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Freddy Peralta: mejorar no siempre significa ponchar más

Por Eugenio Hernández · Opinión y análisis

Freddy Peralta está ayudando a ganar a Tampa Bay sin necesitar más ponches para hacerlo. Esa es la parte de su temporada que merece una mirada más larga que el marcador. El derecho dominicano aportó cuatro entradas y dos tercios de una carrera en el triunfo 5-2 sobre los Yankees del 5 de octubre. Los Rays quedaron arriba 2-0 en la Serie Divisional. Su actuación fue útil; convertirla en una exhibición de dominio absoluto sería contar otro partido.

Peralta dejó dos corredores en el quinto. Cam Booser caminó a Ben Rice y después escapó con las bases llenas. El relevo protegió también la línea estadística del abridor. Octubre permite celebrar la contribución individual, pero obliga a reconocer dónde empezó la ayuda.

La mejora está en los resultados; la explicación exige más

La comparación de sus dos etapas de temporada regular en 2026 resulta reveladora. Con los Mets tuvo efectividad de 4.99 en 22 aperturas y 113⅔ innings. Con los Rays, después de su llegada en agosto, registró 3.25 en diez aperturas y 55⅓ entradas. La efectividad expresa carreras limpias permitidas por cada nueve innings: bajarla significa una mejora real en prevención de carreras, aunque no explique por sí sola cómo ocurrió.

Al medir cada enfrentamiento aparece el matiz. En Nueva York ponchó a 113 de 512 bateadores: 22,1%. En Tampa Bay, a 43 de 218: 19,7%. Los boletos también descendieron: de 48 entre esos 512 rivales, 9,4%, a 15 entre 218, 6,9%.

Freddy Peralta en la temporada regular 2026: Mets, 22,1% de ponches y 9,4% de boletos ante 512 bateadores; Rays, 19,7% y 6,9% ante 218.
Temporada regular 2026: 22 aperturas con Mets y diez con Rays. Tasas calculadas sobre bateadores enfrentados; cifras redondeadas a un decimal. Gráfico: Diamante 23.

Hay menos pases gratis, pero también menos outs que prescinden de la defensa. Por eso conviene mirar ambos movimientos juntos. La diferencia entre tasa de ponches y tasa de boletos, conocida como K–BB%, apenas cambió: 12,7 puntos porcentuales con Mets y 12,8 con Rays. Es una medida útil del equilibrio entre esos dos desenlaces, no una evaluación completa del lanzador.

Mi lectura es que la mejor versión de Peralta en esta etapa no puede venderse simplemente como la de un brazo más intimidante. Sus resultados mejoraron mientras ese balance permaneció prácticamente igual. La pregunta interesante está en lo que pasó con los demás turnos y en cómo se distribuyeron los corredores y las carreras.

Evitar un boleto no resuelve toda la ecuación

Una base por bolas concede al rival un corredor sin exigirle un batazo. Reducir su frecuencia limita esa vía de ataque. Pero estos datos no demuestran un cambio específico de mecánica, repertorio o plan de pitcheo, ni permiten adjudicar toda la caída de efectividad a los boletos.

Para sostener esas conclusiones haría falta estudiar la calidad del contacto, la defensa, los rivales y la secuencia de los batazos. Además, las muestras son desiguales: diez aperturas en Tampa Bay frente a 22 en Nueva York. Una comparación describe lo sucedido; no garantiza que la diferencia se mantenga.

La salida ante los Yankees resume ese cuidado. Peralta consiguió tres ponches, concedió un boleto y enfrentó a 18 bateadores. No necesitó una colección de swings fallidos para aportar. Tampoco terminó el quinto por cuenta propia. Ambas cosas pueden ser ciertas sin rebajar su trabajo.

El aporte latino también se construye desde el montículo

Para el fanático dominicano que sigue al lanzador de Moca, hay un motivo concreto para valorar este tramo: Peralta está contribuyendo a una oportunidad de campeonato después de una primera etapa bastante menos eficaz. Su aporte amplía una historia de Tampa Bay que también tiene al mexicano Jonathan Aranda como protagonista ofensivo. El impacto latino en este equipo también pasa por evitar carreras y entregar un partido competitivo al siguiente brazo.

Ahí está, a mi juicio, el valor de observarlo con otra vara. El ponche merece el aplauso; la evaluación necesita el turno completo. Peralta mejoró sus resultados sin aumentar la frecuencia de su golpe más vistoso. Reconocerlo es justo. Llamarlo una transformación definitiva todavía sería adelantarse a la evidencia.

Fotografía destacada de archivo: Freddy Peralta con los Mets en Toronto, 1 de julio de 2026. Autor: ウィ貴公子 / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde al partido del 5 de octubre.

Ohtani: cuatro pitcheos en la zona y una lección sobre el valor de esperar

Análisis | Por Leonte Landino

En el béisbol moderno, todos los equipos conocen la regla: «Que no te gane el caballo, el alma de la alineación, el hombre de la fuerza». Si alguien más va a hacerte daño, que sea otro. Al más peligroso se le trabaja con cuidado, se le saca de ritmo y, si hace falta, se le entrega la primera base.

Con Shohei Ohtani, esa tesis cobra una dimensión distinta. Full-Count publicó el 5 de octubre un dato revelador sobre el segundo juego divisional entre Atlanta y Los Ángeles: de los 19 lanzamientos que recibió, apenas cuatro estuvieron en la zona de strike. Los Dodgers perdieron 3-2 en el encuentro del 4 de octubre en California.

El mensaje del rival está claro. Nadie quiere ser la víctima del próximo gran momento de Shohei.

El «túnel del terror» también necesita paciencia

Esa vieja tesis de evitar al caballo ayuda a entender el valor de la alineación que construyeron los Dodgers. Para impedir que sacar de ritmo a una superestrella neutralizara a todo el equipo, se buscaron una fila de superestrellas. Si le tienes miedo a uno, detrás viene otro.

Es lo que tengo llamando desde hace un tiempo «un túnel del terror».

Pero ese túnel pierde fuerza si el primer bateador, empeñado en resolverlo todo, termina persiguiendo lo que el pitcher quería que persiguiera. La profundidad de una alineación también exige confianza: aceptar la base y dejarle el problema al que viene detrás. El rival puede evitar un duelo. Lo difícil es escapar de todos.

Cuatro en la zona no significa cuatro strikes

La distinción importa. Un lanzamiento fuera de la zona también puede sumar un strike si el bateador abanica o conecta un foul antes de tener dos strikes. El dato describe la ubicación de los pitcheos, no el total de strikes en el conteo. El rival puede conseguir lo que busca sin ofrecer una pelota dentro de la zona.

DIAMANTE 23 · EL DATO

4 de 19

Lanzamientos dentro de la zona: 21,1 %

Lanzamientos fuera de la zona: 15 · 78,9 %

Muestra: los 19 pitcheos recibidos por Ohtani en el Juego 2, 4 de octubre de 2026. Dato reportado por Full-Count; porcentajes calculados por Diamante 23. Es ubicación, no resultado del lanzamiento.

Nikkan Sports aporta otra medida: ocho de sus 11 swings fueron contra pelotas fuera de la zona, aproximadamente el 73 %. Ese porcentaje corresponde a sus swings, no a todos los pitcheos fuera de la zona que recibió. El mismo medio recoge el diagnóstico de Dave Roberts: salir a buscar esas pelotas dificulta hacer contacto sólido.

Diecinueve lanzamientos son la muestra de un partido. No alcanzan para diagnosticar una transformación permanente ni para saber lo que pasa por la cabeza de Ohtani. Sí muestran cómo el rival puede aprovechar esas decisiones.

Más que impaciencia, ímpetu

Mi lectura es que Shohei enfrenta algo más que impaciencia. Enfrenta ímpetu. Esas ganas de producir, de ser el héroe, de crear los grandes momentos. La fuerza que lo hace extraordinario también puede empujarlo a buscar un batazo donde el lanzador no quiere concedérselo.

Y eso resulta frustrante para Shohei, para los Dodgers y para los fanáticos: ver que el miedo supere la competencia, que el duelo esperado se convierta en una invitación a perseguir.

