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¿Ha dejado de ser Venezuela la cuna de los mejores torpederos?

Al momento de escribir este artículo, un total de 479 venezolanos han jugado en las Grandes Ligas, cifra que demuestra, sin atenuantes, que el béisbol sigue siendo el deporte favorito de los venezolanos, con una lista indiscutible de ídolos para quienes crecimos cuando eran muy pocos los peloteros criollos en llegar y establecerse en el llamado Big Show.

Nosotros, que nacimos en los sesenta, jugamos béisbol con la ilusión de llegar a emular lo hecho por Alonso “Chico” Carrasquel, el primer latinoamericano en ganar la votación al juego de estrellas como campocorto de los Medias Blancas de Chicago; a Luis Aparicio, por su magia con el guante y velocidad en sus piernas y también por el halo de misticismo que generaba su figura dentro y fuera del terreno.

Entrando en la década del setenta, al mismo tiempo que Aparicio se retiraba en 1974, otro campocorto, David Concepción, se convirtió en figura prominente de Venezuela en las mayores e ídolo de otra generación.

Fue tanto el impacto de Carrasquel, Aparicio y Concepción, cada uno en su época desde 1950 en adelante, que a nuestro país se le reconocía por ser una potencia mundial petrolera, tener a los mejores campocortos y a las mujeres más bellas.

Sería injusto no señalar que, aparte del béisbol, hubo otros ídolos deportivos como los púgiles Ramoncito Arias y Carlos “Morocho” Hernández; César Girón en la tauromaquia, quien junto a su hermano Curro Girón, eran de los mejores toreros en el mundo; y en el hipismo a Gustavo Ávila, probablemente el mejor jinete venezolano de la historia, ganador de dos de las tres carreras de la Triple Corona del hipismo estadounidense con el recordado Cañonero en 1971.

Enzo Hernández fue otro campocorto muy destacado por su parecido a Luis Aparicio y, pese a su débil ofensiva, durante siete años se adueñó de la posición seis de los Padres de San Diego. Una lesión en la columna vertebral aceleró su salida de las mayores y su retiro causó frustración a quienes lo admiramos por ser dueño de un estilo muy elegante y sobrio. Sorpresiva y tristemente,

Enzo Hernández se suicidó en 2013 por causas desconocidas, aunque nunca superó las consecuencias del dolor lumbar que lo aquejó hasta el final de su vida.

El Rey David Concepción, injustamente aún sin ser entronizado en el Salón de la Fama, brilló 18 años con los Rojos de Cincinnati, la mayor parte como torpedero, ganando cinco guantes de oro y nueve juegos de estrellas, solo por detrás del inmortal Aparicio, quien acumuló 9 guantes de oro y 13 participaciones en el Clásico de Julio.

Cuando el aragueño se retiró en 1988, ya había emergido otro campocorto que prolongaría la distinción de nuestro país en esa posición.

Oswaldo Guillén debutaba en 1985 y lo hizo por la puerta grande al ganar el premio del Novato del Año. Durante 14 temporadas permaneció en las praderas cortas de los Medias Blancas, con tres juegos de estrellas y un guante de oro en su currículo.

En 1989, de manera inesperada, debutó Omar Vizquel con los Marineros de Seattle, lo cual marcó el inicio de una carrera digna de ser elegida al Salón de la Fama, tras ganar 11 guantes de oro y dejar, entre otros registros, el mejor promedio de fildeo de por vida en su posición. Recordemos que el caraqueño llegó a los entrenamientos primaverales de ese año para ser observado sin la certeza de comenzar la campaña con el equipo grande.

La idea de la gerencia era observar su desenvolvimiento en el más alto nivel, después de brillar en ligas menores tras ser firmado por el scout cubano Orlando “Marty” Martínez. Para entonces, el titular era el boricua Rey Quiñonez, quien por un problema de adicción a las drogas no se presentó al spring training y, ante la madurez mostrada por Vizquel, la gerencia se atrevió a colocarlo en el lineup desde el primer día.

A partir de allí, comenzó a construir una carrera legendaria que duró 24 años, la mayor parte como uno de los mejores exponentes del juego. Hay que estar en el lugar adecuado, en el momento apropiado, y eso fue lo que, por fortuna, le sucedió al venezolano.

