Todas las entradas de: Leonte Landino

Leonte Landino es Director Editorial de Diamante 23 Media, miembro de la Baseball Writers Association of America (BBWAA) y la Sociedad Americana para la Investigación del Béisbol (SABR). Como periodista cubre el béisbol de MLB y el béisbol internacional desde 1996. Por dos décadas fue la cabeza de contenidos de béisbol en español para ESPN donde destacó como Productor General dos veces nominado al Premio Emmy por la serie Béisbol Esta Noche. Ha trabajado para organizaciones como los Tampa Bay Rays, Colorado Rockies y Aguilas del Zulia. Fue el primer latinoamericano designado como Director de Contenidos para la Oficina del Comisionado de Major League Baseball.

Dodgers eligió funciones: Miguel Rojas sigue y Wrobleski cambia el roster

Análisis | Por Leonte Landino

Los Dodgers no armaron su roster de la Serie de Campeonato para premiar nombres. Lo armaron para resolver problemas. La inclusión del zurdo Justin Wrobleski como decimotercer lanzador, la permanencia del venezolano Miguel Rojas pese a sus molestias en la espalda baja y la salida de Hyeseong Kim forman una sola decisión: en una serie al mejor de siete, cada lugar debe justificar una función concreta.

Mi tesis es que Los Ángeles eligió profundidad de pitcheo sin renunciar al tipo de infielder que puede ordenar las últimas entradas. Rojas no sobrevivió al recorte por sentimentalismo. Se quedó porque su experiencia, defensa y capacidad de cubrir distintas posiciones ofrecen un uso diferente al de Kim. Wrobleski, mientras tanto, amplía el margen para absorber entradas sin desarmar el bullpen.

El hecho: un brazo entra y un corredor sale

Wrobleski fue añadido al roster para enfrentar a Milwaukee. El zurdo trabajó en 28 juegos de temporada regular, 22 como abridor, y terminó con marca de 12-5, efectividad de 3.66 y WHIP de 1.143. En septiembre comenzó a desempeñar funciones más cortas, una preparación que ahora le permite servir como relevista largo, puente o seguro ante una apertura breve.

El costo fue Kim. El infielder disputó 43 juegos de temporada regular y bateó .259/.323/.328. En la Serie Divisional apareció una vez, como corredor emergente y luego defensor de la segunda base. Su velocidad y flexibilidad tienen valor, pero su función se volvió redundante cuando el club decidió llevar trece lanzadores y confirmó que Rojas estaba disponible.

Rojas había quedado limitado por dolor en la parte baja de la espalda después de salir de un juego divisional con molestias. Recibió tratamiento y fue incluido. Eso no demuestra que esté al ciento por ciento; demuestra que el equipo considera que puede cumplir una tarea suficientemente importante para ocupar uno de los 26 lugares.

Los números explican la muestra, no toda la decisión

Rojas participó en 107 juegos y acumuló 252 apariciones al plato durante la temporada regular. Su línea ofensiva fue .267/.312/.391, con cuatro jonrones. No es una producción que obligue a construir una alineación alrededor de él, pero sí una muestra mucho más extensa que los 43 juegos de Kim.

La comparación tiene límites. Juegos disputados y promedio de bateo no miden por sí solos la defensa, la comunicación o la capacidad de ejecutar una jugada específica. Tampoco convierten automáticamente a Rojas en una mejor opción ofensiva. Lo que sí muestran es que Los Ángeles tiene más evidencia reciente sobre cómo utilizarlo.

Apariciones en temporada regular de 2026. Wrobleski lanzó en 28 juegos, 22 como abridor. Las cifras describen experiencia y uso; no comparan directamente el valor entre lanzadores e infielders. Infografía: Diamante 23.

Wrobleski representa otra clase de evidencia. Sus 140 entradas de temporada regular ofrecen un historial de volumen, pero su papel de octubre será distinto al de sus 22 aperturas. Una buena efectividad como abridor no garantiza el mismo rendimiento entrando con corredores en base o trabajando días consecutivos. La apuesta de Dodgers consiste en convertir su resistencia en flexibilidad, no en pedirle que repita exactamente su temporada.

Una serie larga cambia el valor de la banca

En una ronda corta, un corredor veloz o un defensor especializado puede decidir una noche. En una serie de siete juegos, el riesgo de una apertura de tres entradas pesa más. Cada salida temprana obliga a gastar relevistas y puede contaminar el plan del día siguiente.

Por eso el decimotercer pitcher no es un lujo. Es una póliza contra el desgaste. Wrobleski puede cubrir varias entradas si un abridor falla, proteger a los relevistas de mayor presión o tomar un tramo intermedio cuando el marcador todavía no exige a las mejores armas.

  • Volumen: Wrobleski puede absorber entradas si una apertura termina temprano.
  • Estructura defensiva: Rojas permite mover piezas del infield sin improvisar una posición.
  • Sacrificio: dejar fuera a Kim reduce velocidad disponible, pero abre el lugar para un brazo adicional.

La presencia de Rojas responde a la otra mitad del partido. Un juego cerrado también requiere administrar ventajas, mover defensores y evitar que una lesión obligue a improvisar todo el cuadro interior. Su valor no está en prometer cuatro turnos diarios, sino en permitirle al mánager cambiar una pieza sin perder estructura.

Kim ofrecía velocidad y defensa. Rojas ofrece defensa, experiencia y una gama distinta de asignaciones. El club no declaró que uno sea mejor jugador en términos absolutos. Decidió cuál combinación encajaba mejor con el rival y con la duración de la serie.

La conexión venezolana no debe reducirse a una bandera

Para el público latino, y especialmente para el venezolano, la continuidad de Rojas tiene una dimensión de representación. Pero el análisis deportivo exige ir más allá de la nacionalidad. Lo importante es el tipo de confianza que ha construido: no necesita ser la figura del lineup para influir en una noche de postemporada.

Ese perfil también rompe una idea frecuente sobre el valor latino en las Grandes Ligas. La representación no se limita al jonrón, al robo de base o al premio individual. También vive en el jugador que interpreta una situación, cubre varias posiciones y se prepara para un turno que quizá nunca llegue.

Rojas ocupa un espacio que suele ser invisible hasta que una pelota encuentra el hueco equivocado o una lesión exige una solución inmediata. Su permanencia recuerda que el béisbol de octubre no solo selecciona estrellas; selecciona respuestas.

La opinión: el mejor roster no reúne más talento, sino menos redundancia

Los Dodgers ya tienen nombres, poder y abridores capaces de dominar una serie. Su reto no era añadir brillo. Era evitar que demasiados jugadores ofrecieran la misma solución mientras quedaban preguntas sin respuesta.

La entrada de Wrobleski cubre el peligro del volumen. La permanencia de Rojas protege la estructura del infield. La salida de Kim sacrifica velocidad y una alternativa defensiva, pero reduce una duplicación que el equipo consideró menos urgente.

La decisión puede fallar. Wrobleski podría no adaptarse al relevo. La espalda de Rojas podría limitarlo. Kim podría haber cambiado un juego con sus piernas. Un roster es una hipótesis, no una garantía.

Sin embargo, la lógica es coherente: una serie larga exige sobrevivir a escenarios distintos. El descanso le dio a Los Ángeles tiempo para ordenar sus piezas; esta selección muestra cómo decidió usarlas.

Los Dodgers no escogieron a los 26 jugadores más impresionantes. Escogieron 26 funciones. En octubre, esa diferencia puede separar una colección de nombres de un equipo preparado para resistir siete juegos.

Fotografía de archivo: Miguel Rojas participa en una jugada defensiva en Nationals Park, 23 de abril de 2024. All-Pro Reels / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 2.0. Imagen redimensionada; no corresponde a la Serie de Campeonato de 2026.

Athletics: el rechazo de Sam Fuld obliga a redefinir el poder del cargo

El rechazo de Sam Fuld no convierte automáticamente la vacante de los Athletics en un puesto indeseable. Sí obliga al club a demostrar que el próximo presidente de operaciones de béisbol tendrá poder real para dirigir una franquicia que compite mientras cambia de ciudad.

Por Leonte Landino

Imagen principal de archivo: vista aérea de Sutter Health Park, tomada en 2023 por Quintin Soloviev. Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0. No se hicieron alteraciones.

La noticia es concreta: Fuld recibió la oferta para presidir las operaciones de béisbol de los Athletics, la declinó y se retiró del proceso. El exgerente general de Filadelfia seguirá como presidente de operaciones comerciales de los Phillies. La búsqueda continúa y Taylor Smith, asistente del gerente general de Boston, aparece entre los principales candidatos.

Esos son los hechos. La interpretación empieza después: una negativa individual no permite afirmar que el cargo carezca de atractivo ni revela, por sí sola, los motivos de Fuld. Una decisión profesional puede responder a familia, calendario, proyecto personal o expectativas futuras. Pero cuando una organización en transición pierde a un candidato después de llegar hasta la oferta, su obligación no es cambiar de nombre con prisa. Debe revisar qué autoridad está ofreciendo y qué condiciones permitirán ejercerla.

Una vacante más grande que el organigrama

Los Athletics terminaron la temporada regular con 64 victorias y 98 derrotas en 162 juegos, porcentaje de .395. Fue otro año perdedor para una franquicia cuya última campaña con balance positivo fue 2021 y cuya última aparición en postemporada ocurrió en 2020. David Forst salió de la gerencia general durante la temporada, después de 27 años en la organización.

Infografía original de Diamante 23. Muestra completa: temporada regular de 2026, 162 juegos. El balance describe el punto de partida competitivo; no prueba una causa sobre la decisión de Sam Fuld.

El 64–98 no es una sentencia sobre el futuro. Es una medida del tamaño de la reparación. La próxima cabeza de operaciones no heredará solamente un roster joven que necesita profundidad, mejores márgenes de desarrollo y decisiones exigentes sobre el calendario competitivo. También recibirá una organización instalada temporalmente en Sacramento y con un estadio previsto en Las Vegas para 2028.

Eso significa trabajar con dos relojes. Uno marca la temporada siguiente: adquisiciones, arbitrajes, desarrollo, salud, roster de 40 y cuerpo técnico. El otro marca la mudanza: construir una identidad deportiva que pueda llegar a Nevada con credibilidad. Si el primero se sacrifica por el segundo, Las Vegas recibirá una promesa sin béisbol. Si el segundo se ignora, el club puede mejorar en el terreno sin convertir esa mejoría en una relación estable con su nuevo público.

Diamante 23 ya explicó el largo proceso de la mudanza de los Athletics. La vacante actual añade una pregunta decisiva: ¿quién podrá ordenar el proyecto deportivo mientras la organización cambia de mapa?