¿Es justo? Desde el deseo de ver competir a los mejores, no. ¿Es válido? Por supuesto que sí. El pitcher está allí para ganar, no para regalarle al público la escena que quiere ver.

Ohtani debe contribuir con su paciencia. Eso tampoco significa quedarse mirando todo. Con dos strikes hay que protegerse y, cuando llegue un lanzamiento que pueda castigar, atacarlo. Pero su responsabilidad de producir no lo obliga a convertir cada turno en una hazaña.

Estoy convencido de que esa paciencia puede acercar a los Dodgers a otro título. Un boleto conserva un out, coloca un corredor y obliga al lanzador a enfrentar al siguiente hombre del túnel. Llenar las bases en un playoff añade una presión enorme: reduce el margen de error y convierte una mala decisión en un problema mayor. Ningún pitcher quiere vivir ahí.

El poder de Shohei también está en obligar al rival a asumir las consecuencias de no enfrentarlo.

Mientras tanto, Shohei debe ser paciente. Y el mundo también.

El momento heroico llegará. Él está hecho para eso.

Relacionado: Chourio y las distintas maneras de cambiar un partido más allá del jonrón.

Fotografía de archivo: Shohei Ohtani en Washington, 24 de abril de 2024. David / Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0. Imagen redimensionada; no corresponde al encuentro de octubre de 2026.

Jonathan Aranda: un jonrón de octubre respaldado por 155 juegos

Por Eugenio Hernández

Opinión y análisis

El jonrón solitario de Jonathan Aranda que produjo la única carrera en el triunfo 1-0 de Tampa Bay sobre los Yankees, el 3 de octubre en el primer juego de la Serie Divisional, fue una jugada enorme. Pero reducir su impacto a ese batazo sería perder la historia más útil: el mexicano llegó a octubre después de construir durante 155 juegos una forma de producir que no depende exclusivamente del cuadrangular.

La tesis: Aranda vale porque combina poder suficiente con una disciplina que alarga entradas y obliga al rival a trabajar. El jonrón ante Gerrit Cole fue la expresión más visible de una temporada completa, no la prueba aislada de una supuesta capacidad mágica para aparecer en momentos grandes.

El dato que importa más que un swing

Aranda cerró la temporada regular con una línea de .274/.358/.434, 22 jonrones y 92 carreras impulsadas en 668 apariciones al plato. La diferencia de 84 puntos entre su promedio y su porcentaje de embasarse explica buena parte de su valor. Sus 69 boletos equivalen al 10.3% de sus apariciones, una tasa calculada sobre toda la campaña, no sobre una racha corta.

Su OPS+ de 121 significa que su producción ofensiva total estuvo 21% por encima del promedio de la liga después de los ajustes habituales por contexto. Esa métrica no demuestra por sí sola que Aranda cause más victorias ni mide “carácter”; sí permite comparar su rendimiento con un marco más limpio que las impulsadas o el promedio de bateo por separado.

También existe un límite que conviene reconocer: 163 ponches en 668 apariciones representan 24.4%. La paciencia no elimina la vulnerabilidad al swing fallido. En octubre, cuando los rivales explotan patrones con mayor precisión, la batalla de Aranda será conservar el control de la zona sin convertir la selectividad en pasividad.

Una carrera puede valer toda una noche

En la tercera entrada del primer juego, Aranda conectó un cambio en cuenta de 2-2 ante Cole. Fue uno de apenas cinco hits de Tampa Bay y la única carrera. El pitcheo de Drew Rasmussen y Bryan Baker hizo posible que ese margen sobreviviera; por eso el resultado no debe atribuirse a un solo jugador.

La lectura analítica es más interesante: un bateador que llega a base con frecuencia obliga al lanzador a disputar cada turno. Cuando además posee poder de 22 jonrones, un error dentro de la zona puede decidir un partido de pocas oportunidades. Ese perfil tiene valor transferible, aun cuando el próximo batazo no salga del parque.

Un impacto mexicano que no necesita adornos

Para el aficionado latino, y en particular para el béisbol mexicano, lo significativo no es solamente que Aranda nació en Tijuana. Es que ocupó un papel cotidiano y productivo durante 155 juegos. La representación pesa más cuando se traduce en responsabilidad deportiva sostenida: turnos importantes, ajustes y presencia en una alineación que también exige producción a figuras latinas como Junior Caminero.

Mi opinión es que el siguiente indicador no debe ser otro jonrón inmediato. Conviene observar si Aranda mantiene los boletos cuando los Yankees ataquen temprano la zona, y si puede reducir los ponches sin perder agresividad. Ahí se medirá si el método que funcionó durante seis meses resiste la compresión táctica de octubre.

Crédito de imagen destacada: Tropicana Field, fotografía de archivo tomada el 10 de junio de 2024 por Quintin Soloviev, vía Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0. Imagen redimensionada. Fuente de la fotografía.

White Sox: abrir con Kay exige pensar más allá del primer inning

Por Leonte Landino

Opinión y análisis

Los White Sox confirmaron el 4 de octubre de 2026 que Anthony Kay abrirá el segundo juego de la Serie Divisional contra Cleveland, previsto para el lunes 5. Sean Burke está señalado para lanzar la mayor parte de las entradas. Mi lectura: Chicago está apostando por repartir el trabajo según las necesidades del partido, una decisión que merece evaluarse por su ejecución y su costo para la serie.

La victoria 3-0 del 3 de octubre ofrece evidencia, aunque todavía limitada. Cinco lanzadores completaron la blanqueada y Grant Taylor consiguió los últimos doce outs. La pregunta útil no es si ese reparto luce tradicional, sino qué ventajas crea y cuánto puede sostenerse.

Un abridor corto también necesita un plan largo

Kay hizo 31 aperturas en 33 apariciones durante la temporada regular de 2026. Su nuevo encargo acorta un trabajo que normalmente era extenso. A mi juicio, ese cambio obliga a distinguir capacidad y función: ser capaz de abrir un juego no exige permanecer en él hasta una entrada predeterminada.

Kay, zurdo, asumirá el primer tramo; Burke, derecho, está previsto para el trabajo más extenso. Ese cambio de perfil obliga al rival a prepararse para dos desafíos dentro del mismo juego. Puede complicar decisiones de alineación y sustitución, pero no garantiza una ventaja: también depende del orden de bateo y de la calidad de los lanzamientos.

El calendario importa. Entre los primeros tres encuentros hay dos días sin partido. Eso permite considerar usos que serían más difíciles en jornadas consecutivas. Mi tesis es que Chicago aprovecha una condición concreta del calendario; convertir esa estrategia en receta universal sería ignorar su principal límite.

Los ponches explican mejor a Taylor que el salvamento

En la temporada regular de 2026, Taylor enfrentó a 336 bateadores en 84 entradas: acumuló 106 ponches y 30 boletos. Sus tasas fueron 31,5% y 8,9%, respectivamente, una diferencia de 22,6 puntos porcentuales calculada con esas cifras. Es una muestra mucho más informativa que una sola tarde de octubre.

Esa diferencia describe la frecuencia con que termina una aparición al plato sin pelota en juego frente a la frecuencia con que concede una base por bolas. Ayuda a entender por qué resulta atractivo para proteger ventajas: el ponche elimina la posibilidad de que ese bateador conecte un hit. Sin embargo, la métrica no mide por sí sola el daño del contacto permitido, la fatiga ni el desempeño frente a una alineación específica.

Ante Cleveland, Taylor lanzó cuatro entradas sin carreras, con seis ponches, dos hits y 42 lanzamientos. Ese resultado demuestra que el uso prolongado funcionó en ese encuentro. No demuestra que pueda repetirlo cada vez ni que todo relevista dominante deba hacerlo. Chicago tendrá que leer su recuperación, no solamente el marcador.

El aporte latino también está en construir la oportunidad

La secuencia ofensiva ofrece otra forma de mirar el equipo. El cubano Miguel Vargas conectó un sencillo antes del jonrón de dos carreras de Munetaka Murakami en el cuarto episodio. Vargas terminó con un hit y dos boletos en cuatro apariciones al plato: llegó a base tres veces.