Posteriormente, aparecieron otros paracortos que dejaron huella, sin el brillo ni la calidad de los antes mencionados. Podríamos mencionar a César Izturis, ganador de un guante de oro, al igual que Alcides Escobar, con otro guante dorado, y Elvis Andrus, quien superó la barrera de 2,000 hits en su trayectoria y tiene el privilegio de haber devengado la suma de 137 millones de dólares en 15 años de carrera, con solo dos convocatorias, ambas de suplente, al juego de estrellas.

Así es el negocio del béisbol. Para fortuna de Andrus, Texas le otorgó un contrato de ocho años por 115 millones de dólares, reconociendo así su consistencia y madurez en el juego, aunque su desempeño no es comparable al de sus predecesores.

Miguel Rojas, Ezequiel Tovar, Orlando Arcia y Brayan Rocchio constituyen los integrantes del actual contingente nacional en el puesto más emblemático de Venezuela en el mejor béisbol del mundo. Arcia llegó a los Bravos de Atlanta desde Milwaukee. Su carrera parecía irse por un barranco al perder la titularidad, luego de cuatro campañas en plan estelar con los Cerveceros.

Extrañamente, la gerencia de los Bravos trajo a Arcia en un canje que pasó desapercibido como un movimiento más entre equipos. Arcia era una carta que se guardó la gerencia general de Atlanta ante la inminente partida del estelar Dansby Swanson hacia la agencia libre. Mantuvo al nacido en El Tigre, estado Anzoátegui, un par de campañas entre ligas menores y suplencia en el equipo grande, hasta que el año pasado le entregó la titularidad con resultados por encima del promedio, tanto que fue el SS de la Liga Nacional, mostrando todo el potencial que lo mantiene fijo entre los mejores de su posición.

Miguel Rojas, camino a llegar a 10 años en Grandes Ligas, finalista un par de veces al ganador del guante de oro, premio que le ha sido esquivo, era el capitán y torpedero de los Marlins hasta que lo cambiaron a los Dodgers de Los Ángeles. Ahora cumple un rol de suplente ante la modificación de Dave Roberts en asignar a Mookie Betts, quizás el mejor pelotero del béisbol en la actualidad, para asumir el puesto de Rojas. Será difícil para el nativo de Los Teques volver a cumplir un rol diferente a sus casi 35 años y con un contrato garantizado solo hasta 2025.

Brayan Rocchio era un desconocido para la afición venezolana cuando Cleveland lo subió para una breve pasantía el año pasado. Ahora es el titular y hace combinación con Andrés Giménez alrededor del segundo cojín y ha comenzado a llamar la atención por las excepcionales jugadas que realiza. El enigma es su débil bate que no supera la llamada “línea Mendoza”, un mote que quedó en la historia del béisbol mayor para quienes no superan los .220 de promedio al bate, en referencia al mexicano Mario Mendoza, quien se mantuvo por nueve temporadas entre Piratas, Marineros y Texas a pesar de promediar solo .218 de average de por vida.

Finalmente, ha aparecido un jugador que tanto a la ofensiva, pero sobre todo con el guante, podría reeditar que un venezolano obtenga un guante de oro. Nos referimos al joven Ezequiel Tovar, quien llegó el año pasado a la gran carpa precedido de una exitosa pasantía por las menores y desde su arribo a Colorado, ha superado las expectativas al batear para .253 en su año de estreno y ser finalista entre los tres mejores para optar al premio de la Rawlings. Swanson, de los Chicago Cubs, superó a Tovar y se llevó el galardón por segundo año consecutivo.

No obstante, Tovar ha continuado mostrando que es un jugador élite con el guante y ofensivamente brilla al batear .283 transcurrido el primer tercio de los 162 juegos programados, con un WAR de 1.2 en 30 partidos, con proyección a superar los 4.0 en la métrica más relevante para evaluar el rendimiento de un jugador.

Es cierto que Venezuela fue reconocida durante varias décadas como la cuna de los mejores paracortos y que con la retirada de Omar Vizquel ese predominio se ha diluido.

No obstante, Andrés Giménez, originalmente firmado para ocupar el puesto seis, fue trasladado a la segunda base por los Guardianes de Cleveland y no solo ha ganado consecutivamente el guante dorado, sino que ha sumado un guante de platino como el mejor defensor del joven circuito. Por ahora, está en las manos de Ezequiel Tovar retomar ese liderazgo perdido y, si las lesiones lo permiten, también en Oswald Peraza de los Yanquis de Nueva York, quien perdió la batalla con Anthony Volpe en la disputa por ser el paracorto de todos los días, pero la calidad que tiene pudiera permitirle pasar a otra organización o no se descarta que, ante la inminente salida de Gleyber Torres en la próxima agencia libre, sea el camarero de los Mulos de Manhattan a partir de 2025.