El título importa menos que las palancas

Presidente de operaciones de béisbol suena a cúspide. Sin embargo, un ejecutivo serio evalúa lo que hay debajo del título: control sobre contrataciones, presupuesto para personal y tecnología, capacidad de reformar desarrollo y autonomía para decirle al propietario que una decisión popular puede ser mala para el roster.

Mi opinión es que los Athletics deben vender menos prestigio y ofrecer más claridad. El próximo candidato necesita saber qué decisiones podrá tomar sin esperar una aprobación extraordinaria; qué inversión tendrá para ampliar scouting, ciencia del rendimiento y desarrollo; y con qué indicadores será evaluado antes de que el equipo llegue a Las Vegas.

La transparencia también protege al club. Si la propiedad define desde el inicio los límites presupuestarios y el horizonte de 2028, el ejecutivo acepta el desafío con información completa. Si esas reglas aparecen después, cada derrota se convierte en una disputa sobre responsabilidades.

Cuatro garantías para el próximo presidente

  1. Autoridad deportiva verificable. El candidato debe controlar la estructura de operaciones de béisbol, la selección de su equipo de trabajo y los procesos de decisión sobre el roster.
  2. Recursos ligados a objetivos. No basta prometer flexibilidad. Deben existir presupuestos definidos para desarrollo de jugadores, análisis, salud, scouting profesional e internacional.
  3. Un calendario que una Sacramento y Las Vegas. La reconstrucción no puede tratar 2028 como botón de reinicio. Cada temporada debe producir información, talento y hábitos que sobrevivan a la mudanza.
  4. Evaluación sin atajos. Ganancias y derrotas importan, pero durante una transición también deben medirse la profundidad del sistema, la mejora de jugadores y la calidad de las decisiones repetibles.

La conexión latina debe construirse desde operaciones

Para el público latino, esta contratación no es un asunto lejano de ejecutivos. Las operaciones de béisbol deciden dónde se busca talento, cómo se desarrolla y qué apoyo recibe cuando llega a Estados Unidos. América Latina no puede aparecer al final como campaña publicitaria; debe estar presente al principio, en la cobertura de scouting, la enseñanza bilingüe, la nutrición, la salud mental, la adaptación cultural y las oportunidades reales dentro del sistema.

Las Vegas exigirá crear vínculos nuevos sin borrar la historia anterior de la franquicia. Un presidente con visión debe comprender que representar al aficionado latino no consiste en colocar una traducción sobre el mismo mensaje. Consiste en construir un equipo cuyo proceso de talento trate a los jugadores latinoamericanos como parte estratégica del proyecto, con recursos y rendición de cuentas.

Esto no obliga a contratar a una persona por su nacionalidad ni a usar la identidad como sustituto de la competencia. Obliga a preguntar a cada candidato cómo piensa ampliar el acceso al talento, mejorar la transición de los peloteros y convertir la diversidad del béisbol en una ventaja institucional.

La próxima oferta debe explicar el proyecto

Los Athletics no necesitan responder al rechazo de Fuld con ansiedad. Necesitan responder con diseño. El siguiente nombre será importante, pero más importante será el sistema que ese nombre podrá gobernar.

Una franquicia en tránsito puede ser una oportunidad extraordinaria: hay espacio para modernizar procesos, formar una identidad y alinear la reconstrucción con una nueva etapa. También puede ser una trampa si el ejecutivo carga con los resultados sin controlar las herramientas.

El rechazo no define a los Athletics. La calidad de su próxima oferta sí dirá cuánto han entendido. En el béisbol, la autoridad no se mide por el tamaño del cargo en una tarjeta, sino por la capacidad de convertir decisiones coherentes en una organización que aprende antes de prometer que ya cambió.

Guardians: usar a Gavin Williams fue una apuesta por el presente

Guardians: Gavin Williams y la apuesta que salvó el derecho a jugar el decisivo

Por Leonte Landino

Cleveland no protegió el Juego 5; protegió el derecho a jugarlo. Esa diferencia explica por qué Gavin Williams, señalado para abrir el encuentro decisivo, tomó la pelota para terminar el cuarto juego de la Serie Divisional.

La decisión parece temeraria si se mira el calendario antes que el marcador. Sin embargo, en octubre el futuro no es una propiedad: es una posibilidad que debe conquistarse. Los Guardians estaban a tres outs de extender su temporada, pero Chicago había reducido la ventaja, tenía un corredor en circulación y todavía podía convertir una noche controlada en una despedida. Guardar a Williams para un mañana incierto habría sido una forma elegante de perder el presente.

El hecho es concreto: Cleveland venció 9-5, igualó la serie 2-2 y Williams obtuvo los últimos tres outs. La interpretación exige más cuidado. Utilizar al abridor programado no fue una declaración de pánico ni una renuncia al plan del Juego 5. Fue una manera de transformar una sesión de trabajo prevista entre aperturas en una entrada competitiva, con la condición de que su recuperación y su comando respondan.

La jerarquía correcta: primero el último out

Los equipos suelen organizar octubre como si las funciones fueran compartimentos cerrados: el abridor abre, el preparador prepara y el cerrador termina. Cleveland rompió esa comodidad porque la eliminación no respeta etiquetas. Cuando el margen empezó a encogerse, el brazo de mayor valor disponible era el que podía convertir el Juego 5 de una idea en una cita real.

Eso no significa que cualquier abridor deba salir del bullpen antes de su turno. Significa que la carga de trabajo, el descanso y la situación del partido pesan más que el nombre del rol. Williams no fue usado para perseguir un récord ni para adornar una ventaja enorme. Entró cuando todavía quedaba una puerta abierta para Chicago.

La organización aceptó un costo medible: su abridor trabajará en el decisivo después de una aparición breve. A cambio, eliminó un riesgo inmediato y mucho mayor: que el decisivo nunca existiera. Es la misma discusión sobre límites y contexto que aparece cuando un equipo protege a un relevista dominante, como analizamos con Mason Miller y los Padres. La prudencia sirve cuando conserva una ventaja competitiva; deja de servir cuando conserva recursos para una temporada que puede terminar esa misma noche.

Una entrada no equivale a una apertura

La muestra importa. Williams lanzó una entrada en el cuarto juego, no realizó una labor larga ni acumuló una segunda apertura completa. En la temporada regular trabajó 184.1 episodios y produjo 3.5 victorias sobre reemplazo según FanGraphs; además, terminó con marca de 14-8 y efectividad de 3.76. Son datos de volumen que ayudan a explicar por qué Cleveland confía en él, pero no garantizan cómo responderá después de esta utilización.

Su apertura anterior en la serie también ofrece contexto: ponchó a 11 bateadores en poco más de cinco entradas. Ese dominio no convirtió una derrota en victoria, pero mostró que su repertorio puede dominar a la alineación de Chicago. La aparición posterior tampoco prueba que estará fresco. Lo que sí permite afirmar es que Cleveland tomó una decisión basada en un brazo preparado para trabajar y no en una improvisación sin antecedentes.

El examen real estará en el comando, la velocidad y la eficiencia de sus primeros innings. Si necesita demasiados lanzamientos para conseguir cada out, el bullpen volverá a ser protagonista. Si mantiene la zona sin regalar tráfico, aquella entrada final habrá funcionado como una activación competitiva. Resultado y proceso deben separarse: una decisión puede estar bien fundamentada y producir un mal desenlace, o ser arriesgada y sobrevivir por casualidad.

Carreras por juego en los primeros cuatro encuentros de la serie. La muestra es de cuatro partidos y describe la remontada; no predice el resultado del decisivo. Infografía: Diamante 23.

La remontada cambió la conversación

Cleveland perdió los dos primeros juegos 3-0 y 4-3. Después respondió con triunfos 9-3 y 9-5. En los últimos dos encuentros anotó 18 carreras y permitió ocho, una transformación ofensiva contundente dentro de una muestra pequeña. El gráfico muestra el cambio; no demuestra que la ofensiva haya quedado “arreglada” ni que la tendencia vaya a continuar.

La diferencia más importante es que los Guardians dejaron de depender de un partido perfecto. En el cuarto juego pudieron absorber cinco carreras porque su ofensiva creó margen. José Ramírez estuvo en el centro: conectó un jonrón y remolcó tres carreras, después de haber impulsado dos con un triple y aportado una jugada defensiva decisiva en el partido anterior.

Para el público latino, Ramírez no es una conexión decorativa. El dominicano encarna la estructura competitiva de Cleveland: continuidad, producción en ambos lados de la pelota y liderazgo sin necesidad de convertir cada turno en espectáculo. Su impacto permitió que la apuesta con Williams fuera una decisión para cerrar una victoria, no un intento desesperado por rescatar un juego perdido.

Cleveland defendió su identidad

Los Guardians terminaron la temporada regular con 85 victorias, apenas una más que Chicago. Esa diferencia mínima ayuda a entender por qué la serie llegó hasta aquí: no existe una brecha de talento que permita administrar con comodidad. Cada ventaja necesita ser defendida y cada debilidad puede cambiar el cruce.

Cleveland ha construido su margen alrededor del desarrollo de lanzadores, la prevención de carreras y la capacidad de competir sin el presupuesto de las plantillas más pesadas. Usar a Williams para cerrar y luego pedirle que abra no contradice ese modelo. Lo lleva a su conclusión más exigente: el mejor brazo debe ayudar donde el partido tiene más valor, siempre que el cuerpo y la preparación lo permitan.

También hay una advertencia. La flexibilidad no puede convertirse en abuso. La postemporada comprime calendarios, pero no elimina la fatiga. Un equipo inteligente no confunde valentía con indiferencia médica ni convierte una excepción en rutina. Cleveland debe tener listo un plan de relevo temprano y no aferrarse al nombre de Williams si las señales objetivas indican que la entrada previa dejó una factura.

Tres principios que deja la decisión

  • La ventaja presente vale más que el rol futuro. Un abridor reservado no ayuda si el equipo queda eliminado antes de utilizarlo.
  • La carga real importa más que la etiqueta. Una entrada programada dentro del ciclo de preparación no equivale automáticamente a una salida larga.
  • El plan del decisivo debe incluir una salida rápida. La confianza en Williams no obliga a ignorar comando, velocidad o fatiga.

En otra serie, el descanso de los Dodgers mostró que administrar tiempo también es una ventaja. Cleveland tuvo que comprar ese tiempo con outs. No son estrategias opuestas: ambas buscan llegar al siguiente partido con el mayor número posible de caminos para ganar.