Para el fanático latino, esa contribución merece espacio propio. Embasarse permite que el poder de un compañero produzca más carreras; esa función puede quedar escondida cuando el relato se concentra en quien bateó el jonrón. Cuatro apariciones no establecen una tendencia, pero sí explican una parte verificable de esta victoria.

Es una conversación emparentada con nuestro análisis del valor de Chourio más allá del jonrón: evaluar todas las vías de contribución mejora la lectura del béisbol.

La decisión de abrir con Kay invita a observar tres cosas: qué tramo resuelve, cuánto trabajo recibe Burke y qué disponibilidad queda para el siguiente encuentro. Si Chicago convierte esa distribución en outs de calidad sin comprometer la recuperación, habrá una ventaja tangible. El verdadero examen del plan empieza cuando debe ajustarse.

Fotografía destacada: estadio de los White Sox, entonces llamado Guaranteed Rate Field, el 23 de julio de 2019. Foto de archivo de David Wilson, vía Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY 2.0. Redimensionada para el sitio.

Chourio vale más que un jonrón: tres maneras de cambiar un partido

Opinión | Por Eugenio Hernández

El jonrón de Jackson Chourio en la apertura divisional invita a una celebración legítima, pero también a una lectura más exigente. El venezolano aporta algo más útil que la promesa de un batazo decisivo: distintas maneras de alterar un partido. Mi tesis es que esa variedad explica mejor su valor para Milwaukee que cualquier etiqueta de héroe de octubre.

El 3 de octubre de 2026, los Brewers vencieron 3-2 a los Padres. Chourio empató con un jonrón de dos carreras en el tercer inning; William Contreras rompió la igualdad en el séptimo. El batazo de Chourio salió a 113.3 millas por hora y recorrió 420 pies. Es una demostración de impacto en ese contacto, no una medida de la calidad de todos sus turnos.

El jugador completo aparece en una muestra mayor

En la temporada regular de 2026, Chourio acumuló 573 apariciones al plato en 127 partidos: 25 jonrones, 23 robos y una línea de .291/.351/.487, para un OPS de .837. Es una base más amplia para evaluarlo que una noche de postemporada. También delimita la comparación: estas cifras pertenecen a la fase regular, no a la serie contra San Diego.

El porcentaje de embasarse, .351, supera en 60 puntos su promedio de bateo. Esa diferencia recuerda por qué contar hits deja parte del trabajo fuera del análisis. Llegar a base mediante un boleto también evita un out y sostiene una oportunidad. Sus 47 bases por bolas equivalen a aproximadamente 8.2% de sus apariciones al plato: un cálculo descriptivo, no una prueba de que cada decisión de selección haya sido correcta.

La velocidad añade otra dimensión. Sus 23 robos en 28 intentos representan un éxito de 82.1%. Ese porcentaje permite contextualizar el volumen: los cinco intentos fallidos tuvieron un costo. No demuestra que deba salir en cualquier conteo ni que todos los robos tengan el mismo valor; marcador, outs y bateador cambian la conveniencia de arriesgarse.

Milwaukee necesita poder sin depender exclusivamente de él

Los Brewers ganaron 103 juegos en la fase regular pese a conectar 154 jonrones, la menor cifra de la Liga Nacional. Ese contraste impide confundir una herramienta ofensiva con toda la identidad del equipo. Tener menos cuadrangulares no significa que el poder sea prescindible; significa que el club tuvo que construir victorias de otras maneras.

Chourio resulta valioso dentro de ese equilibrio. Puede aportar bases adicionales con el bate y presión con las piernas. Esa combinación permite pensar en más de una salida cuando el rival limita una vía de producción. No garantiza una carrera, pero evita reducir el plan a esperar que alguien resuelva todo con un swing.

La victoria inicial tampoco debe convertirse en una receta. Dos jonrones produjeron las tres carreras de Milwaukee, pero el pitcheo tuvo que protegerlas. La contribución de Chourio funciona dentro de esa dependencia mutua: el talento individual abre una ventaja y el resto del equipo decide cuánto dura.

Celebrar al venezolano también exige evaluar su oficio

Para el fanático latino, reconocer a Chourio implica explicar cómo juega. El orgullo por su origen gana profundidad cuando se acompaña de preguntas sobre selección de lanzamientos, agresividad en las bases y adaptación. Son aspectos del trabajo profesional que merecen tanto espacio como la celebración del jonrón.

Una mala noche futura no borrará su temporada, igual que un batazo oportuno no demuestra una capacidad permanente para producir bajo presión. Harían falta más oportunidades y comparaciones adecuadas para sostener esa conclusión. La opinión puede ser firme sin atribuir a un jugador propiedades que la muestra todavía no prueba.

Como planteamos en nuestro análisis del impacto de Tatis en los Padres, conviene mirar las posibilidades que una figura abre para el conjunto. Con Chourio, la pregunta duradera es esa: cómo convertir poder, embasamiento y velocidad en ventajas que Milwaukee pueda aprovechar.

Foto de archivo: Jackson Chourio, 7 de junio de 2025. IanStone20165 / Wikimedia Commons, CC BY 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde al juego de octubre de 2026.

Yankees sin Aaron Judge: la decisión que obliga a ganar con un plan colectivo

Opinión | Por Eugenio Hernández

La decisión ya tiene nombre y consecuencia: Aaron Judge quedó fuera del roster de los Yankees para la Serie Divisional contra Tampa Bay. A partir de ahí, el análisis debería avanzar hacia la pregunta deportiva que sí puede resolver el equipo: cómo construir un plan competitivo con los jugadores disponibles.

Nueva York presentó este 3 de octubre su roster de 26 jugadores sin su capitán, quien se recupera de una lesión en la pantorrilla derecha. La ausencia está confirmada para esta serie. No estamos ante una simple recomendación de un comentarista ni ante una decisión pendiente.

Disponibilidad y reputación son cosas distintas

La trayectoria de una estrella explica lo que un equipo pierde. No determina, por sí sola, cuánto podría aportar ese jugador en una condición física diferente. El nombre en una camiseta no reemplaza la movilidad, la preparación ni la capacidad de ejecutar.

Eso no permite afirmar desde fuera que conocemos todos los criterios médicos de los Yankees. Tampoco permite calcular un porcentaje de rendimiento posible sin datos. La evaluación responsable empieza por reconocer ese límite: sabemos qué decisión tomó el club, pero no tenemos acceso al expediente clínico ni a todas sus conversaciones internas.

En ese marco, la discusión sobre valentía resulta poco útil. Jugar lesionado no es automáticamente una prueba de compromiso, y reservar a un jugador no significa automáticamente rendirse. La responsabilidad competitiva consiste en elegir una opción sostenible con la información disponible.

El lineup necesita repartir tareas

Sin Judge, buscar un sustituto que reproduzca toda su influencia puede conducir a una trampa. Un bateador podría forzar swings para intentar compensar una ausencia que, por definición, pertenece al conjunto. La alternativa razonable es distribuir la producción y conservar las distintas maneras de crear oportunidades.

Eso implica pensar en decisiones, no únicamente en nombres. ¿Quién puede ofrecer un turno de calidad contra el pitcher del momento? ¿Qué cambio permite conservar una opción para una entrada posterior? ¿Cuándo conviene aceptar un boleto y trasladar la responsabilidad al siguiente bateador? Las respuestas dependerán del partido y no deben convertirse en recetas universales.

La banca y el bullpen también forman parte del contexto. En una serie corta, cada sustitución puede reducir opciones futuras. Administrar el roster exige considerar esa secuencia: una decisión que ayuda en el sexto inning podría dejar una limitación en el noveno. El análisis debe incluir ambos costos.

Ganar sin una figura no vuelve irrelevante su ausencia

Sería igual de erróneo minimizar la pérdida que tratarla como una eliminación anticipada. El béisbol permite que un equipo encuentre contribuciones distintas; también permite que un rival aproveche una debilidad. La ausencia cambia el problema, pero no escribe el resultado.