Alcides Escobar, en 2015, fue el último criollo en llevarse un guante de oro, año en que además fue el Más Valioso de la Serie de Campeonato del joven circuito, que concluyó con el título de la Serie Mundial para Kansas City.

Lejos estamos de aquellos tiempos en los cuales Aparicio acumuló nueve guantes dorados; David Concepción obtuvo cinco y Omar Vizquel un total de 11, con un dominio sin igual desde 1993 a 2001, que luego completó con dos más cuando firmó con los Gigantes de San Francisco.

Venezuela dejó de ser una potencia petrolera mundial y nuestras reinas de belleza no han podido repetir las hazañas de Irene Sáez, Maritza Sayalero, Bárbara Palacios, Alicia Machado, Dayana Mendoza, Stefanía Fernández y María Gabriela Isler, y el dominio de los campocortos también se ha extinguido. Ezequiel Tovar, Orlando Arcia y Brayan Rocchio tienen el testigo en sus manos.

Oslando Muñoz es periodista con amplia trayectoria en el ámbito deportivo y político de Venezuela y columnista de Diamante23.com. Puedes contactarlo en munozoslando@gmail.com

Mucha calidad en solo cinco puestos para los mejores campocortos latinos

JUEGO PERFECTO

MEDELLÍN, Colombia – Al César lo del César, frase célebre de nada más y nada menos que de El Hijo del Padre y la que mejor se ajusta a nuestra lista de los cinco mejores Shorts Stops latinoamericanos de todos los tiempos en Grandes Ligas, lista muy acorde a la actualidad, a nuestros tiempos y a su vez muy comprimida, que invita abiertamente a un exquisito debate, especialmente si nos enfocamos exclusivamente en el arte de custodiar la sexta posición del terreno de juego.

¿Cómo negar que los venezolanos Omar Vizquel (11 Guantes de Oro), Luis Aparicio (9 Guantes de Oro), el cubano Rey Ordóñez (3 Guantes de Oro en 9 años), el dominicano Tony Fernández (4 Guantes de Oro), y el colombiano Édgar Rentería (2 Guantes de Oro), son hasta ahora los mejores campo cortos latinoamericanos de todos los tiempos de la MLB y en ese estricto orden?

La espectacularidad defensiva, combinada con extraordinarios malabares del venezolano “Manos de Seda” Omar Vizquel y del cubano Rey Ordóñez solo tienen como precedente al estadounidense y Salón de la Fama Ozzie Smith. Sin duda han sido muchos los Short Stops de gran calidad, estadounidenses y latinoamericanos pero la espectacularidad de Smith, Vizquel y Ordóñez los coloca un escalón por encima del resto, quizás con Aparicio y Guillén muy cerca de ellos.

Lo de Ordóñez es necesario dimensionarlo, ya que lo de Vizquel lo hemos resaltado hasta la saciedad. El cubano solo tuvo 9 años de carrera en Grandes Ligas (1996 – 2004), ganando sus 3 Guantes de Oro en temporada consecutivas (1997 – 1999). Sin embargo, lo que parecía el inicio de una cadena de guantes dorados que debió estar alrededor de 10 durante sus años de servicio en la MLB, los cuales hipotéticamente debieron haber sido por 7 campañas más, hasta sus 40 años de edad, una fractura de brazo en el año 2000 colapsó su carrera, truncando su participación en la Serie Mundial de ese año con sus Mets de Nueva York ante los Yankees, así como la posibilidad de desarrollar la combinación de doble plays con el boricua Roberto Alomar, lo que es un sueño frustrado para el universo del béisbol.

“The Little Louie”, tal y como se le reconocía a Luis Aparicio en la MLB, fue pionero después del Chico Carrasquel por la enorme carrera que logró y sigue vigente como en sus tiempos activos por su enorme calidad defensiva y porque aún es prácticamente imposible de alcanzar en casi todos los aspectos del juego por parte de los mejores custodios de la posición 6 de la actualidad, además de que también se le reconoce por su extraordinario alcance y capacidad acrobática.

