Las implicaciones de los pagos diferidos en las Grandes Ligas

Bristol, Connecticut – El monumental contrato de Shohei Ohtani ha generado sorpresa y admiración, pero es esencial examinar a fondo los detalles, especialmente los relacionados con los pagos diferidos, y entender cómo esto puede afectar al jugador y al panorama general del béisbol.

Aunque el contrato se valora en 10 años y $700 millones, una inspección más detenida revela una estrategia financiera única. Se estima que hasta $680 millones serán diferidos, lo que implica que los Dodgers solo desembolsarán $20 millones en la próxima década. Este enfoque financiero otorga a los Dodgers una flexibilidad financiera considerable durante la vigencia del contrato.

Este escenario plantea interrogantes sobre la equidad en el béisbol, especialmente cuando la liga ya enfrenta críticas por la falta de competitividad y la dificultad para que equipos de mercados más pequeños prosperen.

Surge la pregunta: ¿Es justo que los Dodgers, un equipo ya ubicado en uno de los mercados más grandes, puedan asegurar a un jugador de la calidad de Ohtani sin incurrir en costos significativos de inmediato?

La liga, encargada de velar por el balance competitivo y financiero, parece haber dejado de lado estos principios fundamentales.

Es relevante destacar que este tipo de contratos no viola ningún término del acuerdo colectivo, lo que sugiere que los Dodgers y el equipo de Ohtani han sido creativos dentro de los límites establecidos por las reglas actuales de la liga. Aunque es una muestra de ingenio financiero, plantea la cuestión ética de si la liga debería permitir tales estructuras contractuales que, aunque legales, podrían desequilibrar la competencia.

Por el otro lado, la Asociación de Peloteros, como contraparte en las grandes decisiones de la industria del béisbol, brilla por su ausencia, y es lógico pues uno de sus grandes “representados” está obteniendo un beneficio histórico.

Una solución aparentemente simple al dilema de los contratos diferidos es permitir que los equipos estructuren sus pagos a los jugadores como deseen, pero que el valor total de los contratos cuente únicamente contra el balance salarial del equipo durante los años en que los jugadores estén bajo contrato. O bien, los Dodgers podrían mantener a Ohtani en la lista de 40 jugadores mientras pagan el resto del dinero y reducir la carga salarial anual. Estas deberían ser las opciones. Es decir, a nivel competitivo, otorgar este tipo de contratos debería tener un “peso” para el club más allá del financiero con el fin de que al momento de ofrecerlos los equipos cuestionen su ejecución a novel gerencial.

Si los equipos de grandes mercados pueden posponer dinero para el futuro y, por lo tanto, reducir sus números de impuestos de lujo, se crearán grandes desequilibrios en el deporte.

Los equipos de grandes mercados podrían fichar a cada agente libre destacado para crear “superequipos”, pensando que en teoría serán ganadores, mientras los equipos de mercados medianos a pequeños seguirán luchando por migajas y apostando al “teamwork”.

Esto crearía el escenario que las vigentes reglas de MLB han pretenden limitar: cerrar la brecha entre los equipos grandes y chicos para mantener la competitividad. Al final todos son socios y se necesitan unos a otros.

Mientras Ohtani deleita al mundo aceptando un contrato que compensa un nivel de juego jamás visto en la historia, estaría abriendo las puertas a un estado anti-competitivo del deporte basado en la persistente brecha entre los que tienen mucho y tienen poco, en sentido figurado, pues como dueño de un club de liga mayor todos tienen y nadie pierde.

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