La tesis de esta columna es que los Yankees deben competir con un plan colectivo explícito, no con la nostalgia de un lineup ideal. El objetivo no es demostrar que Judge sobra. Es reconocer qué tareas quedan sin cubrir y cómo repartirlas sin desordenar el funcionamiento del equipo.

Frente a Tampa Bay, esa será una prueba de construcción y ejecución. La discusión puede empezar con la estrella ausente, pero la serie se jugará con quienes estén en el terreno. Evaluar sus decisiones con precisión será más útil que convertir cada resultado en un juicio sobre una recuperación que todavía no podemos medir desde fuera.

Foto de archivo: Aaron Judge, 8 de junio de 2024. ArielR20130725 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Sin edición del archivo original; no corresponde a la lesión ni a la postemporada de 2026.

Junior Caminero: el poder latino vale más cuando también produce decisiones

Opinión | Por Eugenio Hernández

La conversación sobre un joven bateador de poder suele empezar y terminar en los jonrones. Con Junior Caminero, ese marco se queda corto. En la actualidad de Tampa Bay, su impacto positivo merece evaluarse también por su capacidad para sostener decisiones útiles cuando el rival intenta quitarle la oportunidad de hacer daño.

Caminero llega a su debut de postemporada frente a los Yankees tras una campaña de 42 jonrones, 101 carreras impulsadas y 79 bases por bolas. La combinación de producción y paciencia permite explorar qué puede aportar a Tampa Bay cuando el rival intenta reducir sus oportunidades de hacer daño.

La paciencia también es una forma de poder

El jonrón obliga a mirar una consecuencia visible. La base por bolas obliga a mirar una decisión. Ambas pueden aportar, pero la segunda recuerda algo que suele perderse entre los videos de batazos: un bateador no controla el lanzamiento que recibirá; sí puede trabajar para elegir mejor cuáles atacar.

Una amenaza ofensiva deja de ser completa si el rival logra neutralizarla simplemente evitando la zona. La paciencia permite trasladar esa precaución al siguiente turno. No significa que todo boleto equivalga a una carrera ni que todos los conteos deban prolongarse. Significa que el jugador puede contribuir sin aceptar las condiciones más cómodas para el pitcher.

En una serie corta, esa flexibilidad importa. Una ofensiva que depende de una única forma de producir queda expuesta cuando el rival la identifica. Si su figura central acepta embasarse en lugar de buscar el swing espectacular a cualquier precio, el lineup conserva alternativas.

La figura joven no debe cargar con todo

El entusiasmo por Caminero puede generar una exigencia injusta: tratar cada turno suyo como una obligación de resolver el partido. Ese enfoque confunde su importancia con una responsabilidad exclusiva. Un equipo se fortalece cuando distribuye el trabajo, no cuando convierte a su mejor amenaza en una solución obligatoria.

El resto de Tampa Bay tiene que aprovechar los escenarios que aparezcan. El corredor necesita una lectura responsable; el bateador siguiente, un plan; el cuerpo técnico, una decisión que considere el marcador y los outs. El talento individual produce ventajas potenciales. El funcionamiento colectivo decide cuánto valen.

También debemos evitar que un resultado aislado se convierta en evaluación definitiva. Un ponche no elimina una temporada productiva y un jonrón no demuestra que un bateador ya resolvió todos los problemas de octubre. El análisis exige reconocer el tamaño de la muestra y observar la calidad de las decisiones.

Una representación latina con profundidad

Celebrar a Caminero como figura dominicana tiene sentido. Pero el reconocimiento gana profundidad cuando explica su oficio, además de su origen. La disciplina, la lectura del rival y la adaptación también forman parte del aporte latino en Grandes Ligas.

Esta es nuestra tesis: el poder resulta más valioso cuando no obliga a su dueño a buscarlo en cada lanzamiento. La capacidad de mantener alternativas puede beneficiar a Tampa Bay incluso en los turnos que no terminan en una imagen viral.

Octubre pondrá a prueba esa combinación. No sabemos qué resultado tendrá la serie y no hace falta anticiparlo para reconocer una oportunidad: mirar a Caminero como un jugador que puede cambiar la forma en que el rival administra sus riesgos, en lugar de medirlo únicamente por la distancia de un batazo.

Foto de archivo: Junior Caminero, 24 de febrero de 2025. Toliver5568 / Wikimedia Commons, CC BY 4.0. Sin edición del archivo original; no corresponde a la postemporada de 2026.

Tatis y el valor de responder: el impacto latino que impulsa a los Padres

Opinión | Por Eugenio Hernández

Una estrella aporta más que una jugada espectacular. También modifica las preguntas que debe resolver el rival. Ese es el ángulo desde el que conviene mirar a Fernando Tatis Jr. cuando San Diego entra en otra etapa de octubre: su impacto positivo se entiende mejor por las posibilidades que abre para los Padres que por la búsqueda de un héroe aislado.

San Diego llega a su serie contra Milwaukee después de recuperar impulso ofensivo frente a Chicago. Fernando Tatis Jr. fue uno de los protagonistas: abrió el Wild Card con un jonrón al primer lanzamiento. Ese hecho sirve de punto de partida; lo que sigue es nuestro análisis, no una garantía sobre el resultado de la serie.

Responder importa más que parecer invulnerable

El relato deportivo suele premiar al jugador que nunca parece dudar. Pero un equipo necesita algo más útil: alguien capaz de responder cuando el rival encuentra una debilidad. La diferencia es importante para evaluar el aporte latino. Celebrar a una figura no obliga a borrar sus dificultades; permite explicar por qué superarlas tiene valor competitivo.

Una buena decisión en el plato puede producir un resultado modesto y seguir siendo una buena decisión. Un mal lanzamiento aprovechado puede terminar en un jonrón sin demostrar que todas las dificultades desaparecieron. Confundir proceso y resultado conduce a diagnósticos apresurados, especialmente en una serie corta.

Por eso, la pregunta sobre Tatis no debería limitarse a cuántas veces hará volar la pelota. Conviene observar si reconoce los lanzamientos que puede atacar, si obliga al pitcher a trabajar y si mantiene el criterio cuando no encuentra un lanzamiento favorable. Esas son preguntas de seguimiento, no estadísticas que demos por verificadas en esta columna.

El beneficio debe llegar al resto del lineup

El poder de una figura adquiere otra dimensión cuando el oponente tiene que decidir cómo enfrentarla con corredores en circulación. Lanzarle con cautela puede abrir un turno favorable al siguiente bateador; desafiarla puede elevar el costo de un error. Ninguna de esas situaciones asegura una carrera, pero ambas amplían las rutas posibles de una ofensiva.

La responsabilidad del equipo es convertir esas rutas en decisiones coherentes. No tendría sentido celebrar la amenaza de su principal bateador y desperdiciar oportunidades por perseguir lanzamientos fuera de la zona o regalar outs. El impacto de una estrella necesita una estructura que lo aproveche.

Para el aficionado latino, este enfoque también ofrece una representación más completa. Nuestros jugadores no son únicamente energía, carisma o espectáculo. Son profesionales que resuelven problemas técnicos, se adaptan y condicionan el trabajo del adversario. Reconocer esa dimensión evita reducir su contribución a una caricatura.

Una señal positiva, sin coronaciones anticipadas

La recuperación que describe la cobertura de hoy es una señal para estudiar, no una sentencia sobre Milwaukee. El pitcheo rival puede ajustar y San Diego tendrá que responder otra vez. La confianza resulta valiosa cuando se traduce en preparación; pierde utilidad cuando se convierte en exceso de seguridad.

Nuestra tesis es sencilla: el mejor reconocimiento a Tatis consiste en evaluar cómo su capacidad de respuesta mejora las opciones del conjunto. Si los Padres sostienen ese criterio, su protagonismo latino tendrá un significado más profundo que una colección de highlights. Tendrá valor dentro de un plan para competir.

Foto de archivo: Fernando Tatis Jr., 5 de junio de 2021. Ryan Casey Aguinaldo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde a la postemporada de 2026.

Ganar más debería valer más: la postemporada que MLB necesita cambiar

Voces del Diamante

El cuadro de octubre vuelve a exponer una contradicción: ganar una división puede valer más que ganar partidos. El resembrado es el primer paso hacia una postemporada que premie mejor el rendimiento.