La elasticidad, habilidad y elegancia del dominicano Tony “Cabezas” Fernández fue prácticamente nunca antes vista en un mismo Short Stop, con un estilo de juego muy particular porque aparentaba no contar con un brazo potente, ya que patentó sus lanzamientos certeros hacia la intermedia y la inicial por debajo del brazo, a nivel de su cintura, para lo que en realidad se requiere es precisamente el más potente de los brazos. En la acera del frente, la potencia de su brazo con disparos por encima del hombro junto a su gran seguridad y lo certero de sus envíos con el resto de sus herramientas de juego, elevó a ”El Niño” Édgar Rentería a un nivel muy por encima del promedio.

No obstante, sobrarán aquellos que apelen a favor del dominicano nacido en Estados Unidos Alex Rodríguez y del estadounidense de ascendencia mexicana Nomar Garciaparra, e incluso por el dominicano Miguel Tejada. ¿A aquellos que abogan por éstos otros tres súper estrellas Latinos de la posición cómo se les refuta y se les dice que no?. Pues no cabe dudas que ofensivamente fueron muy superiores y aunque a la defensiva también fueron extraordinarios, no lo suficientemente buenos como para superar o igualar a quienes encabezan nuestra lista.

En lo particular y desde la calidad defensiva me cuesta excluir al venezolano Oswaldo Guillén (Novato del Año y Guante de Oro), quien fue 13 años consecutivos Short Stop titular de los Medias Blancas de Chicago, lo que no es poca cosa y es de tanto valor como uno o varios premios defensivos que se puedan asignar. Guillén fue una genuina aspiradora de la posición y volaba sobre la segunda base en sus pivoteos al realizar las doble matanzas. Su calidad defensiva fue tan buena, que era superior a los estelares de su generación y posición de la Liga Americana, como los estadounidenses Cal Ripken Jr. y Mike Bordick, por ejemplo. Con .974 de porcentaje de fildeo en 16 temporadas, Guillén solo es superado por “Manos de Seda” Omar Vizquel (.985 % de fildeo); y “El Niño” Édgar Rentería (.976 % de fildeo), de nuestra lista, iguala con el cubano Rey

Ordóñez y supera levemente al también venezolano Luis Aparicio y al dominicano Tony Fernández, quienes lograron .972 en porcentaje de fildeo. Por 13 años los fanáticos de los Medias Blancas de Chicago asistieron al Comiskey Park para disfrutar del juego y de una de sus principales atracciones, la espectacularidad de Oswaldo Guillén en el campo corto y es que en realidad fue espectacular pero no más que Omar Vizquel, el único responsable de que el Short Stop de los patiblancos no cuente con más de un guante de oro en sus vitrinas.

Las diferencias generacionales también marcan un abismo, razón por la cual tampoco faltarán aquellos de la tercera edad que argumenten y ubiquen a “El Rey” David Concepción entre el segundo y tercer puesto en esa lista. Concepción se mantiene como uno de los jugadores más capaces de inteligentes del juego. En una época en la que aparecieron y proliferaron los primeros estadios con grama artificial, “El Rey” David patentó su disparo hacia la inicial con un piconazo a un poco más de dos tercios de la trayectoria de su lanzamiento (para que su compañero defensor de la primera base tuviera una recepción cómoda), logrando que con el rebote la pelota adquiriera mayor velocidad y potencia, debido a las características de esos duros primeros pastos artificiales.

Y qué decir del también venezolano Alfonso “Chico” Carrasquel o “El Fantasma de la calle 35” (cuando parecía que la pelota superaría el cuadro interior para continuar de hit, el Chico aparecía de la nada como un verdadero fantasma, capturaba la esférica y el bateador – corredor nunca lograba llegar a salvo a la inicial del Comiskey Park). El Chico Carrasquel fue por 10 años una de las principales referencias de la posición 6 en Grandes Ligas, al punto que en el año 1951 se convirtió en el primer latinoamericano en ser seleccionado para participar en un Juego de las Estrellas. Durante esa misma temporada estableció el récord de más jugadas sin cometer errores de la Liga Americana para un Short Stop con 297, lo cual logró a lo largo de 2 meses en 53 juegos. El Chico Carrasquel además defendió la franela de los White Sox en los Juegos de Estrellas de los años 1951, 1953, 1954 y 1955 en calidad de titular, dejando en la banca durante esos encuentros a estelares de la posición que tiempo después fueron exaltados al Salón de la Fama, como el italoamericano Phil Rizzuto, Short Stop de los Yankees de Nueva York.