Mi lectura es sencilla: los Guardians no hipotecaron el futuro; pagaron la entrada para acceder a él. El valor de la decisión no dependerá únicamente del resultado del Juego 5, sino de si Williams fue usado con información suficiente, recuperación vigilada y un plan alternativo preparado. Octubre no premia al equipo que guarda más recursos. Premia al que entiende cuándo debe gastarlos.

Fotografía principal de archivo: Erik Drost / Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0.

Los Dodgers compraron tiempo: la ventaja que no aparece en el marcador

Análisis | Por Leonte Landino

Los Dodgers no solo eliminaron a Atlanta. Compraron algo que en octubre vale casi tanto como una victoria: tiempo. Cerrar la Serie Divisional en cuatro juegos les permitió ordenar la rotación, descargar el bullpen y darle aire a piezas que llegan golpeadas o fuera de ritmo. Esa ventaja no aparece en el marcador, pero puede decidir una serie larga.

Mi tesis es sencilla: el descanso solo será una ventaja real si Los Ángeles lo convierte en sincronización. Milwaukee no llega como un rival agradecido por estar allí. Llega con 103 victorias, la mejor temporada regular de su historia, la localía y una estructura que acaba de ganar tres de cuatro juegos cerrados sin depender de una sola estrella.

El hecho: una victoria que reorganiza todo el roster

Los Dodgers vencieron 4-1 a Atlanta y cerraron la serie 3-1. Evitar el quinto juego significa que Tarik Skubal puede abrir la Serie de Campeonato con descanso regular, mientras Yoshinobu Yamamoto, Blake Snell y Tyler Glasnow quedan disponibles para trabajar en orden. Edwin Díaz también recibe una pausa después de salvar encuentros en noches consecutivas.

Ese margen alcanza otras áreas. Miguel Rojas arrastra molestias en la espalda. Shohei Ohtani terminó la serie de Atlanta de 13-2 y no conecta un jonrón desde el 18 de agosto, en medio de problemas físicos que también lo han mantenido lejos del montículo. Freddie Freeman y el resto de los veteranos suman días para recuperar piernas sin perder el ritmo competitivo.

No es descanso para escapar del juego. Es descanso para volver a poner cada pieza en su sitio.

Andy Pages convirtió la paciencia del equipo en una oportunidad

Los Ángeles comenzó la serie sin hits en sus primeros 14 turnos con corredores en posición de anotar. La cifra describe un problema real, pero una muestra tan breve no demuestra que la ofensiva haya perdido permanentemente su capacidad de producir.

Andy Pages rompió esa sequía con un sencillo de dos carreras y bases llenas en el séptimo episodio del juego decisivo. El cubano no corrigió catorce turnos anteriores; hizo que dejaran de importar. Esa es una diferencia esencial en postemporada: la presión castiga la memoria larga. El equipo que sigue creando oportunidades puede borrar una mala tendencia con un solo contacto.

Después, Max Muncy añadió un jonrón. Díaz cerró con un noveno perfecto. La victoria reunió tres funciones distintas: el bateador que resuelve, el poder que amplía y el relevista que elimina el último sobresalto. Eso es sincronización.

DIAMANTE 23 · MAPA DE LA SERIE

Descanso contra resistencia

3-1

Dodgers cerró su Serie Divisional en cuatro juegos.

0-14

antes del primer hit de Los Ángeles con corredores en posición de anotar.

103

victorias de Milwaukee en temporada regular, récord de la franquicia.

5

carreras de margen combinado en los cuatro juegos Milwaukee-San Diego.

Las muestras de postemporada son pequeñas: describen cómo llegaron ambos equipos, no predicen por sí solas el resultado de la Serie de Campeonato.

Milwaukee ya aprendió lo que cuesta llegar sin respuestas

Hace un año, los Brewers fueron barridos por los Dodgers en esta misma ronda y anotaron apenas cuatro carreras en toda la serie. El recuerdo importa, pero no garantiza revancha. El equipo que vuelve ahora ganó 103 juegos, conquistó su cuarto título divisional consecutivo y está en postemporada por octava vez en nueve temporadas.

También acaba de romper una racha de doce derrotas consecutivas como visitante en playoffs. Los cuatro juegos contra San Diego se decidieron por cinco carreras de margen combinado. Milwaukee sobrevivió porque ejecutó detalles: defensa, relevo, corrido de bases y contacto oportuno. No necesitó convertir cada entrada en una exhibición de poder.

Eso coloca una exigencia distinta sobre Los Ángeles. Los Dodgers no pueden asumir que el talento bruto producirá la misma barrida. Milwaukee tiene la localía y ha demostrado que puede comprimir los juegos hasta convertir una mala ruta defensiva, una base por bolas o un relevo mal escogido en el punto de quiebre.

El descanso no cura automáticamente una ofensiva

El riesgo para Los Ángeles es confundir recuperación con solución. Ohtani puede sentirse mejor después de varios días, pero el descanso no corrige por sí solo las decisiones en el plato. La columna anterior sobre la disciplina de Ohtani ante lanzamientos fuera de la zona sigue siendo pertinente: si el rival evita el centro del plato, la paciencia debe activar la profundidad de la alineación.

Lo mismo ocurre con el dato de 0 hits en 14 oportunidades con corredores en posición de anotar. No es una sentencia, pero tampoco debe descartarse como mala suerte. La pregunta es si Los Ángeles seguirá generando turnos de calidad cuando Milwaukee cambie lanzadores, zonas y velocidades.

Pages ofreció una respuesta. Ahora debe convertirse en método: extender turnos, pasar la responsabilidad al siguiente bateador y no pedirle a una sola figura que salve cada entrada.

Cuatro formas de gastar bien el tiempo ganado

  1. Fijar la rotación: evitar cambios reactivos y preparar los emparejamientos de Skubal, Yamamoto, Snell y Glasnow con antelación.
  2. Definir la novena entrada: mantener a Edwin Díaz como cierre y reservar alternativas para entradas de mayor peligro.
  3. Recuperar sin enfriar: proteger la espalda de Rojas y las molestias de Ohtani sin convertir la pausa en desconexión ofensiva.
  4. Ensayar el contacto: preparar turnos contra un bullpen de Milwaukee que transforma cada base gratis en una amenaza mayor.

La opinión: el dinero compra nombres; octubre exige coordinación

Los Dodgers construyeron uno de los rosters más imponentes del béisbol. Sin embargo, el verdadero lujo no es acumular estrellas. Es tener suficientes soluciones para que una lesión, una sequía o una mala noche no obligue al equipo a abandonar su identidad.

El descanso ganado ante Atlanta ofrece la posibilidad de alinear esas soluciones. Skubal puede abrir la serie. Díaz puede volver a recibir la novena entrada sin cargar el desgaste de tres noches seguidas. Rojas puede recuperarse. Pages puede entrar a la siguiente ronda no como decoración joven, sino como alguien que ya respondió al momento.

Milwaukee representa la prueba ideal porque juega desde el extremo contrario: menos brillo individual, más repetición colectiva. Jackson Chourio aporta múltiples maneras de cambiar un partido, pero el equipo no termina en él. Garrett Mitchell, Aaron Ashby, Sal Frelick y Trevor Megill ya mostraron que la ventaja puede pasar de una mano a otra.

Los Dodgers compraron tiempo. Ahora tienen que gastarlo bien. Si lo convierten en coordinación, llegarán a Milwaukee con una ventaja que no aparece en ninguna nómina. Si lo convierten únicamente en reposo, los Brewers harán lo que mejor saben: reducir el juego hasta que una sola decisión lo cambie todo.

Fotografía de archivo: Shohei Ohtani en Washington, 24 de abril de 2024. David / Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0. Imagen redimensionada; no corresponde a la Serie Divisional de 2026.

Mets cambian tres voces, pero su ofensiva necesita una reforma mayor

Por Leonte Landino

Los Mets decidieron cambiar tres voces de su cuerpo técnico, pero su verdadero problema no cabe en tres despidos. La salida del director de bateo Jeff Albert, del coach de control de calidad Danny Barnes y del lanzador de práctica Kevin Mahoney es una señal de inconformidad. No es todavía una reforma.

Mi tesis es que Nueva York necesita reconstruir la conexión entre su estrella, su núcleo latino y el resto de la alineación. Cambiar instructores puede modificar el mensaje. Sin mejores decisiones de roster, salud y desarrollo, solamente cambiará el mensajero.

Una ofensiva que nunca produjo como su nómina

Los Mets terminaron 74-88, últimos en el Este de la Liga Nacional. Anotaron 4.31 carreras por juego, el vigésimo promedio de las Grandes Ligas, y cerraron con OPS colectivo de .706, ubicado en el puesto 23. Esos números describen una ofensiva inferior al promedio, pero no explican por sí solos por qué ocurrió.

Juan Soto ofrece el contraste más claro. En 111 juegos y 400 turnos bateó .275, con porcentaje de embasado de .393, slugging de .515, 27 jonrones y OPS de .908. La diferencia de 202 puntos entre su OPS y el del equipo muestra una separación enorme entre el productor principal y el contexto que debía sostenerlo.

Esa brecha no demuestra que el cuerpo técnico haya causado el fracaso. Las lesiones, la construcción del roster y la variación normal de una temporada también influyen. Sí demuestra que el talento individual de Soto no logró convertirse en una ofensiva colectiva estable.

Cambiar la voz sin cambiar la idea sirve de poco

Los Mets conservarán al coach de bateo Troy Snitker y al asistente Rafael Fernández. También se espera que continúen el coach de banca Kai Correa y el coach de pitcheo Justin Willard. Por eso, la decisión no representa una demolición; es una redistribución de funciones dentro de una estructura que seguirá en gran parte intacta.

Andy Green, confirmado con un contrato de tres años después de dirigir al equipo con marca de 40-41 como interino, debe definir qué busca el club en su próximo responsable ofensivo. Contratar a otro especialista en datos sin aclarar cómo se traduce la información para cada bateador repetiría el mismo circuito con un rostro nuevo.

La analítica funciona cuando reduce el ruido. Un bateador debe saber qué lanzamiento atacar, qué zona conceder y cómo cambia el plan según la cuenta. Si recibe veinte indicadores sin una jerarquía clara, la información deja de ser una ventaja y se transforma en equipaje.

El núcleo latino necesita un ecosistema, no una dependencia

Para el fanático latino, el asunto va mucho más allá de Soto. Francisco Lindor, Francisco Álvarez y Ronny Mauricio forman parte de una identidad que conecta a los Mets con Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y comunidades de toda Nueva York. Esa representación tiene peso deportivo cuando el equipo crea condiciones para que cada jugador cumpla una función definida.