El problema de la postemporada de Grandes Ligas comienza antes del primer lanzamiento. Comienza cuando el lugar donde compites pesa más que lo que hiciste durante seis meses.

Cleveland terminó con 85 victorias y avanzó directamente a la Serie Divisional. Los Yankees ganaron 93 y tendrán que sobrevivir al Wild Card. Houston llegó a octubre con marca de 81-81. Arizona, con 86-76, quedó fuera. Son resultados del sistema, no accidentes del calendario.

Las reglas estaban claras para todos. Pero conocer una regla no la convierte en una buena regla.

MLB necesita cambiar su modelo porque el mérito de la temporada regular no se traduce de manera consistente en los premios de octubre. A veces importa el récord. Otras veces importa más la división. Y después, cuando sobreviven los primeros equipos, un cuadro inflexible impide corregir las distorsiones.

Estos son los récords de los clasificados, ordenados por su siembra actual:

SiembraLiga AmericanaRécordLiga NacionalRécord
1Rays98-64Brewers103-59
2Guardians85-77Dodgers100-62
3Astros81-81Braves94-68
4Yankees93-68Padres91-71
5Red Sox87-75Cubs89-73
6White Sox84-78Phillies88-74

La diferencia entre ambas ligas es visible. Pero no necesitamos declarar que estamos ante la peor disparidad de la historia para cuestionarla. Ese superlativo exigiría comparar temporadas completas, resultados interligas y otras medidas de calidad competitiva. Lo demostrable aquí es más concreto: los umbrales de entrada y las recompensas son desiguales.

También conviene distinguir conceptos. El desequilibrio económico entre organizaciones, la fuerza relativa de las ligas y la justicia del formato no son lo mismo. Un resembrado no arreglará las diferencias de inversión ni convertirá a todos los clubes en contendientes. Sí puede evitar que la estructura agrave las desigualdades deportivas.

El caso más revelador está en la Americana. Sus tres mejores récords pertenecen a Tampa Bay, Nueva York y Boston. Los tres están en el mismo lado del cuadro. Por construcción, solamente uno puede llegar a la Serie de Campeonato. Del otro lado, Cleveland espera al ganador de Houston y los White Sox.

El formato mantiene los cruces fijos: 1 contra ganador de 4/5; 2 contra ganador de 3/6.

Eso significa que dos de los tres mejores equipos de la liga por porcentaje de victorias quedarán eliminados antes de disputar una serie al mejor de siete. No es una predicción: es una consecuencia inevitable del bracket.

Tampa Bay sí recibe beneficios por terminar primero: evita el Wild Card y tiene ventaja de localía dentro de su liga. Negarlo debilitaría la crítica. Lo que no recibe es un mecanismo que le asigne al rival superviviente de menor clasificación.

La explicación de MLB es preservar el cuadro y evitar que el primero enfrente a otro campeón divisional en esa ronda.

Pero resembrar según las posiciones originales tampoco obligaría al primero a enfrentar al tercero. Si gana el tercero, también habrá avanzado el cuarto o el quinto. Si gana el sexto, el primero podría enfrentarlo. La protección del líder y el resembrado son compatibles.

Hay, además, una diferencia decisiva entre resembrar por el número original y reordenar por récord. La primera opción conserva el privilegio divisional. La segunda revisa el mérito deportivo. Mi propuesta es avanzar hacia la segunda.

Las probabilidades ayudan a entender qué está en juego. El 28 de septiembre, la proyección ZiPS de FanGraphs, daba a los Yankees 52,6 % de posibilidades de ganar su serie y a Boston 47,4 %. Trasladadas al cuadro vigente, esas cifras producen los siguientes escenarios:

Rival de Tampa Bay en la Serie DivisionalProbabilidad bajo el cuadro actual
Yankees52,6 %
Red Sox47,4 %
White Sox0 %
Astros0 %

Si los White Sox eliminan a Houston, enfrentarán a Cleveland. Con un resembrado que respete las posiciones originales, les tocaría Tampa Bay: el primer sembrado contra el sexto. El formato actual impide ese cruce, aunque Chicago sea el equipo de menor clasificación que siga en competencia.

¿Ese cambio aumentaría las posibilidades de los Rays de ganar el campeonato? No podemos asegurarlo ni ponerle un porcentaje sin analizar los posibles enfrentamientos. Pero el principio es claro: terminar primero debería darte el derecho de enfrentar al equipo de menor clasificación que sobreviva.

Eso tampoco garantiza un rival fácil. Un equipo con menos victorias puede llegar a octubre con sus mejores lanzadores descansados y sus bateadores encendidos. Otro con mejor récord puede estar golpeado por lesiones.

Premiar la temporada regular no significa decidir quién ganará: significa reconocer lo que cada equipo consiguió durante seis meses.

La contradicción se vuelve todavía más profunda en la postemporada al mirar más allá de las líneas de cada liga

MLB lleva años reduciendo esa separación en el calendario. Desde 2023, todos los equipos enfrentan a los otros 29. Para 2025-2026, la distribución contempla 52 encuentros divisionales, 62 contra los demás equipos de la misma liga y 48 interligas. Casi tres de cada diez partidos cruzan una frontera que octubre vuelve a tratar como infranqueable.

Las rivalidades siguen vivas. Yankees-Mets y White Sox-Cubs demuestran que la identidad de una ciudad puede cruzar las ligas. Dodgers-Padres, que pertenecen a la misma división, muestran el peso de la cercanía geográfica y de la competencia reciente. Son rivalidades distintas, pero ninguna necesita que un peor récord reciba una recompensa superior.

Eso tampoco hace que el calendario sea perfectamente equivalente: todavía enfrentamos a algunos rivales mucho más que a otros. Por eso, una clasificación unificada requeriría revisar la distribución de los juegos. La reforma debe ser seria, no solamente atractiva en un gráfico.

Hay ejemplos que merecen atención sin exageraciones. Houston terminó con diferencial de menos 32 carreras, el único negativo entre los clasificados. Ganar el Oeste no borra esa fragilidad. Un título divisional puede celebrarse sin confundirlo con una temporada dominante.

En Philadelphia, la clasificación llegó después de una semana angustiosa: el equipo perdió cuatro partidos consecutivos y anotó apenas tres carreras en ese tramo antes de asegurar su lugar el domingo. Entrar a octubre no elimina las preguntas sobre el funcionamiento del club.

Boston obliga a un matiz. Los Red Sox estaban 35-46 a mitad del calendario y terminaron 87-75. Eso supone una segunda mitad de 52-29. Su afición tiene razones para celebrar la recuperación, además de exigir más. Sin encuestas, no podemos presentar el estado de ánimo de toda una ciudad como un dato.

El argumento, por tanto, no debe ser que los aficionados de esos equipos no tienen derecho a sentirse felices. Debe ser que la satisfacción de clasificar no sustituye una evaluación exigente de la temporada.

Tampoco hay que atribuirle a MLB una intención que no hemos documentado. El sistema asegura representación divisional y reparte oportunidades entre regiones. Que eso tenga atractivo comercial es comprensible. Que deba imponerse al rendimiento es discutible.

Mi propuesta tiene tres niveles.

Primero, ordenar a los clasificados de cada liga por su récord. Los dos mejores pasarían directamente a la Serie Divisional, sin importar si ganaron su división o entraron como comodines.

Segundo, reorganizar los cruces después del Wild Card: el mejor récord contra el peor y los otros dos entre sí. Pero cambiar solamente los cruces no resolvería todo: los Yankees ya habrían tenido que jugar una ronda que Cleveland evitó con menos victorias.

Tercero, evaluar una clasificación que reúna a todos los equipos de MLB, revisando también el calendario y los viajes para que sea justa. Si todos se enfrentan durante la temporada, ¿por qué no dar los cupos a quienes logren los mejores resultados, sin importar a qué liga pertenecen?

Hay una precisión reveladora: mantener plazas automáticas para todos los campeones divisionales, aun con comodines unificados, no excluiría a Houston. Para seleccionar estrictamente a los mejores por récord habría que revisar también esa garantía. No basta con cambiar el nombre de los cupos.