La mención especial en ésta ocasión recae en los venezolanos Enzo Hernández y José Escobar, en el cubano Germán “El Mago” Mesa y el boricua “El Mago” Javier Báez.

Hernández jugó apenas por 8 años en Grandes Ligas con Padres de San Diego y Dodgers de Los Ángeles en su última temporada, a pesar de haber debutado en Las Mayores a los 22 años de edad en el año 1971. Considerado uno de los mejores Short Stops defensivos de Venezuela, su bate no le acompañó, por lo que su carrera en Grandes Ligas culminó a sus 29 años de edad con .224 de Average, lo que afectó su juego defensivo en el Big Show.

El caso de José Escobar no fue muy diferente. Su defensiva fue tan buena que sin lugar a dudas era de nivel de Grandes Ligas y al más elevado nivel, comparado incluso con sus coterráneos Guillén y Vizquel y muy especialmente con Alfonso Chico Carrasquel por una particularidad, su compromiso con los batazos extremos hacia ambos lados del campo, gracias a su capacidad y gran alcance que era tal, que probablemente sea el Short Stop que en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional haya generado en los narradores más rectificaciones porque cuando una pelota era bateada por el medio del terreno sobre la segunda almohadilla o por el hueco entre el antesalista y el campo corto, cuando ya la esférica proyectaba perfilarse hacia los jardines en un evidente inatrapable, los narradores ya comenzaban a relatar el hit y en la última fracción de segundo, en el último instante y muy similar a “El Fantasma de la calle 35 del Comiskey Park”, pero principalmente en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto, casa de su equipo Cardenales de Lara en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, aparecía como un auténtico espectro para mágicamente capturar la bola, realizar la asistencia con disparo certero y a tiempo para finalmente realizar el out, provocando a su vez la rectificación en la narración de los relatores sobre la jugada, en el mismo momento de la acción. Lamentablemente su ofensiva diestra era siniestra, razón por la cual apenas se tomó un café en el Big Show durante la campaña de 1991 con los Indios de Cleveland, ya a sus 30 años de edad.

Germán Mesa, también conocido como “El Mago” o “El Imán”, es considerado el mejor Short Stop de Cuba de todos los tiempos. Jugó en la Serie Nacional de Cuba desde el año 1985 hasta el año 2001 con los Leones Industriales de La Habana, a excepción de sus dos primeras temporadas, las cuales ejecutó defendiendo los colores de los Metropolitanos de la capital. Mesa no tuvo la oportunidad de probarse en las Grandes Ligas, al igual que la enorme mayoría de los peloteros cubanos de su época por el férreo régimen castrista. Realmente lamentable porque los cronistas de la mayor de las Antillas aseguran que de Mesa haber jugado en la MLB, Ripken, Vizquel, Fernández, Larkin, Ordóñez y compañía difícilmente hubieran ganado tantos Guantes de Oro, así de bueno fue en el Short Stop “El Mago” Germán Mesa, por lo que muy a nuestro pesar, nos perdimos de disfrutar ese espectáculo del campo corto proveniente desde Cuba, porque su juego defensivo es comparado con la espectacularidad que desarrollaron, lograron, alcanzaron y caracterizó al estadounidense Ozzie Smith, al venezolano Omar Vizquel y a su coterráneo Rey Ordóñez.

En la actualidad lamento profundamente que “El Mago” puertorriqueño Javier Báez no esté desarrollando una carrera sólida y consistente en calidad de Short Stop porque si lo hiciera, cuenta con las herramientas, ofensiva y defensiva, incluyendo capacidad acrobática e inteligencia para el juego, como para estar entre lo mejor de lo mejor que hayamos visto entre los defensores de esa posición.

Si bien lo de “Manos de Seda” Omar Vizquel, “The Little Louie” Luis Aparicio, Rey Ordóñez, Tony “Cabezas” Fernández y Edgar “El Niño” Rentería es algo que los ubica digna y muy acertadamente en nuestra lista, gracias a lo labrado genuinamente por cada uno de ellos a lo largo de sus respectivas carreras, cualquiera de los otros Short Stops latinoamericanos mencionados, fácilmente podrían compartir los dos últimos lugares de nuestra excelsa, exquisita y prestigiosa lista de los mejores 5 Short Stops latinoamericanos de todos los tiempos.