Soto no puede ser al mismo tiempo el principal generador de embasado, la fuente de poder, el estabilizador emocional y la excusa cuando el resto no produce. Su valor ofensivo debe multiplicar la alineación, no ocultar sus vacíos.

La organización también tiene que revisar cómo desarrolla y ajusta talento. La evolución de Freddy Peralta después de salir de los Mets dejó una pregunta incómoda: ¿cuántos problemas pertenecen al jugador y cuántos al entorno que intenta corregirlo? No hay una respuesta única, pero la pregunta debe formar parte de la evaluación interna.

Lo que debe cambiar de verdad

La próxima estructura ofensiva necesita tres objetivos concretos:

  1. Convertir el embasado de Soto en carreras con mayor consistencia.
  2. Reducir la distancia entre la parte alta y la parte baja de la alineación.
  3. Establecer un lenguaje común entre analistas, coaches y bateadores.

Eso exige más que reuniones y tecnología. Requiere jugadores complementarios, profundidad para sobrevivir lesiones y un plan que no cambie después de cada mala semana. Los mejores departamentos de bateo no fabrican un swing idéntico para todos; construyen soluciones distintas dentro de una filosofía reconocible.

La opinión: una oportunidad, no una absolución

La salida de tres integrantes del staff era defendible. Una ofensiva con las expectativas y el costo de los Mets no puede terminar en la zona baja de la liga sin una revisión seria. Pero sería demasiado cómodo declarar resuelto el problema porque tres oficinas quedaron vacías.

La responsabilidad pertenece también a la gerencia que armó el roster, al manager que distribuye los turnos y a los jugadores que ejecutan. El nuevo responsable de bateo debe recibir autoridad, objetivos medibles y una plantilla coherente con la filosofía que se le pida implementar.

Los Mets ya movieron las voces. Ahora deben cambiar la conversación: menos dependencia de una estrella, más continuidad en toda la alineación y un desarrollo que convierta información en decisiones. De lo contrario, el próximo otoño traerá nuevos nombres para explicar el mismo fracaso.

Fotografía de archivo: Citi Field. Zakarie Faibis/Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

El Salón de la Fama del Béisbol Latino crea el Premio Don Roberto Weill y anuncia a Alex Cora como su primer galardonado

La distinción reconoce trayectorias y aportes extraordinarios al béisbol latinoamericano. Ozzie Guillén entregará el premio durante la ceremonia de exaltación de la Clase XIII, el 18 de diciembre en Caguas, Puerto Rico.

Prensa Salón de la Fama del Béisbol Latino
CAGUAS, PUERTO RICO

El Salón de la Fama del Béisbol Latino anuncia la creación del Premio Don Roberto Weill, un reconocimiento destinado a personalidades de la industria del béisbol cuya trayectoria refleje un espíritu inquebrantable de lucha, liderazgo y contribuciones extraordinarias al desarrollo y prestigio del béisbol latinoamericano.

El exjugador y dirigente puertorriqueño Alex Cora será el primer galardonado. La entrega tendrá lugar el 18 de diciembre de 2026, en el Centro de Bellas Artes de Caguas, Puerto Rico, como parte de la ceremonia de exaltación de la Clase XIII del Salón de la Fama del Béisbol Latino.

Un reconocimiento al legado de don Roberto Weill

El galardón honra el legado del ingeniero don Roberto Weill Pinetta, fundador y presidente emérito del Salón de la Fama del Béisbol Latino, cuya visión y capacidad de emprendimiento impulsaron iniciativas para la integración y proyección internacional de nuestro deporte.

Ingeniero, empresario y promotor del béisbol, Weill participó en la creación de la Liga Interamericana en 1979, un proyecto que reunió franquicias de Venezuela, República Dominicana, Panamá, Puerto Rico y Miami. Posteriormente, impulsó la fundación del Salón de la Fama del Béisbol Latino en la República Dominicana junto al legendario scout Rafael Ávila. La institución fue concebida para preservar y reconocer la contribución de los jugadores, dirigentes y propulsores latinoamericanos a la historia del juego.

La nueva distinción busca dar continuidad a esa visión, reconociendo a quienes abren caminos, generan oportunidades y fortalecen el béisbol latinoamericano dentro y fuera del terreno.

Alex Cora, primer galardonado

Nativo de Caguas, Cora ha desarrollado una trayectoria que reúne logros como jugador, dirigente y ejecutivo, junto con un compromiso sostenido con el béisbol de Puerto Rico.

Durante sus 14 temporadas en las Grandes Ligas, formó parte de seis organizaciones y conquistó la Serie Mundial de 2007 como jugador de los Medias Rojas de Boston. En 2017 integró el cuerpo técnico de los Astros de Houston como coach de banca.

En 2018, durante su primera temporada como mánager de Boston, condujo a los Medias Rojas a un récord de franquicia de 108 victorias y al campeonato de la Serie Mundial. Con ese triunfo se convirtió en el primer mánager puertorriqueño en conquistar el Clásico de Otoño.

Su contribución también comprende su labor como mánager y gerente general de los Criollos de Caguas, así como su gestión al frente de la gerencia general de la selección de Puerto Rico que obtuvo el subcampeonato del Clásico Mundial de Béisbol de 2017.

“Alex no solo ha sido un gran propulsor del desarrollo del béisbol en la isla y de la franquicia de los Criollos, sino que ha llevado el nombre de Caguas hacia la cúspide más alta, que es ganar una Serie Mundial”, expresó Robinson Paredes, director ejecutivo del Salón de la Fama del Béisbol Latino.

Una entrega especial en Caguas

El premio será entregado por el venezolano Oswaldo “Ozzie” Guillén, miembro del Salón de la Fama del Béisbol Latino y primer mánager latinoamericano en ganar la Serie Mundial, al frente de los Medias Blancas de Chicago en 2005.

Guillén también participará como orador de orden de la ceremonia. Su encuentro con Cora reunirá en un mismo escenario a dos figuras que abrieron caminos para los dirigentes latinoamericanos en las Grandes Ligas.

La exaltación de la Clase XIII marcará la primera ceremonia oficial del Salón de la Fama del Béisbol Latino celebrada fuera de la República Dominicana. En ese marco, la entrega inaugural del Premio Don Roberto Weill reconocerá la trayectoria de Cora en su ciudad natal y reafirmará el compromiso de la institución con la preservación del legado y la promoción del futuro del béisbol latinoamericano.

Acerca del Salón de la Fama del Béisbol Latino

Fundado en 2010, el Salón de la Fama del Béisbol Latino honra a los grandes jugadores, dirigentes, ejecutivos, pioneros y personalidades que han contribuido al desarrollo y la historia del béisbol latinoamericano. Mediante su proceso internacional de elección, sus ceremonias de exaltación y sus iniciativas de preservación histórica, la institución reconoce la excelencia deportiva y celebra el impacto cultural y social del béisbol latino en el mundo.

Desde 2026, el Salón de la Fama del Béisbol Latino cuenta con el respaldo estadístico y el soporte analítico de Baseball Reference, plataforma de Sports Reference y una de las fuentes líderes a nivel mundial en estadísticas, registros históricos e información integral del béisbol. Esta alianza fortalece la rigurosidad, la transparencia y la profundidad del proceso de evaluación y elección de sus nuevos miembros.

Padres: confiar en Mason Miller también exige ponerle un límite

Análisis y opinión | Por Leonte Landino

Los Padres necesitan confiar en Mason Miller sin confundir confianza con pedirle que haga todo. Ese es el dilema que llevan a Petco Park este 6 de octubre: sobrevivir ante Milwaukee exige usar bien al mejor brazo disponible, pero también reconocer cuándo cambia el trabajo que se le está pidiendo.

La novedad está en el posible ajuste. En declaraciones del lunes recogidas por Alden González, de ESPN, y publicadas el 6 de octubre, Craig Stammen planteó revisar las salidas de más de una entrada de Miller. El dirigente descartó que las especulaciones sobre lanzamientos anunciados explicaran el problema. Limitar su trabajo es una posibilidad bajo evaluación, no una regla ya confirmada para el Juego 3.

El mejor relevista no es una solución sin límites

San Diego llega abajo 0-2 a una serie al mejor de cinco. El domingo perdió 4-3 después de buscar seis outs con su cerrador. Tres boletos en el noveno prepararon el sencillo decisivo de Jackson Chourio. El desenlace duele, pero conviene separar dos preguntas: si Miller sigue siendo una opción extraordinaria y si conviene extender cada aparición suya.

La respuesta a la primera tiene evidencia de seis meses. Durante la temporada regular de 2026, Miller registró 1.67 de efectividad en 70 entradas y 66 presentaciones. Ponchó a 129 de los 272 bateadores que enfrentó: 47,4%. Concedió 26 boletos, un 9,6%. Casi la mitad de sus enfrentamientos terminó sin exigirle a la defensa que convirtiera una pelota bateada en out.

129 ponches y 26 boletos en 272 bateadores enfrentados durante la temporada regular 2026. Porcentajes redondeados a un decimal; escala desde cero. Gráfico: Diamante 23.

La diferencia entre ambas tasas fue de 37,9 puntos porcentuales, calculada antes del redondeo. Ese balance ayuda a explicar su capacidad para dominar turnos. No mide, por sí solo, la recuperación entre innings ni demuestra que su rendimiento sea idéntico antes y después de sentarse en el dugout.

Ahí está la distinción que debe ordenar la decisión. Las cifras acumuladas describen al lanzador que San Diego tiene. Para decidir cuánto prolongar una salida hace falta observar además su comando, su recuperación y el tramo de la alineación que viene. Una temporada brillante no responde automáticamente todas esas preguntas.

Acortar la salida no obliga a esperar al noveno

Mi posición es que los Padres deberían separar el momento de entrada de la duración del trabajo. Si la amenaza principal aparece antes del noveno, usar a Miller puede ser una buena decisión. Lo discutible es asumir que, por haber entrado temprano, tiene que quedarse hasta el último out.

El salvamento es una anotación en la hoja. La amenaza está en las bases.

Eso exige que otro relevista pueda terminar el partido. Y exige aceptar una incomodidad: en ocasiones, administrar bien al mejor brazo significa retirarlo cuando todavía queremos seguir viéndolo. La urgencia del marcador no amplía por decreto la capacidad de un pitcher.

Tampoco sería serio declarar que el domingo probó una incapacidad permanente para trabajar más de una entrada. Una aparición no demuestra causalidad. Para atribuir el tropiezo a la duración habría que comparar salidas equivalentes, carga previa, rivales y calidad de los lanzamientos. La observación del cuerpo técnico merece atención; el resultado aislado no sustituye ese análisis.