Cualquier reforma tendría que aprobarse antes de una temporada, con reglas claras para todos. Nadie propone cambiar las condiciones cuando ya conocemos a los beneficiados y perjudicados de 2026. Lo que esta temporada ofrece es evidencia para corregir las siguientes.

Una reforma aún más agresiva será la de reformular cómo se obtienen los cupos hacia la Serie Mundial, pero eso vendrá después de la expansión venidera y la eliminación de las estructuras obsoletas de la Liga Americana y la Liga Nacional.

El béisbol no debe garantizar que siempre gane el favorito. Su incertidumbre es parte de su grandeza, pero sí debe esforzarse para que ganar más produzca una recompensa coherente.

Octubre tiene que decidir al campeón en el terreno. El formato debería llegar a esa cita habiendo respetado mejor lo que ocurrió de marzo a septiembre.

Si MLB insiste en que cada juego cuenta, ha llegado la hora de hacer que todas esas victorias valgan más.

Entra en Beis360.com y sigue los resultados de toda la postemporada de MLB.

Chunichi Dragons adquiere a Ryan Ward: Dodgers vende el contrato del slugger rumbo a la NPB

Los Chunichi Dragons comenzaron a moverse de cara a la temporada 2027. La organización japonesa adquirió de Los Angeles Dodgers los derechos contractuales de Ryan Ward, outfielder y bateador zurdo de 28 años que debutó esta temporada en las Grandes Ligas y construyó buena parte de su reputación gracias a su poder en Triple-A.

Los Dodgers habían sacado a Ward de su roster de 40 jugadores el 16 de septiembre y posteriormente vendieron sus derechos a Chunichi. De esta manera, no se trata simplemente de una contratación como agente libre, sino de una operación entre ambas organizaciones.

El movimiento tiene además un contexto claro para los Dragons. Chunichi atraviesa desde hace varias temporadas un período de malos resultados en la Central League y busca sumar producción ofensiva para volver a competir por los puestos de Climax Series.

Ryan Ward llega a Japón después de debutar con Dodgers

Ward alcanzó finalmente las Grandes Ligas en 2026 después de siete temporadas dentro del sistema de Los Angeles.

Seleccionado por Dodgers en la octava ronda del Draft de 2019, debutó en MLB el 19 de abril de este año. Tras regresar a las menores, recibió una nueva oportunidad a finales de mayo.

En total disputó 20 partidos con Los Angeles, con promedio de .218, tres cuadrangulares y 12 carreras impulsadas.

Su paso por las Mayores fue breve, pero el atractivo de Ward para Chunichi está principalmente en lo que produjo durante las últimas temporadas en Triple-A.

El poder que convirtió a Ward en MVP de Triple-A

La explosión ofensiva de Ward llegó en 2025 con Oklahoma City.

El estadounidense conectó 36 cuadrangulares y produjo 122 carreras, una temporada que le permitió ser reconocido como MVP de la Pacific Coast League. Esa capacidad para generar extrabases es precisamente uno de los elementos que Chunichi buscará trasladar a su lineup.

No fue, además, una producción aislada. Ward ya había mostrado poder en campañas anteriores dentro de las menores y mantuvo ese perfil durante 2026 antes de recibir sus oportunidades con el equipo grande.

Batea a la izquierda, lanza a la derecha y puede desempeñarse en las esquinas de los jardines y también en primera base, ofreciendo distintas alternativas para construir la alineación de los Dragons.

Chunichi busca cambiar varios años de malos resultados

La llegada de Ward cobra mayor sentido al observar las últimas temporadas de Chunichi.

Los Dragons terminaron últimos de la Central League durante tres años consecutivos.

En 2022 registraron marca de 66-75-2, quedando sextos a 15 juegos del primer lugar. Un año después el rendimiento cayó todavía más: Chunichi terminó 2023 con récord de 56-82-5, nuevamente en el fondo de la tabla.

La tendencia tampoco cambió en 2024. Los Dragons cerraron aquella campaña con 60 victorias, 75 derrotas y ocho empates, ocupando por tercer año consecutivo el último lugar de la Central League.

Hubo una mejora en 2025, pero no alcanzó para regresar a la postemporada. Chunichi subió hasta el cuarto puesto con 63-78-2, quedando nuevamente fuera de los tres lugares que permiten disputar la Climax Series.

En 2026 la situación continúa siendo complicada. Al 22 de septiembre, los Dragons marchan otra vez cuartos, con récord de 59-77-2 y porcentaje de .434, a 17 juegos del líder Hanshin Tigers.

Son números que ayudan a explicar por qué la organización comenzó temprano la búsqueda de refuerzos para 2027. En Ward aparece una apuesta por sumar un bate probado en Triple-A que pueda aportar poder inmediatamente a una ofensiva necesitada de mayor profundidad.

Un nuevo bate de poder para los Dragons

Chunichi ya tuvo durante años una referencia extranjera de poder en Dayán Viciedo, quien defendió al equipo desde 2016 hasta 2024 y llegó a convertirse en una de las figuras ofensivas de la organización.

Su etapa en Nagoya terminó después de la temporada 2024. El propio club anunció oficialmente el 8 de octubre de aquel año que Viciedo dejaría Chunichi al finalizar la campaña.

Ward no llega como un reemplazo directo de Viciedo y sus perfiles son diferentes, pero su incorporación vuelve a mostrar la búsqueda de Chunichi por encontrar producción de poder desde sus jugadores extranjeros.

La necesidad es todavía mayor después de varias temporadas consecutivas lejos de los primeros puestos.

Ryan Ward ya conoce el béisbol japonés

Japón tampoco será un escenario completamente desconocido para Ward.

El estadounidense integró a Team USA durante el Premier12 2024, torneo en el que disputó partidos en Japón y ayudó a Estados Unidos a conseguir el tercer lugar.

Ward fue una de las figuras ofensivas del torneo y terminó seleccionado en el equipo ideal de la competencia.

Esa experiencia previa representa un pequeño punto a favor antes de afrontar una transición mucho más exigente: adaptarse durante una temporada completa al pitcheo, los estadios y la dinámica de la NPB.

Chunichi apuesta temprano por 2027

La adquisición de Ward representa uno de los primeros pasos de Chunichi para intentar modificar una tendencia que ya lleva varias temporadas.

Después de terminar último entre 2022 y 2024, quedar cuarto en 2025 y volver a ocupar esa posición durante la recta final de 2026, los Dragons necesitan encontrar nuevas fuentes de producción para acercarse nuevamente a la pelea por la Central League.

Ward llega después de dominar Triple-A, debutar con Dodgers y demostrar una capacidad de poder que encaja con una de las principales necesidades del equipo.

A sus 28 años, tendrá en Nagoya una oportunidad mucho más amplia para consolidarse como bateador de todos los días y convertirse en una pieza importante del intento de reconstrucción ofensiva de los Chunichi Dragons.

Juan Vené y Leonte Landino, 2008: El eterno descanso anónimo de Luis Castro.

Nota editorial:

Esta es una columna de 2008 publicada en el blog El Juego Perfecto y en el diario Versión Final, reproducida a propósito de la muerte del periodista Juan Vené.

Reproduzco esta columna para recordar el trabajo de investigación que Juan y yo realizamos para SABR, con el que dejamos constancia en los registros oficiales de MLB de que el primer latino en la historia del béisbol de Grandes Ligas fue el colombiano Luis Castro. Vené y yo visitamos por primera vez su tumba en el cementerio St. Mary, en Queens, Nueva York. Posteriormente, SABR y el consulado de Colombia atendieron nuestra petición de colocar una lápida en el lugar que descubrimos.

Gracias a este trabajo en conjunto, el Capítulo de América Latina de SABR lleva el nombre de Luis Castro, el primero de América Latina.

Esta es la columna original de 2008:

El eterno descanso anónimo de Luis Castro

Leonte Landino – El Juego Perfecto

Desde que comenzó mi interés por investigar, a través de los nuevos recursos tecnológicos, la vida y el origen de Luis Castro, primer jugador latino en la historia de las Grandes Ligas, con los Philadelphia Athletics en 1902, se han logrado nuevos avances. Cada discusión, cada nuevo documento, cada nuevo pedacito de información es un paso más para descubrir el pasado.