A 49 años de la agencia libre | De Catfish Hunter a Shohei Ohtani

Desde que en 1975 los lanzadores Andy Messersmith, de los Dodgers de Los Ángeles, y Dave McNally, de Orioles de Baltimore, se convirtieron en los primeros peloteros en ser declarados agentes libres, la danza de los millones y de contratos multianuales no han cesado, incluyendo la actual temporada.

Hasta entonces, los dueños de equipos mantenían el control de sus empleados bajo una cláusula de perpetuidad que impedía que un pelotero, aún insatisfecho por su salario por el buen desempeño en el terreno, pudiera escoger otras opciones.

Sin embargo, el caso más emblemático resultó ser el de Jim Catfish Hunter, quien era líder de la rotación entre los abridores de los Atléticos de Oakland, ganadores de tres series mundiales entre 1972 y 1974 y ante el incumplimiento de un beneficio establecido previamente en la firma al descubrir que no tenía una póliza de seguro, recurrió a un arbitro independiente y éste le dio la razón y fue declarado agente libre en contra de la voluntad del carismático propietario de los Atléticos, Charlie Finley.

Hunter de inmediato firmó el primer gran acuerdo por 3.7 millones de dólares por cinco años con los Yanquis de Nueva York, que ya había pasado a manos del excéntrico George Steinbrenner.

Se cumplen 49 años de esa transacción que marcó el inicio de una mayor libertad para los peloteros y el fin del dominio de los equipos, que bajo el pretexto de una reserva unilateral a perpetuidad, mantuvieron el control contractual sin derecho a protesta.

Entre el contrato de Catfish Hunter y el de Shohei Ohtani, 700 millones por 10 años, han transcurrido casi cinco décadas y salvo algunas excepciones, los números demuestran que las firmas multianuales no garantizan el rendimiento deseado.

Aún así, no deja de sorprender que la danza de los millones siga “in crescendo” cada año.

Hoy hablaremos de cinco acuerdos multianuales recientes, que hasta ahora no han justificado los emolumentos recibidos.

Nos referimos a cinco campo cortos: Carlos Correa, Javier Báez, Dansby Swanson, Francisco Lindor y Xander Bogaerts.

El boricua Carlos Correa llegó a las mayores en 2015 después de haber sido el primer draft de los Astros de Houston. Y de inmediato dejó su impronta de calidad al ganar el premio al Novato del Año y convertirse en un campo corto de élite. 

Así se mantuvo hasta 2021 cuando tuvo su mejor temporada al batear para 291 con 26 jonrones y 92 impulsadas. 

A pesar de ser un favorito del público, ganador de la Serie Mundial de 2017 y de un guante de oro y uno de platino, los Astros no hicieron ningún esfuerzo por retenerlo. Sabían que desde las menores emergía un sustituto que podría hacer el mismo trabajo, con muchísima menor inversión. 

Minnesota, en una doble contratación, lo firmó primero en 2021 y luego este año por 200 millones por seis años.

Su famélico promedio de 230 el año pasado, con 131 ponches y apenas 56 bases por bolas, demuestran que Correa está en deuda tanto con el equipo como con la afición.

Mientras que Houston disfruta de Jeremy Peña, novato del año en 2022 y guante de oro y hoy uno de los mejores bateadores de la Liga Americana con 338 de average.

Francisco Lindor llegó a los Mets de Nueva York con enormes expectativas .Después de todo, en Cleveland era una súper estrella pero los entonces Indios no tenían presupuesto para cumplir sus exigencias.

El 7 de enero de 2021 Lindor llegó en un mega cambio a los Mets de Nueva York, quienes entregaron cuatro peloteros, entre ellos el venezolano Andrés Giménez, posteriormente dos años seguidos guante de oro y uno de platino.

El multimillonario Steve Cohen, nuevo propietario de los metropolitanos, un experto corredor de la Bolsa de Nueva York con un patrimonio según la revista Forbes de 20 mil millones de dólares, no dudó en asegurar al puertorriqueño por 10 años y 340 millones de dólares. 

Su debut en 2021 no fue nada halagüeño. Bateó para 230 de average, con 20 cuadrangulares y apenas 63 remolcadas, tuvo notable mejoría en las siguientes dos campañas pero de nuevo su inicio en 2024 ha encendido las alarmas entre los seguidores por mostrar números muy distante de un pelotero cuyo salario es de 30 millones anuales.