Morejón forma parte de la solución

Para el público latino, esta discusión tiene otro protagonista sustantivo: el cubano Adrián Morejón. Su función puede ayudar a que San Diego reparta los turnos difíciles sin exigirle toda la respuesta a Miller. En la fase regular de 2026, Morejón permitió un OPS de .460 ante zurdos en 137 apariciones, frente a .609 ante derechos en 215, según el registro de Baseball-Reference.

OPS combina embasado y slugging; cuanto menor sea el permitido, menor fue la producción rival en esa muestra. La diferencia describe una ventaja observada frente a zurdos, no una garantía para el siguiente duelo. Tampoco autoriza cambios automáticos: importan los bateadores concretos y las opciones que conserve Milwaukee en la banca.

Ese aporte cubano merece evaluarse por su función dentro del plan. Elegir bien el tramo de Morejón puede evitar que el cerrador tenga que resolver dos problemas consecutivos. El bullpen funciona mejor cuando sus responsabilidades se complementan.

Como ocurrió con la distribución de entradas de los White Sox, el cargo escrito al lado del nombre no debe dirigir cada decisión. Pero aquí el examen es distinto: revisar una exigencia que acaba de fallar sin descartar al pitcher que la recibió.

San Diego no necesita castigar a Miller por una derrota. Necesita darle una tarea que aproveche mejor lo que hace extraordinariamente bien. Esa es una decisión de octubre que conserva valor mucho después del último out.

Fotografía destacada de archivo: Petco Park y el centro de San Diego, 12 de agosto de 2024. Autor: So.estrada0508 / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde a la postemporada de 2026.

Ohtani: cuatro pitcheos en la zona y una lección sobre el valor de esperar

Análisis | Por Leonte Landino

En el béisbol moderno, todos los equipos conocen la regla: «Que no te gane el caballo, el alma de la alineación, el hombre de la fuerza». Si alguien más va a hacerte daño, que sea otro. Al más peligroso se le trabaja con cuidado, se le saca de ritmo y, si hace falta, se le entrega la primera base.

Con Shohei Ohtani, esa tesis cobra una dimensión distinta. Full-Count publicó el 5 de octubre un dato revelador sobre el segundo juego divisional entre Atlanta y Los Ángeles: de los 19 lanzamientos que recibió, apenas cuatro estuvieron en la zona de strike. Los Dodgers perdieron 3-2 en el encuentro del 4 de octubre en California.

El mensaje del rival está claro. Nadie quiere ser la víctima del próximo gran momento de Shohei.

El «túnel del terror» también necesita paciencia

Esa vieja tesis de evitar al caballo ayuda a entender el valor de la alineación que construyeron los Dodgers. Para impedir que sacar de ritmo a una superestrella neutralizara a todo el equipo, se buscaron una fila de superestrellas. Si le tienes miedo a uno, detrás viene otro.

Es lo que tengo llamando desde hace un tiempo «un túnel del terror».

Pero ese túnel pierde fuerza si el primer bateador, empeñado en resolverlo todo, termina persiguiendo lo que el pitcher quería que persiguiera. La profundidad de una alineación también exige confianza: aceptar la base y dejarle el problema al que viene detrás. El rival puede evitar un duelo. Lo difícil es escapar de todos.

Cuatro en la zona no significa cuatro strikes

La distinción importa. Un lanzamiento fuera de la zona también puede sumar un strike si el bateador abanica o conecta un foul antes de tener dos strikes. El dato describe la ubicación de los pitcheos, no el total de strikes en el conteo. El rival puede conseguir lo que busca sin ofrecer una pelota dentro de la zona.

DIAMANTE 23 · EL DATO

4 de 19

Lanzamientos dentro de la zona: 21,1 %

Lanzamientos fuera de la zona: 15 · 78,9 %

Muestra: los 19 pitcheos recibidos por Ohtani en el Juego 2, 4 de octubre de 2026. Dato reportado por Full-Count; porcentajes calculados por Diamante 23. Es ubicación, no resultado del lanzamiento.

Nikkan Sports aporta otra medida: ocho de sus 11 swings fueron contra pelotas fuera de la zona, aproximadamente el 73 %. Ese porcentaje corresponde a sus swings, no a todos los pitcheos fuera de la zona que recibió. El mismo medio recoge el diagnóstico de Dave Roberts: salir a buscar esas pelotas dificulta hacer contacto sólido.

Diecinueve lanzamientos son la muestra de un partido. No alcanzan para diagnosticar una transformación permanente ni para saber lo que pasa por la cabeza de Ohtani. Sí muestran cómo el rival puede aprovechar esas decisiones.

Más que impaciencia, ímpetu

Mi lectura es que Shohei enfrenta algo más que impaciencia. Enfrenta ímpetu. Esas ganas de producir, de ser el héroe, de crear los grandes momentos. La fuerza que lo hace extraordinario también puede empujarlo a buscar un batazo donde el lanzador no quiere concedérselo.

Y eso resulta frustrante para Shohei, para los Dodgers y para los fanáticos: ver que el miedo supere la competencia, que el duelo esperado se convierta en una invitación a perseguir.

¿Es justo? Desde el deseo de ver competir a los mejores, no. ¿Es válido? Por supuesto que sí. El pitcher está allí para ganar, no para regalarle al público la escena que quiere ver.

Ohtani debe contribuir con su paciencia. Eso tampoco significa quedarse mirando todo. Con dos strikes hay que protegerse y, cuando llegue un lanzamiento que pueda castigar, atacarlo. Pero su responsabilidad de producir no lo obliga a convertir cada turno en una hazaña.

Estoy convencido de que esa paciencia puede acercar a los Dodgers a otro título. Un boleto conserva un out, coloca un corredor y obliga al lanzador a enfrentar al siguiente hombre del túnel. Llenar las bases en un playoff añade una presión enorme: reduce el margen de error y convierte una mala decisión en un problema mayor. Ningún pitcher quiere vivir ahí.

El poder de Shohei también está en obligar al rival a asumir las consecuencias de no enfrentarlo.

Mientras tanto, Shohei debe ser paciente. Y el mundo también.

El momento heroico llegará. Él está hecho para eso.

Relacionado: Chourio y las distintas maneras de cambiar un partido más allá del jonrón.

Fotografía de archivo: Shohei Ohtani en Washington, 24 de abril de 2024. David / Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0. Imagen redimensionada; no corresponde al encuentro de octubre de 2026.

White Sox: abrir con Kay exige pensar más allá del primer inning

Por Leonte Landino

Opinión y análisis

Los White Sox confirmaron el 4 de octubre de 2026 que Anthony Kay abrirá el segundo juego de la Serie Divisional contra Cleveland, previsto para el lunes 5. Sean Burke está señalado para lanzar la mayor parte de las entradas. Mi lectura: Chicago está apostando por repartir el trabajo según las necesidades del partido, una decisión que merece evaluarse por su ejecución y su costo para la serie.

La victoria 3-0 del 3 de octubre ofrece evidencia, aunque todavía limitada. Cinco lanzadores completaron la blanqueada y Grant Taylor consiguió los últimos doce outs. La pregunta útil no es si ese reparto luce tradicional, sino qué ventajas crea y cuánto puede sostenerse.

Un abridor corto también necesita un plan largo

Kay hizo 31 aperturas en 33 apariciones durante la temporada regular de 2026. Su nuevo encargo acorta un trabajo que normalmente era extenso. A mi juicio, ese cambio obliga a distinguir capacidad y función: ser capaz de abrir un juego no exige permanecer en él hasta una entrada predeterminada.

Kay, zurdo, asumirá el primer tramo; Burke, derecho, está previsto para el trabajo más extenso. Ese cambio de perfil obliga al rival a prepararse para dos desafíos dentro del mismo juego. Puede complicar decisiones de alineación y sustitución, pero no garantiza una ventaja: también depende del orden de bateo y de la calidad de los lanzamientos.

El calendario importa. Entre los primeros tres encuentros hay dos días sin partido. Eso permite considerar usos que serían más difíciles en jornadas consecutivas. Mi tesis es que Chicago aprovecha una condición concreta del calendario; convertir esa estrategia en receta universal sería ignorar su principal límite.

Los ponches explican mejor a Taylor que el salvamento

En la temporada regular de 2026, Taylor enfrentó a 336 bateadores en 84 entradas: acumuló 106 ponches y 30 boletos. Sus tasas fueron 31,5% y 8,9%, respectivamente, una diferencia de 22,6 puntos porcentuales calculada con esas cifras. Es una muestra mucho más informativa que una sola tarde de octubre.

Esa diferencia describe la frecuencia con que termina una aparición al plato sin pelota en juego frente a la frecuencia con que concede una base por bolas. Ayuda a entender por qué resulta atractivo para proteger ventajas: el ponche elimina la posibilidad de que ese bateador conecte un hit. Sin embargo, la métrica no mide por sí sola el daño del contacto permitido, la fatiga ni el desempeño frente a una alineación específica.

Ante Cleveland, Taylor lanzó cuatro entradas sin carreras, con seis ponches, dos hits y 42 lanzamientos. Ese resultado demuestra que el uso prolongado funcionó en ese encuentro. No demuestra que pueda repetirlo cada vez ni que todo relevista dominante deba hacerlo. Chicago tendrá que leer su recuperación, no solamente el marcador.

El aporte latino también está en construir la oportunidad

La secuencia ofensiva ofrece otra forma de mirar el equipo. El cubano Miguel Vargas conectó un sencillo antes del jonrón de dos carreras de Munetaka Murakami en el cuarto episodio. Vargas terminó con un hit y dos boletos en cuatro apariciones al plato: llegó a base tres veces.

Para el fanático latino, esa contribución merece espacio propio. Embasarse permite que el poder de un compañero produzca más carreras; esa función puede quedar escondida cuando el relato se concentra en quien bateó el jonrón. Cuatro apariciones no establecen una tendencia, pero sí explican una parte verificable de esta victoria.

Es una conversación emparentada con nuestro análisis del valor de Chourio más allá del jonrón: evaluar todas las vías de contribución mejora la lectura del béisbol.

La decisión de abrir con Kay invita a observar tres cosas: qué tramo resuelve, cuánto trabajo recibe Burke y qué disponibilidad queda para el siguiente encuentro. Si Chicago convierte esa distribución en outs de calidad sin comprometer la recuperación, habrá una ventaja tangible. El verdadero examen del plan empieza cuando debe ajustarse.