Al hablar del legado de Castro, no debemos dejar fuera al primer jugador latinoamericano que jugó en el más alto nivel del béisbol que existía antes de la creación de la Liga Nacional: el cubano Esteban Bellán, que debutó en 1871 con el equipo de Troy en la National Association, la primera liga profesional de béisbol en la historia, fundada ese mismo año, pero que solo duró hasta 1875. La Liga Nacional comenzó su actividad en 1876 y es la primera liga reconocida oficialmente por Major League Baseball como una «Liga Mayor».

Bellán fue el primero que jugó al más alto nivel existente; sin embargo, Castro fue el primero en el sistema de Grandes Ligas que aún se mantiene vivo.

Nunca hubiésemos llegado a este punto de la reconstrucción de la vida de Castro de no ser por la chispa del decano de la investigación del béisbol en español, don Juan Vené, quien ha aportado su vasto conocimiento y su tiempo como base y fundamento de esta búsqueda.

De la misma forma, se debe dar crédito a los invalorables recursos de la Sociedad Americana para la Investigación del Béisbol (SABR).

Para abril del año pasado, algunas bases de datos oficiales cambiaron el lugar de nacimiento de Castro de Medellín —en algunas aparecía Cali— a Nueva York. Fue ahí cuando se abrió de nuevo el baúl sobre la vida de quien fuera conocido entre sus compañeros como «Jud» o «El Conde».

Y es que hasta la SABR llegó a comprar la versión de que Castro había nacido en Nueva York, basándose en los registros de la Asociación de Peloteros de las Grandes Ligas, organismo que ayudó a Castro económicamente hasta el momento de su muerte, en 1941.

De haber sido cierto esto, Castro no sería el pionero nacido en Latinoamérica. El honor sería para el cubano Chick Pedroes, que vio acción en dos juegos en 1902 con el club de Chicago de la Liga Nacional.

Con la colaboración del investigador Nick Martínez, en Las Vegas, Nevada, y tomando como base los datos de Vené y los archivos del Manhattan College, comenzó la búsqueda que arrojó, un día cualquiera, la prueba más verídica encontrada hasta hoy: el registro del barco en el que Castro llegó a los Estados Unidos en 1885 junto a su padre, Néstor, procedentes del puerto colombiano de Aspinwall, hoy en día parte del territorio panameño, que se independizó en 1903.

En el documento aparece Luis Castro como nacido en Colombia, aunque su lugar de nacimiento aún se desconoce. Sin embargo, los documentos del Manhattan College, donde estudió y jugó durante cinco años, indican que su familia estaba residenciada en Medellín, Colombia, ciudad que se supone que es su lugar natal.

Pero un nuevo punto de la investigación era descubrir su lugar de descanso. Su tumba.

Vené cuenta de manera simpática que la búsqueda del cuerpo de Castro lo llevó a recorrer ciudades de Colombia, Panamá, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos.

«Llegué a pensar que la mayor posibilidad era la de Cartagena, pues hay un Luis Castro enterrado en una iglesia, pero nunca imaginé que estaría a unas simples cuadras de mi casa en Flushing», dice el periodista, que trabaja en la zona de Shea Stadium desde hace más de 25 años.

En efecto, al comparar la fecha de muerte registrada en el acta de defunción del estado de Nueva York con la que maneja la Asociación de Peloteros, se concluye que el Luis Castro que murió en Nueva York el 24 de septiembre de 1941 es el mismo que fue enterrado en el cementerio Mount St. Mary, en Flushing, dos días después.

Esta semana tuve el honor de visitar el lugar en compañía del propio Vené. Increíblemente, a cinco minutos de su casa.

Al llegar, nos atendió amablemente Yen, una mujer asiática con mucha experiencia necrológica.

«He escuchado hablar del caso y es uno de los más extraños que tenemos acá, pero no sabía que se trataba de un jugador de béisbol», dijo.

Buscando en los archivos de los años 40, Yen encontró que se conoce el lugar de entierro de Castro; sin embargo, por alguna razón, no existe una lápida ni ninguna marca que lo identifique.

El cuerpo de Luis Castro se encuentra en la división 10, fila 9, número 18. ¡Qué gracioso! Parece la ubicación de una silla en un estadio de béisbol. Sus vecinos son el señor Potash, en el número 16, y la familia Tait, de cinco miembros, en el número 20.

Castro está tan olvidado que en su lugar incluso colocaron la placa de William J. Walters, quien yace acompañado de un reconocimiento de la Legión de mujeres para la ayuda de veteranos de guerras en el exterior.

«Él está frente a esta placa, que no debería estar acá», dice uno de los trabajadores de mantenimiento del cementerio.

«Hay algunos casos acá, como este, de gente que en los años 40 no tenía suficiente dinero para cubrir los costos del funeral, pero, como la parcela ya estaba pagada, fueron enterrados», nos explicó Yen. «Sin embargo, nunca nadie canceló las anualidades para el cuidado de su lugar».

Las reglas de los cementerios de Nueva York establecen que, al transcurrir 20 años sin haber cumplido con la cuota anual de mantenimiento, como efectivamente ocurrió en su caso, el cementerio adquiere todos los derechos sobre la parcela y el cuerpo por concepto de abandono.

En el caso de quien abrió las puertas a los hispanos en las Mayores, nunca hubo ni siquiera una placa. ¡No la hay!

Los servicios fúnebres de Castro fueron realizados por el Quinn Fogarty Funeral Home, que funciona desde 1896 y se mantiene en actividad. El estado de Nueva York le asignó el número 19278 al difunto en su acta de defunción.

«Es triste. Al final del camino, todos terminamos siendo un número», dice Yen de manera curiosa. También en el béisbol todos son un número.

Según el acta, Castro regresó a Nueva York en los años 20, tras dos décadas en el béisbol profesional como jugador y mánager con varios equipos de las Ligas Menores.

En los años 30 colocó en el censo, como ocupación, «jugador de béisbol». Su certificado de defunción indica que murió trabajando como bartender, tras residir en Nueva York durante sus últimos 18 años junto a su esposa, Margaret.

La versión de que era venezolano quedó descartada con sus registros del Manhattan College y del barco. Existe la posibilidad de que haya sido pariente del general Cipriano Castro, presidente venezolano a principios de siglo; pero no se puede confiar mucho en la propia palabra de Luis.

Periódicos de la época en Atlanta, Los Ángeles, Portland y Philadelphia nos ayudan a reconstruir su personalidad. Las fuentes indican que Castro decía entre sus compañeros que él era sobrino del mandatario venezolano. En otras oportunidades se lo mencionó como primo e incluso como hijo, lo que le resta credibilidad. Él mismo se hacía llamar «El Presidente de Venezuela». De ahí el sobrenombre de «Conde», pues muchos creían que era un suramericano de importancia política o de una familia importante.

Además, por su celebrada personalidad extrovertida, los cronistas lo calificaban constantemente como el «payaso» del equipo. El 25 de agosto de 1907, el Atlanta Journal-Constitution publicó: «Es el comediante de la liga. Son famosas las miles de historias que cuenta sobre sus escapes; muchas de estas parecen ser verdad y, de no serlo, al menos son divertidas».

La duda sobre su posible ascendencia venezolana queda pendiente de la reconstrucción completa del árbol genealógico del general Castro, tachirense de nacimiento. Se sabe que tenía familia en Colombia y que, de hecho, vivió y estudió en ese país durante su juventud. No se conoce aún un nexo entre Cipriano y Néstor, padre de Luis.

Yo creo que el paso de Luis por el béisbol no pasó inadvertido, como muchos opinan. No fue un hecho insignificante para la época. Al contrario, Castro entendió perfectamente su condición de hispano, al igual que quienes lo rodeaban, y trató, a su manera, de mostrar las habilidades que lo llevaron a jugar con el gran equipo de Philadelphia, campeón de la Liga Americana en 1902 de la mano de Connie Mack.

