.
Uno de los cambios más profundos del béisbol moderno ha sido la reducción de la carga de trabajo de los abridores. Diversos estudios y recopilaciones estadísticas muestran que el promedio de lanzamientos por apertura ha disminuido significativamente durante la última década, mientras que las salidas largas son cada vez menos frecuentes. Hoy es común que un abridor abandone el juego después de cinco entradas, incluso cuando está lanzando bien.
La caída de los innings trabajados también se refleja en otra cifra histórica. Las temporadas de 200 entradas se han convertido en una rareza. En décadas anteriores, múltiples lanzadores superaban regularmente esa marca. En 2025, el líder de Grandes Ligas fue Logan Webb con 207 entradas, una cifra que hace veinte años difícilmente habría encabezado las mayores.
Para Scherzer, esa evolución representa una amenaza para la esencia misma del pitcheo abridor.
Sin embargo, aquí aparece una realidad que hace que el debate sea mucho más complejo de lo que parece.
El problema no puede resolverse simplemente imponiendo un mínimo obligatorio de lanzamientos o entradas.
El béisbol no funciona de manera uniforme. Cada juego presenta circunstancias distintas. Un abridor puede completar siete entradas con apenas 80 lanzamientos gracias a su eficiencia. Otro puede necesitar 95 lanzamientos para sobrevivir cuatro innings. Un tercero puede estar trabajando un juego sin hits en el séptimo inning, mientras otro ya permitió cinco carreras antes de llegar al cuarto.
Las decisiones sobre cuándo retirar a un lanzador dependen del contexto del partido, del marcador, de los enfrentamientos, del estado físico del pitcher y de las probabilidades de victoria del equipo.
De hecho, la propia temporada de Scherzer ofrece un ejemplo de esa realidad. En su reciente salida contra los Phillies permitió cinco carreras, dos cuadrangulares y tres boletos en apenas 3.1 entradas antes de ser retirado del encuentro. Resulta difícil argumentar que el manager John Schneider debió mantenerlo en el montículo únicamente para que alcanzara un número determinado de lanzamientos.
Ahí es donde la discusión cambia de dirección.
Quizás el verdadero problema no sea que los managers estén retirando demasiado pronto a sus abridores.
Quizás el problema sea que el sistema moderno ya no está desarrollando lanzadores preparados para trabajar profundamente en los juegos.
Durante décadas, los abridores construían su reputación por su capacidad de dominar durante siete, ocho o incluso nueve entradas. Hoy, gran parte del desarrollo del pitcheo está orientado a maximizar la velocidad y el esfuerzo en períodos más cortos.
La velocidad promedio de las rectas continúa aumentando año tras año. Al mismo tiempo, los departamentos de analítica han demostrado que la mayoría de los lanzadores pierden efectividad cuando enfrentan a una alineación por tercera vez en una misma noche. Esa combinación ha cambiado completamente la estrategia del juego.
Los equipos cuentan además con bullpens más profundos que nunca. Relevistas especializados, cerradores de múltiples entradas y brazos capaces de lanzar 100 millas por hora ofrecen alternativas que antes simplemente no existían.
Por eso muchos gerentes consideran que retirar temprano a un abridor no es una señal de debilidad, sino una decisión basada en probabilidades.
Lo paradójico es que la reducción de la carga de trabajo tampoco ha eliminado las lesiones. A pesar de que los lanzadores trabajan menos entradas que generaciones anteriores, las lesiones de brazo y las cirugías reconstructivas de codo siguen siendo una preocupación constante en todo el béisbol profesional.
Eso plantea una pregunta incómoda para la industria…
Si los pitchers lanzan menos, pero siguen lesionándose, ¿es realmente la cantidad de innings el problema? ¿O el verdadero desafío está relacionado con la intensidad, la velocidad y la mecánica del pitcheo moderno?
Scherzer representa una generación distinta. Entre 2013 y 2019 superó las 200 entradas en seis temporadas consecutivas y construyó una carrera basada en la resistencia, la durabilidad y la capacidad de dominar durante largos períodos. Ese perfil es cada vez más difícil de encontrar en las Grandes Ligas actuales.
Por eso sus declaraciones tienen valor, incluso si sus propuestas parecen difíciles de implementar.
La solución probablemente no pasa por obligar a los managers a dejar más tiempo a sus abridores en el juego. Ninguna regla puede garantizar que un pitcher esté preparado para lanzar siete entradas.
La verdadera pregunta es otra.
¿Quiere el béisbol volver a desarrollar caballos de rotación capaces de asumir grandes cargas de trabajo o ya aceptó que el futuro pertenece a las aperturas de cinco entradas y a los bullpens especializados?
Esa discusión va mucho más allá de Max Scherzer, y probablemente definirá cómo se lanzará en las Grandes Ligas durante la próxima década.