Fotografía destacada: estadio de los White Sox, entonces llamado Guaranteed Rate Field, el 23 de julio de 2019. Foto de archivo de David Wilson, vía Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY 2.0. Redimensionada para el sitio.

Ganar más debería valer más: la postemporada que MLB necesita cambiar

Voces del Diamante

El cuadro de octubre vuelve a exponer una contradicción: ganar una división puede valer más que ganar partidos. El resembrado es el primer paso hacia una postemporada que premie mejor el rendimiento.

El problema de la postemporada de Grandes Ligas comienza antes del primer lanzamiento. Comienza cuando el lugar donde compites pesa más que lo que hiciste durante seis meses.

Cleveland terminó con 85 victorias y avanzó directamente a la Serie Divisional. Los Yankees ganaron 93 y tendrán que sobrevivir al Wild Card. Houston llegó a octubre con marca de 81-81. Arizona, con 86-76, quedó fuera. Son resultados del sistema, no accidentes del calendario.

Las reglas estaban claras para todos. Pero conocer una regla no la convierte en una buena regla.

MLB necesita cambiar su modelo porque el mérito de la temporada regular no se traduce de manera consistente en los premios de octubre. A veces importa el récord. Otras veces importa más la división. Y después, cuando sobreviven los primeros equipos, un cuadro inflexible impide corregir las distorsiones.

Estos son los récords de los clasificados, ordenados por su siembra actual:

SiembraLiga AmericanaRécordLiga NacionalRécord
1Rays98-64Brewers103-59
2Guardians85-77Dodgers100-62
3Astros81-81Braves94-68
4Yankees93-68Padres91-71
5Red Sox87-75Cubs89-73
6White Sox84-78Phillies88-74

La diferencia entre ambas ligas es visible. Pero no necesitamos declarar que estamos ante la peor disparidad de la historia para cuestionarla. Ese superlativo exigiría comparar temporadas completas, resultados interligas y otras medidas de calidad competitiva. Lo demostrable aquí es más concreto: los umbrales de entrada y las recompensas son desiguales.

También conviene distinguir conceptos. El desequilibrio económico entre organizaciones, la fuerza relativa de las ligas y la justicia del formato no son lo mismo. Un resembrado no arreglará las diferencias de inversión ni convertirá a todos los clubes en contendientes. Sí puede evitar que la estructura agrave las desigualdades deportivas.

El caso más revelador está en la Americana. Sus tres mejores récords pertenecen a Tampa Bay, Nueva York y Boston. Los tres están en el mismo lado del cuadro. Por construcción, solamente uno puede llegar a la Serie de Campeonato. Del otro lado, Cleveland espera al ganador de Houston y los White Sox.

El formato mantiene los cruces fijos: 1 contra ganador de 4/5; 2 contra ganador de 3/6.

Eso significa que dos de los tres mejores equipos de la liga por porcentaje de victorias quedarán eliminados antes de disputar una serie al mejor de siete. No es una predicción: es una consecuencia inevitable del bracket.

Tampa Bay sí recibe beneficios por terminar primero: evita el Wild Card y tiene ventaja de localía dentro de su liga. Negarlo debilitaría la crítica. Lo que no recibe es un mecanismo que le asigne al rival superviviente de menor clasificación.

La explicación de MLB es preservar el cuadro y evitar que el primero enfrente a otro campeón divisional en esa ronda.

Pero resembrar según las posiciones originales tampoco obligaría al primero a enfrentar al tercero. Si gana el tercero, también habrá avanzado el cuarto o el quinto. Si gana el sexto, el primero podría enfrentarlo. La protección del líder y el resembrado son compatibles.

Hay, además, una diferencia decisiva entre resembrar por el número original y reordenar por récord. La primera opción conserva el privilegio divisional. La segunda revisa el mérito deportivo. Mi propuesta es avanzar hacia la segunda.

Las probabilidades ayudan a entender qué está en juego. El 28 de septiembre, la proyección ZiPS de FanGraphs, daba a los Yankees 52,6 % de posibilidades de ganar su serie y a Boston 47,4 %. Trasladadas al cuadro vigente, esas cifras producen los siguientes escenarios:

Rival de Tampa Bay en la Serie DivisionalProbabilidad bajo el cuadro actual
Yankees52,6 %
Red Sox47,4 %
White Sox0 %
Astros0 %

Si los White Sox eliminan a Houston, enfrentarán a Cleveland. Con un resembrado que respete las posiciones originales, les tocaría Tampa Bay: el primer sembrado contra el sexto. El formato actual impide ese cruce, aunque Chicago sea el equipo de menor clasificación que siga en competencia.

¿Ese cambio aumentaría las posibilidades de los Rays de ganar el campeonato? No podemos asegurarlo ni ponerle un porcentaje sin analizar los posibles enfrentamientos. Pero el principio es claro: terminar primero debería darte el derecho de enfrentar al equipo de menor clasificación que sobreviva.

Eso tampoco garantiza un rival fácil. Un equipo con menos victorias puede llegar a octubre con sus mejores lanzadores descansados y sus bateadores encendidos. Otro con mejor récord puede estar golpeado por lesiones.

Premiar la temporada regular no significa decidir quién ganará: significa reconocer lo que cada equipo consiguió durante seis meses.

La contradicción se vuelve todavía más profunda en la postemporada al mirar más allá de las líneas de cada liga

MLB lleva años reduciendo esa separación en el calendario. Desde 2023, todos los equipos enfrentan a los otros 29. Para 2025-2026, la distribución contempla 52 encuentros divisionales, 62 contra los demás equipos de la misma liga y 48 interligas. Casi tres de cada diez partidos cruzan una frontera que octubre vuelve a tratar como infranqueable.

Las rivalidades siguen vivas. Yankees-Mets y White Sox-Cubs demuestran que la identidad de una ciudad puede cruzar las ligas. Dodgers-Padres, que pertenecen a la misma división, muestran el peso de la cercanía geográfica y de la competencia reciente. Son rivalidades distintas, pero ninguna necesita que un peor récord reciba una recompensa superior.

Eso tampoco hace que el calendario sea perfectamente equivalente: todavía enfrentamos a algunos rivales mucho más que a otros. Por eso, una clasificación unificada requeriría revisar la distribución de los juegos. La reforma debe ser seria, no solamente atractiva en un gráfico.

Hay ejemplos que merecen atención sin exageraciones. Houston terminó con diferencial de menos 32 carreras, el único negativo entre los clasificados. Ganar el Oeste no borra esa fragilidad. Un título divisional puede celebrarse sin confundirlo con una temporada dominante.

En Philadelphia, la clasificación llegó después de una semana angustiosa: el equipo perdió cuatro partidos consecutivos y anotó apenas tres carreras en ese tramo antes de asegurar su lugar el domingo. Entrar a octubre no elimina las preguntas sobre el funcionamiento del club.

Boston obliga a un matiz. Los Red Sox estaban 35-46 a mitad del calendario y terminaron 87-75. Eso supone una segunda mitad de 52-29. Su afición tiene razones para celebrar la recuperación, además de exigir más. Sin encuestas, no podemos presentar el estado de ánimo de toda una ciudad como un dato.

El argumento, por tanto, no debe ser que los aficionados de esos equipos no tienen derecho a sentirse felices. Debe ser que la satisfacción de clasificar no sustituye una evaluación exigente de la temporada.

Tampoco hay que atribuirle a MLB una intención que no hemos documentado. El sistema asegura representación divisional y reparte oportunidades entre regiones. Que eso tenga atractivo comercial es comprensible. Que deba imponerse al rendimiento es discutible.

Mi propuesta tiene tres niveles.

Primero, ordenar a los clasificados de cada liga por su récord. Los dos mejores pasarían directamente a la Serie Divisional, sin importar si ganaron su división o entraron como comodines.

Segundo, reorganizar los cruces después del Wild Card: el mejor récord contra el peor y los otros dos entre sí. Pero cambiar solamente los cruces no resolvería todo: los Yankees ya habrían tenido que jugar una ronda que Cleveland evitó con menos victorias.

Tercero, evaluar una clasificación que reúna a todos los equipos de MLB, revisando también el calendario y los viajes para que sea justa. Si todos se enfrentan durante la temporada, ¿por qué no dar los cupos a quienes logren los mejores resultados, sin importar a qué liga pertenecen?

Hay una precisión reveladora: mantener plazas automáticas para todos los campeones divisionales, aun con comodines unificados, no excluiría a Houston. Para seleccionar estrictamente a los mejores por récord habría que revisar también esa garantía. No basta con cambiar el nombre de los cupos.

Cualquier reforma tendría que aprobarse antes de una temporada, con reglas claras para todos. Nadie propone cambiar las condiciones cuando ya conocemos a los beneficiados y perjudicados de 2026. Lo que esta temporada ofrece es evidencia para corregir las siguientes.

Una reforma aún más agresiva será la de reformular cómo se obtienen los cupos hacia la Serie Mundial, pero eso vendrá después de la expansión venidera y la eliminación de las estructuras obsoletas de la Liga Americana y la Liga Nacional.

El béisbol no debe garantizar que siempre gane el favorito. Su incertidumbre es parte de su grandeza, pero sí debe esforzarse para que ganar más produzca una recompensa coherente.

Octubre tiene que decidir al campeón en el terreno. El formato debería llegar a esa cita habiendo respetado mejor lo que ocurrió de marzo a septiembre.

Si MLB insiste en que cada juego cuenta, ha llegado la hora de hacer que todas esas victorias valgan más.

Entra en Beis360.com y sigue los resultados de toda la postemporada de MLB.

Juan Vené y Leonte Landino, 2008: El eterno descanso anónimo de Luis Castro.

Nota editorial:

Esta es una columna de 2008 publicada en el blog El Juego Perfecto y en el diario Versión Final, reproducida a propósito de la muerte del periodista Juan Vené.

Reproduzco esta columna para recordar el trabajo de investigación que Juan y yo realizamos para SABR, con el que dejamos constancia en los registros oficiales de MLB de que el primer latino en la historia del béisbol de Grandes Ligas fue el colombiano Luis Castro. Vené y yo visitamos por primera vez su tumba en el cementerio St. Mary, en Queens, Nueva York. Posteriormente, SABR y el consulado de Colombia atendieron nuestra petición de colocar una lápida en el lugar que descubrimos.

Gracias a este trabajo en conjunto, el Capítulo de América Latina de SABR lleva el nombre de Luis Castro, el primero de América Latina.