Javier Báez, otro nacido en la isla del encanto, es probablemente la mayor decepción de estas rúbricas llena de millones.

Después de pasar siete años con los Cachorros en plan estelar, ganador de un guante de oro y con cinco temporadas con 20 o más jonrones pero batallando con más de 100 ponches, excepto el 2020, Detroit se arriesgó a otorgarle 140 millones por seis años y sus guarismos han sido, definitivamente, decepcionantes.

Su promedio de 238, 222 y 170 desde 2022 a la fecha y con más de 100 ponches cada año, ratifican la pésima inversión de los Tigres de Detroit.

Los Cachorros, ante la ausencia de Báez, probaron en el mercado de agentes libres en la temporada pasada.

Se decantaron por el estelar torpedero de los Bravos de Atlanta, Dansby Swanson, quien venía de batear un sólido 277 de average, con 25 jonrones y 96 empujadas y un guante de oro en su currículo, lo cual repitió en el 2023 en su estreno con Chicago.

Su promedio de 244 el año pasado y de 209 en lo que va de 2024, no justifican los 177 millones de dólares que firmó por siete campañas y las críticas a la gerencia general han sido reiterativas de parte de los aficionados de una de las divisas de mayor tradición de las grandes ligas.

Lo curioso de este caso es que los Bravos de Atlanta lo dejaron marchar a pesar de su enorme rendimiento y en su lugar le dieron la posición al venezolano Orlando Arcia, quien asistió al juego de estrellas debido a una notable actuación, que sorprendió al batear 17 jonrones, 65 remolcadas y 266 de promedio al bate, aparte de demostrar con el guante que es un jugador de élite y todo esto por la ínfima cifra de 7 millones 300 mil dólares por tres años, a razón de 2 millones 400 mil dólares en contraste de 25 anuales de Samson.

Y, finalmente, abordamos el caso del arubano Xander Bogaerts, quien abandonó a los Medias Rojas de Boston,donde ganó dos series mundiales, cinco bates de plata y elegido cuatro veces al juego de estrellas tras brillar de manera consistente, con cuatro campañas sobre 20 jonrones e igualmente con más de 100 empujadas y aunque no obtuvo un guante de oro,siempre fue considerado entre los mejores de su posición en el joven circuito. 

El arubano atravesó desde el Este al Oeste estadounidense para firmar con los Padres de San Diego por 11 años y 280 millones de dólares. 

Los “religiosos” ya habían obtenido, vía agencia libre, a Manny Machado y al lanzador Yu Darvish y le otorgaron previamente más de 300 millones a Fernando Tatis.

Aún así optaron por Bogaerts para que asumiera el campo corto y movieron a Tatis al jardín derecho.

Los resultados fueron mediocres para un jugador que devengará 26 millones de dólares por campaña .

19 jonrones y 58 impulsadas en 2.023 y con un inicio de 209 de average en lo que va de la actual zafra,son una alerta de que no siempre un suculento contrato garantiza un buen desempeño. 

La lista es mucho más extensa.

Podríamos citar, por ejemplo, a Anthony Rendon, quien después de ganar la Serie Mundial y liderar la Liga Nacional en empujadas, con 34 jonrones y 319 de promedio al bate, firmó con los Los Angelinos de Anaheim la asombrosa cifra de 245 millones por siete años, bajo la representación del polémico Scott Boras.

Rendon, actualmente en la lista de lesionado por enésima vez, ha aparecido solo en 210 partidos desde 2.020 con 22 jonrones en ese trayecto hasta la semana pasada que fue apartado por una nueva lesión. 

La recurrencia de fracasos con contrataciones multianuales demuestran que hay muchos desaciertos en las decisiones gerenciales,algo que debería corregirse con el análisis de la sabermetría como método tecnológico para detectar el verdadero valor del pelotero.

No obstante, casos como el de Ohtani o Mookie Betts, por citar a dos que diariamente ratifican su calidad y justifican sus salarios, renuevan la esperanza de contratar a los mejores jugadores disponibles en el mercado para satisfacción de los aficionados.

Esta dinámica de jugosas ofertas parece no detenerse ante el superávit financiero de las grandes franquicias, conscientes de que forman parte de la primera economía del mundo y tanto el béisbol como los otros deportes, NBA,NFL,NHL y MLS, pertenecen a la industria del entretenimiento, un vehículo para multiplicar sus ganancias en cantidades estratosféricas.