Por el solo hecho de que su piel no era oscura, aunque tampoco era clara, no hubo mayor problema en su entrada al sistema organizado. Sin embargo, sus llaves de acceso al béisbol de los blancos fueron su dominio perfecto del inglés, su paso exitoso por el Manhattan College, su actuación destacada con el equipo e incluso su «cuento» de provenir de una importante familia, todo lo cual demostraba su desenvolvimiento natural en la cultura americana.

A pesar de su aceptación, muchos fueron los comentarios escritos sobre Castro y su hispanidad. En ellos se destacaban su humor y su presencia, y se empleaban calificativos como «Torero Mexicano» o expresiones como «tiene la rapidez de aquellos con sangre hispana». Generalmente eran comentarios en buen tono, pero siempre destacaban su condición racial, única en todos los terrenos donde jugó.

El rompecabezas de la vida de Luis Castro aún continúa, aunque con un panorama mucho más claro. Hoy la meta es colocar una placa en el lugar donde descansa para señalar su tumba, celebrar su vida y honrar su legado deportivo, social y cultural. El pasado mes de noviembre, su nombre ingresó en el Salón de la Fama del Manhattan College.

Sin la fanfarria de Jackie Robinson ni la trascendencia de Roberto Clemente, Luis Castro fue el primero que logró traspasar las barreras culturales y raciales en las Grandes Ligas.

Él supo que fue el primero. Su astucia le hizo entender su puesto en la historia. Estoy seguro de eso.

Nueva York. Primavera de 2008.

SALÓN DE LA FAMA DEL BÉISBOL LATINO ABRE OFICIALMENTE LAS VOTACIONES PARA SU CLASE DE EXALTACIÓN 2026

Cerca de 100 cronistas deportivos participarán durante los próximos 10 días en la elección de los nuevos inmortales del béisbol latino, incluyendo 44 nuevos miembros del Círculo de Cronistas del Salón de la Fama del Béisbol Latino

El Salón de la Fama del Béisbol Latino anunció oficialmente la apertura de su plataforma digital de votación para elegir a los integrantes de la XIII Clase de Exaltación 2026, dando inicio a una de las etapas más importantes de su calendario institucional.
Durante los próximos 10 días, del 20 al 30 de agosto, 92 comunicadores deportivos acreditados que integran el Círculo de Cronistas ejercerán su derecho al voto para seleccionar, entre los candidatos elegibles, a las figuras que consideren merecedoras de alcanzar la inmortalidad del béisbol latino.

“Este proceso representa una nueva etapa de crecimiento para la institución”, dijo Robinson Paredes, Director Ejecutivo del Salón de la Fama del Béisbol Latino. “El cuerpo electoral ha sido ampliado con la incorporación de nuevos periodistas y comunicadores especializados de diferentes países, incluyendo profesionales latinoamericanos, estadounidenses y de otras nacionalidades. Esta ampliación fortalece la diversidad, representatividad y alcance internacional del sistema de elección. Es un grupo de mucho prestigio que representa en conjunto una voz muy poderosa del béisbol global.”

Para conformar las boletas correspondientes a la Clase 2026, el Comité Internacional de Exaltación realizó previamente un proceso de revisión y depuración de los jugadores elegibles, tomando en consideración los criterios establecidos por la institución y utilizando como apoyo información y datos estadísticos de Baseball Reference.

Cada cronista acreditado tendrá acceso individual a la plataforma mediante su usuario y código de seguridad, garantizando un proceso organizado y reservado. Los miembros del Círculo podrán seleccionar hasta cinco candidatos entre los nombres incluidos en la boleta oficial. El grupo determinará los cuatro jugadores que conformarán la Selección de Contemporáneos de la Clase XIII de la institución.

Este nuevo y dinámico proceso garantiza no solo la transparencia y dirección de la decisión de los votantes, sino que también hace justicia al reconocimiento genuino para las carreras de las leyendas que recibirán la inmortalidad del Béisbol Latino.

UN LEGADO QUE COMENZÓ EN 2010

La apertura de este nuevo proceso electoral representa la continuidad de una iniciativa que nació en 2010, impulsada por Don Roberto Weill y Rafael Ávila, quienes, junto a los integrantes del Comité Internacional de Exaltación, asumieron el compromiso de crear una institución destinada a reconocer, preservar y proyectar la extraordinaria contribución de los jugadores latinos a la historia del béisbol.

Desde entonces, el Salón de la Fama del Béisbol Latino ha trabajado para construir un espacio permanente de reconocimiento a las figuras que, a través de sus actuaciones y trayectorias, han llevado el nombre de sus países y de Latinoamérica a los escenarios más importantes del béisbol mundial.

La misión trasciende las estadísticas y los reconocimientos individuales. Cada exaltación representa también un esfuerzo por preservar la memoria histórica del béisbol latino, transmitirla a las nuevas generaciones y reconocer el impacto deportivo, cultural y social de quienes han contribuido al crecimiento del juego.

Durante más de una década, este proyecto ha reunido a exjugadores, dirigentes, periodistas, historiadores y personalidades vinculadas al béisbol alrededor de un propósito común: garantizar que el legado de las grandes figuras latinoamericanas permanezca vivo y sea reconocido por las generaciones presentes y futuras, como pilar integral de la fibra cultural de nuestra región.

RUMBO A PUERTO RICO

Los resultados de esta jornada electoral determinarán a los nuevos integrantes de la XIII Clase de Exaltación, cuya ceremonia está programada para celebrarse en Puerto Rico en diciembre de 2026.

Esta edición tendrá una relevancia histórica especial, al representar la primera ocasión en que la ceremonia de exaltación se celebrará fuera de la República Dominicana desde el nacimiento del proyecto en 2010.

La llegada del ceremonial a Puerto Rico constituye, además, un paso significativo en el proceso de internacionalización del Salón de la Fama y reconoce la extraordinaria tradición de una nación que ha producido algunas de las figuras más importantes en la historia del béisbol latino y de las Grandes Ligas.

Con la apertura oficial de las votaciones, comienza ahora la responsabilidad de los cronistas acreditados. Sus conocimientos, experiencia y criterio profesional serán fundamentales para determinar quiénes recibirán uno de los mayores reconocimientos destinados a preservar el legado de los protagonistas del béisbol latinoamericano.

El 30 de agosto, a las 9:00 p.m., se cerrará oficialmente el período de votación, dando paso al proceso de validación y tabulación de los resultados por parte de la institución.

A 16 años de aquella iniciativa encabezada por Don Roberto Weill y Rafael Ávila, el Salón de la Fama del Béisbol Latino continúa fortaleciendo una misión que pertenece a toda la comunidad beisbolera latinoamericana: honrar su historia, reconocer la excelencia y mantener vivo el legado de quienes engrandecieron el béisbol latino.

Lista de Candidatos de la XIII Clase de Contemporáneos

Aruba
Sidney Ponson

Colombia
Orlando Cabrera

Cuba
Liván Hernández
Raúl Ibáñez
Gio González
Yunel Escobar
José Contreras

Curazao
Wladimir Balentien

México
Yovani Gallardo
Eric Chávez
Joakim Soria
Juan Castro
Jorge de la Rosa

Nicaragua
Vicente Padilla

Panamá
Carlos Lee
Carlos Ruiz

Puerto Rico
Yadier Molina
Javy López
José Valentín
Mike Lowell
Rubén Sierra
Roberto Hernández
Alex Cora
Javier Vázquez
José Vidro

República Dominicana
Albert Pujols
Plácido Polanco
Edwin Encarnación
José ReyesJ
osé Bautista
Francisco Cordero
Aramis Ramírez
Rafael Furcal
Fernando Rodney
Pedro Astacio
Ervin Santana
Fernando Tatís Sr.
Armando Benítez
Antonio Alfonseca
Carlos PeñaJosé Valverde
José Mesa
Octavio Dotel

Venezuela
Magglio Ordóñez
Freddy García
Carlos Zambrano
Víctor Martínez
Melvin Mora
Asdrúbal Cabrera
Aníbal Sánchez
Jhoulys Chacín
Martín Prado
Carlos González
Carlos Guillén
Kelvim Escobar

Total: 55 candidatos.