Esta es la columna original de 2008:

El eterno descanso anónimo de Luis Castro

Leonte Landino – El Juego Perfecto

Desde que comenzó mi interés por investigar, a través de los nuevos recursos tecnológicos, la vida y el origen de Luis Castro, primer jugador latino en la historia de las Grandes Ligas, con los Philadelphia Athletics en 1902, se han logrado nuevos avances. Cada discusión, cada nuevo documento, cada nuevo pedacito de información es un paso más para descubrir el pasado.

Al hablar del legado de Castro, no debemos dejar fuera al primer jugador latinoamericano que jugó en el más alto nivel del béisbol que existía antes de la creación de la Liga Nacional: el cubano Esteban Bellán, que debutó en 1871 con el equipo de Troy en la National Association, la primera liga profesional de béisbol en la historia, fundada ese mismo año, pero que solo duró hasta 1875. La Liga Nacional comenzó su actividad en 1876 y es la primera liga reconocida oficialmente por Major League Baseball como una «Liga Mayor».

Bellán fue el primero que jugó al más alto nivel existente; sin embargo, Castro fue el primero en el sistema de Grandes Ligas que aún se mantiene vivo.

Nunca hubiésemos llegado a este punto de la reconstrucción de la vida de Castro de no ser por la chispa del decano de la investigación del béisbol en español, don Juan Vené, quien ha aportado su vasto conocimiento y su tiempo como base y fundamento de esta búsqueda.

De la misma forma, se debe dar crédito a los invalorables recursos de la Sociedad Americana para la Investigación del Béisbol (SABR).

Para abril del año pasado, algunas bases de datos oficiales cambiaron el lugar de nacimiento de Castro de Medellín —en algunas aparecía Cali— a Nueva York. Fue ahí cuando se abrió de nuevo el baúl sobre la vida de quien fuera conocido entre sus compañeros como «Jud» o «El Conde».

Y es que hasta la SABR llegó a comprar la versión de que Castro había nacido en Nueva York, basándose en los registros de la Asociación de Peloteros de las Grandes Ligas, organismo que ayudó a Castro económicamente hasta el momento de su muerte, en 1941.

De haber sido cierto esto, Castro no sería el pionero nacido en Latinoamérica. El honor sería para el cubano Chick Pedroes, que vio acción en dos juegos en 1902 con el club de Chicago de la Liga Nacional.

Con la colaboración del investigador Nick Martínez, en Las Vegas, Nevada, y tomando como base los datos de Vené y los archivos del Manhattan College, comenzó la búsqueda que arrojó, un día cualquiera, la prueba más verídica encontrada hasta hoy: el registro del barco en el que Castro llegó a los Estados Unidos en 1885 junto a su padre, Néstor, procedentes del puerto colombiano de Aspinwall, hoy en día parte del territorio panameño, que se independizó en 1903.

En el documento aparece Luis Castro como nacido en Colombia, aunque su lugar de nacimiento aún se desconoce. Sin embargo, los documentos del Manhattan College, donde estudió y jugó durante cinco años, indican que su familia estaba residenciada en Medellín, Colombia, ciudad que se supone que es su lugar natal.

Pero un nuevo punto de la investigación era descubrir su lugar de descanso. Su tumba.

Vené cuenta de manera simpática que la búsqueda del cuerpo de Castro lo llevó a recorrer ciudades de Colombia, Panamá, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos.

«Llegué a pensar que la mayor posibilidad era la de Cartagena, pues hay un Luis Castro enterrado en una iglesia, pero nunca imaginé que estaría a unas simples cuadras de mi casa en Flushing», dice el periodista, que trabaja en la zona de Shea Stadium desde hace más de 25 años.

En efecto, al comparar la fecha de muerte registrada en el acta de defunción del estado de Nueva York con la que maneja la Asociación de Peloteros, se concluye que el Luis Castro que murió en Nueva York el 24 de septiembre de 1941 es el mismo que fue enterrado en el cementerio Mount St. Mary, en Flushing, dos días después.

Esta semana tuve el honor de visitar el lugar en compañía del propio Vené. Increíblemente, a cinco minutos de su casa.

Al llegar, nos atendió amablemente Yen, una mujer asiática con mucha experiencia necrológica.

«He escuchado hablar del caso y es uno de los más extraños que tenemos acá, pero no sabía que se trataba de un jugador de béisbol», dijo.

Buscando en los archivos de los años 40, Yen encontró que se conoce el lugar de entierro de Castro; sin embargo, por alguna razón, no existe una lápida ni ninguna marca que lo identifique.

El cuerpo de Luis Castro se encuentra en la división 10, fila 9, número 18. ¡Qué gracioso! Parece la ubicación de una silla en un estadio de béisbol. Sus vecinos son el señor Potash, en el número 16, y la familia Tait, de cinco miembros, en el número 20.

Castro está tan olvidado que en su lugar incluso colocaron la placa de William J. Walters, quien yace acompañado de un reconocimiento de la Legión de mujeres para la ayuda de veteranos de guerras en el exterior.

«Él está frente a esta placa, que no debería estar acá», dice uno de los trabajadores de mantenimiento del cementerio.

«Hay algunos casos acá, como este, de gente que en los años 40 no tenía suficiente dinero para cubrir los costos del funeral, pero, como la parcela ya estaba pagada, fueron enterrados», nos explicó Yen. «Sin embargo, nunca nadie canceló las anualidades para el cuidado de su lugar».

Las reglas de los cementerios de Nueva York establecen que, al transcurrir 20 años sin haber cumplido con la cuota anual de mantenimiento, como efectivamente ocurrió en su caso, el cementerio adquiere todos los derechos sobre la parcela y el cuerpo por concepto de abandono.

En el caso de quien abrió las puertas a los hispanos en las Mayores, nunca hubo ni siquiera una placa. ¡No la hay!

Los servicios fúnebres de Castro fueron realizados por el Quinn Fogarty Funeral Home, que funciona desde 1896 y se mantiene en actividad. El estado de Nueva York le asignó el número 19278 al difunto en su acta de defunción.

«Es triste. Al final del camino, todos terminamos siendo un número», dice Yen de manera curiosa. También en el béisbol todos son un número.

Según el acta, Castro regresó a Nueva York en los años 20, tras dos décadas en el béisbol profesional como jugador y mánager con varios equipos de las Ligas Menores.

En los años 30 colocó en el censo, como ocupación, «jugador de béisbol». Su certificado de defunción indica que murió trabajando como bartender, tras residir en Nueva York durante sus últimos 18 años junto a su esposa, Margaret.

La versión de que era venezolano quedó descartada con sus registros del Manhattan College y del barco. Existe la posibilidad de que haya sido pariente del general Cipriano Castro, presidente venezolano a principios de siglo; pero no se puede confiar mucho en la propia palabra de Luis.

Periódicos de la época en Atlanta, Los Ángeles, Portland y Philadelphia nos ayudan a reconstruir su personalidad. Las fuentes indican que Castro decía entre sus compañeros que él era sobrino del mandatario venezolano. En otras oportunidades se lo mencionó como primo e incluso como hijo, lo que le resta credibilidad. Él mismo se hacía llamar «El Presidente de Venezuela». De ahí el sobrenombre de «Conde», pues muchos creían que era un suramericano de importancia política o de una familia importante.

Además, por su celebrada personalidad extrovertida, los cronistas lo calificaban constantemente como el «payaso» del equipo. El 25 de agosto de 1907, el Atlanta Journal-Constitution publicó: «Es el comediante de la liga. Son famosas las miles de historias que cuenta sobre sus escapes; muchas de estas parecen ser verdad y, de no serlo, al menos son divertidas».

La duda sobre su posible ascendencia venezolana queda pendiente de la reconstrucción completa del árbol genealógico del general Castro, tachirense de nacimiento. Se sabe que tenía familia en Colombia y que, de hecho, vivió y estudió en ese país durante su juventud. No se conoce aún un nexo entre Cipriano y Néstor, padre de Luis.

Yo creo que el paso de Luis por el béisbol no pasó inadvertido, como muchos opinan. No fue un hecho insignificante para la época. Al contrario, Castro entendió perfectamente su condición de hispano, al igual que quienes lo rodeaban, y trató, a su manera, de mostrar las habilidades que lo llevaron a jugar con el gran equipo de Philadelphia, campeón de la Liga Americana en 1902 de la mano de Connie Mack.

Por el solo hecho de que su piel no era oscura, aunque tampoco era clara, no hubo mayor problema en su entrada al sistema organizado. Sin embargo, sus llaves de acceso al béisbol de los blancos fueron su dominio perfecto del inglés, su paso exitoso por el Manhattan College, su actuación destacada con el equipo e incluso su «cuento» de provenir de una importante familia, todo lo cual demostraba su desenvolvimiento natural en la cultura americana.

A pesar de su aceptación, muchos fueron los comentarios escritos sobre Castro y su hispanidad. En ellos se destacaban su humor y su presencia, y se empleaban calificativos como «Torero Mexicano» o expresiones como «tiene la rapidez de aquellos con sangre hispana». Generalmente eran comentarios en buen tono, pero siempre destacaban su condición racial, única en todos los terrenos donde jugó.

El rompecabezas de la vida de Luis Castro aún continúa, aunque con un panorama mucho más claro. Hoy la meta es colocar una placa en el lugar donde descansa para señalar su tumba, celebrar su vida y honrar su legado deportivo, social y cultural. El pasado mes de noviembre, su nombre ingresó en el Salón de la Fama del Manhattan College.

Sin la fanfarria de Jackie Robinson ni la trascendencia de Roberto Clemente, Luis Castro fue el primero que logró traspasar las barreras culturales y raciales en las Grandes Ligas.

Él supo que fue el primero. Su astucia le hizo entender su puesto en la historia. Estoy seguro de eso.

Nueva York. Primavera de 2008.

Postemporada de la NPB 2026: cómo funciona y cuáles serían los cruces si la temporada terminara hoy

El béisbol japonés refuerza el valor de la temporada regular: el campeón de cada liga puede comenzar la ronda decisiva con dos victorias de ventaja. Pero hay condiciones específicas y un detalle fundamental: también cambia la cantidad de triunfos necesarios para avanzar.

YOKOHAMA STADIUM – ESPECIAL DIAMANTE 23 JP

Nota de actualización: este análisis utiliza las posiciones oficiales al cierre del 8 de septiembre de 2026, antes de la jornada del 9 de septiembre en Japón. Los cruces son una simulación, no enfrentamientos confirmados.

Clasificar a la postemporada japonesa no significa empezar de cero. En la Nippon Professional Baseball, mejor conocida como NPB, lo conseguido durante la temporada regular acompaña a los equipos hasta octubre. Y en 2026, esa diferencia puede ser todavía más importante: bajo determinadas condiciones, el campeón de una liga comenzará la ronda final de la Climax Series con dos victorias acreditadas antes del primer lanzamiento.

Para el aficionado latino, la pregunta ya no es solamente quién entra a los playoffs. También importa con qué récord entra y a cuántos juegos termina del primer lugar.

Primero: ganar una liga no es lo mismo que ser campeón de Japón

La NPB está dividida en la Liga Central y la Liga del Pacífico, con seis equipos en cada una. La temporada regular contempla 143 partidos por club: 125 frente a los otros integrantes de su liga y 18 de encuentros interligas.

Los tres primeros de cada liga avanzan a la Climax Series, el torneo que determina quién representará a cada circuito en la Serie de Japón. El segundo y el tercero se enfrentan primero; el ganador pasa a jugar contra el equipo que terminó en la cima.

Aquí aparece una diferencia importante para quienes siguen principalmente las Grandes Ligas: el campeón de cada liga japonesa se determina en la temporada regular. La Climax Series decide el boleto a la final nacional. Por eso, un equipo puede conquistar el campeonato de su liga y después quedarse fuera de la Serie de Japón.

Primera ronda: segundo contra tercero, en casa del segundo

La primera fase, denominada First Stage, es una serie de un máximo de tres partidos. El primero que consigue dos victorias avanza, y todos los encuentros se disputan en casa del segundo lugar. El líder de la liga no participa en esta ronda.

El segundo puesto no recibe una victoria automática, pero sí tiene otra protección: si los resultados dejan a ambos equipos igualados en triunfos —por ejemplo, una victoria para cada uno y un empate—, avanza el que terminó mejor ubicado en la temporada regular. La primera fase conserva su formato en 2026.

Eso convierte la pelea por el segundo lugar en mucho más que una cuestión de prestigio: permite jugar toda la primera ronda como local y contar con el criterio de desempate a favor.

La final de la Climax Series: cuándo se comienza 1-0 y cuándo 2-0

El ganador de la primera ronda enfrenta al campeón de la temporada regular en el Final Stage. Todos los partidos se juegan en casa del campeón de liga. El formato habitual le acredita una victoria de entrada: comienza 1-0, se disputan hasta seis encuentros y avanza el primero que llega a cuatro triunfos, contando esa ventaja.

La novedad de 2026

El campeón comienza con dos victorias de ventaja si el rival que superó la primera ronda cumple al menos una de estas condiciones:

  • Terminó la temporada regular a 10 juegos o más del campeón de liga.
  • Terminó con un porcentaje de victorias inferior a .500, es decir, con más derrotas que triunfos.

Basta con cumplir una. La evaluación corresponde al equipo que efectivamente llega a enfrentar al campeón, no automáticamente al segundo o al tercero de la tabla.

Cuando se activa esa ventaja, la serie también cambia: se pueden disputar hasta siete partidos y la meta pasa a ser cinco victorias, incluyendo las dos acreditadas al campeón. Cumplir ambas condiciones no produce una ventaja de tres triunfos.

ElementoFormato habitualFormato con ventaja ampliada
Ventaja inicial del campeón1-02-0
Máximo de partidos por disputar67
Meta de victorias, incluida la ventaja45
Victorias en el terreno que necesita el campeón*33
Victorias en el terreno que necesita el retador*45

Comparación suponiendo partidos con ganador y sin interrupciones que impidan completar la serie. Elaboración a partir del formato oficial.

El detalle fundamental: comenzar 2-0 no significa que al campeón le baste con ganar dos partidos. La meta también aumenta. El beneficio consiste en obligar al retador a conseguir cinco victorias antes de que el líder obtenga tres.

Los empates pueden modificar esas cuentas. Si no se alcanza la meta prevista, el reglamento compara las victorias, incluyendo la ventaja inicial; una igualdad favorece al campeón de la temporada regular.

Si la temporada terminara hoy: el panorama de la Liga Central para la Postemporada de la NPB

Hanshin estaría en la posición privilegiada, mientras Yomiuri y Yokohama tendrían que resolver primero quién lo enfrenta.

PosiciónEquipoGanados–Perdidos–EmpatadosPorcentajeJuegos detrás
1Hanshin Tigers69–52–1.570—
2Yomiuri Giants67–56–2.5453.0
3Yokohama DeNA BayStars57–63–3.47511.5
4Tokyo Yakult Swallows54–67–2.44615.0
5Chunichi Dragons54–71–2.43217.0
6Hiroshima Toyo Carp49–67–4.42217.5

En negritas, los equipos que entrarían a la postemporada con este corte. Datos oficiales al 8 de septiembre.

El cuadro hipotético sería Yomiuri, segundo, contra Yokohama, tercero, con todos los encuentros en casa de los Giants. Hanshin esperaría al ganador. Al aplicar las reglas a las posiciones actuales, aparecen dos escenarios muy diferentes.

Si avanzara Yomiuri: Hanshin comenzaría con una victoria de ventaja. Los Giants están a tres juegos del líder y tienen porcentaje de .545, por lo que no activarían ninguna de las condiciones especiales.

Si avanzara Yokohama: Hanshin comenzaría con dos victorias de ventaja. Los BayStars están a 11.5 juegos y tienen porcentaje de .475: cumplen las dos condiciones, aunque el beneficio máximo seguiría siendo de dos triunfos.

Esa es la gran diferencia que introduce el sistema: un mismo campeón puede afrontar una final con ventaja de 1-0 o de 2-0 dependiendo de quién sea su rival.

La fotografía tampoco garantiza la presencia de Yokohama. Calculando la diferencia entre ambos registros, Yakult está a 3.5 juegos del tercer puesto. Los BayStars todavía tienen una pelea por proteger su lugar, además del desafío de mejorar las condiciones con las que llegarían a octubre.

Liga del Pacífico: SoftBank espera, Seibu y Nippon-Ham se enfrentarían

En el Pacífico, SoftBank encabeza la clasificación, pero sus dos perseguidores se mantienen por encima de .500 y a menos de diez juegos.

PosiciónEquipoGanados–Perdidos–EmpatadosPorcentajeJuegos detrás
1Fukuoka SoftBank Hawks76–45–3.628—
2Saitama Seibu Lions71–52–3.5776.0
3Hokkaido Nippon-Ham Fighters71–54–2.5687.0
4Orix Buffaloes59–65–2.47618.5
5Chiba Lotte Marines55–62–3.47019.0
6Tohoku Rakuten Golden Eagles47–75–1.38529.5

En negritas, los equipos que entrarían a la postemporada con este corte. Datos oficiales al 8 de septiembre.

El enfrentamiento inicial sería Seibu contra Nippon-Ham, con todos los partidos en casa de los Lions. SoftBank recibiría al ganador. En esta simulación, los Hawks comenzarían 1-0 ante cualquiera de los dos, porque Seibu está a seis juegos y Nippon-Ham a siete, ambos con récord ganador.

La pelea por el segundo lugar también merece atención. Seibu y Nippon-Ham tienen 71 victorias cada uno, pero los Lions acumulan dos derrotas menos y, por tanto, un porcentaje superior. Esa diferencia les daría la localía de toda la primera ronda. Es un ejemplo concreto de por qué mirar únicamente la columna de victorias no cuenta toda la historia.

Por qué ahora importa tanto el récord: el ejemplo de Yokohama

El caso de los BayStars permite entender el efecto de la reforma sin perderse en demasiadas matemáticas.

Yokohama tiene 57 victorias, 63 derrotas y tres empates en 123 partidos. Sobre un calendario de 143 encuentros, le quedan 20 por disputar. Si terminara esos juegos con marca de 13-7, cerraría con 70 victorias, 70 derrotas y tres empates: exactamente .500. Ese cálculo excluye los empates del porcentaje, como refleja la clasificación oficial.

Llegar a .500 eliminaría la condición relacionada con un récord perdedor. Pero no bastaría por sí solo para evitar la ventaja ampliada: también tendría que terminar a menos de diez juegos del equipo que finalmente gane la liga. Del mismo modo, acercarse a nueve juegos no resolvería el problema si siguiera por debajo de .500. Es la consecuencia de que cualquiera de las dos condiciones active el formato especial.

La conclusión deportiva es clara: asegurar un puesto de postemporada no necesariamente elimina los incentivos para seguir ganando. Para un retador, mejorar el cierre puede reducir de cinco a cuatro la cantidad de victorias que necesitaría en el terreno para superar al campeón.

La Serie de Japón: aquí no se arrastra la ventaja

Los ganadores de las dos Climax Series se enfrentan por el campeonato nacional. Las victorias acreditadas en la ronda anterior no pasan a la Serie de Japón: la definición comienza sin ventaja y termina cuando uno de los equipos consigue cuatro triunfos. El formato contempla siete encuentros iniciales, con la posibilidad de partidos adicionales si los empates impiden resolver el campeonato.

Para 2026, la Serie de Japón está programada para comenzar el 24 de octubre. El representante de la Liga Central recibirá los juegos 1 y 2 y, de ser necesarios, el 6 y el 7. El representante del Pacífico será local en los juegos 3, 4 y 5. El séptimo encuentro está previsto para el 1 de noviembre.

Antes, la primera ronda de la Climax Series se disputará del 10 al 12 de octubre. La fase final comenzará el 14 de octubre y su calendario puede extenderse hasta un séptimo encuentro el 20 de octubre, cuando corresponda el formato de ventaja ampliada.

Clasificar mantiene vivo el sueño; ganar mejora el camino

La reforma no cierra la puerta a un equipo con récord perdedor ni elimina la posibilidad de una sorpresa. Lo que hace es elevar la exigencia para un retador que terminó por debajo de .500 o demasiado lejos del campeón.

Para el fan latino, esa es la idea central: en Japón no basta con preguntar quién está dentro de los playoffs. También hay que mirar cómo llegó hasta allí.

Porque septiembre no solamente decide quién juega en octubre. También puede decidir con cuántas victorias comienza.

Las claves

  • En la postemporada NPB, el campeón de cada liga puede comenzar la Climax Series con dos victorias de ventaja bajo ciertas condiciones.
  • Ganar una liga no garantiza ser campeón de Japón; la Climax Series decide el representante en la Serie de Japón.
  • La primera ronda enfrenta al segundo y tercero con la ventaja del segundo en juegos en casa y criterio de desempate.
  • La novedad de 2026 permite al campeón comenzar la final con 2-0 si su rival cumple condiciones específicas en la temporada regular.
  • El récord de victorias importa mucho; un equipo con un récord perdedor enfrenta mayores desafíos en la postemporada.