¿Será el destino de Juan Soto convertirse en una leyenda de los Yankees?

“El único conocimiento absoluto que puede alcanzar el hombre es que la vida no tiene sentido”, Leo Tolstoy

TURNO AL BATE

Claramente, en la época en que Tolstoy escribía, no existía el béisbol ni las Grandes Ligas. Sin embargo, como apasionado de este deporte, esa frase solo la puedo comparar con el abstracto mundo de los cambios de jugadores en Grandes Ligas, porque el negocio que manejan los equipos muchas veces nos lleva a la única conclusión de que todo lo que hacen no tiene sentido. Es una guerra que nunca conocerá la paz.

Eso me llevó a preguntarme, ¿pensarán los Yankees a largo plazo por Juan Soto? La mayor razón por la que las decisiones de cambio nos parecen una actividad irracional es que las organizaciones no piensan a largo plazo, por más que digan que hacen reconstrucción y que piensan en armar un equipo. No se refieren a los jugadores, sino al sistema que organiza el funcionamiento del equipo. No es el lanzador superestrella, son los números que necesitan de algún lanzador para llevar a cabo su plan de reconstrucción.

El béisbol es un negocio muy difícil y ningún jugador te puede garantizar rendimiento absoluto. Si logras llegar a tu nivel élite como pelotero, te quedan dos opciones: ser vendido por el equipo o que se arriesguen contigo por varios años más.

No es por nada que la mayoría de los equipos que ganan la Serie Mundial son desmantelados. Lo vimos con los Royals de Kansas City en 2015, con los Cachorros de Chicago en 2016, con los Nacionales de Washington en 2019, y así puede seguir una larga lista de ejemplos como estos.

¿Por qué sucede esto?

En los playoffs en general, si un jugador sobresale y más si ayuda a su equipo a quedar campeón, aumenta su valor en el mercado, mucho o poco, pero aumenta. La organización ya consiguió lo que buscaba y ahora solo queda hacer negocios.

En el caso de Juan Soto, los Yankees buscan romper una sequía de malas campañas sin resultados; sin embargo, está sucediendo lo que ha perjudicado a los Yankees durante varios años: cuando un jugador se enciende, el resto se apaga, y de esta forma es muy complicado ganar una Serie Mundial. Los Yankees van por todo, porque al igual que varios equipos, no ganar la Serie Mundial sería un fracaso para la organización.

Por lo tanto, existen dos razones para que Juan Soto se quede en Nueva York: la primera es que los Yankees queden fuera en postemporada y decidan involucrar a Soto en el proyecto de conseguir un anillo.

Y segundo, que lo vean como un jugador referencia que pueda generar mucha conexión con el fanático del Bronx para generar un negocio desde ahí. De resto, la puerta para cambiar a Juan Soto luego de ganar un anillo o a mitad de temporada si el bus de Aaron Boone se accidenta, sería la opción más comercial en el mercado de cambios.

10 frases para la historia del Salón de la Fama, Luis Aparicio

Estas 10 frases célebres de Luis Aparicio encapsulan no solo su profundo conocimiento del juego, sino también sus valores y su filosofía de vida. Su legado perdura no solo en los récords y logros deportivos, sino también en las palabras que continúan inspirando a generaciones de aficionados y peloteros

AMANTES DEL BÉISBOL

DENVER, Colorado – Luis Aparicio, conocido como “Pequeño Louie” es una leyenda del béisbol venezolano y un ícono en el mundo del deporte. A lo largo de su carrera, no solo dejó una marca imborrable en el terreno de juego, sino que también compartió su sabiduría y visión a través de sus inspiradoras palabras.

En este artículo exploraremos las 10 frases célebres de Luis Aparicio que deberían resonar en los corazones de los aficionados al béisbol y más allá.

1. “El béisbol es mi vida, pero la familia es primero”

Esta frase refleja la importancia de los valores familiares para Luis Aparicio. A pesar de su dedicación al béisbol, siempre priorizó el bienestar y la unión de su familia por encima de todo. Para los de a pié, debemos recordar que trabajamos para nuestras familias, para su bienestar y bendición.

2. “Nunca olvides de dónde vienes, pero siempre mira hacia adelante”

Con esta frase, Aparicio enfatiza la importancia de recordar las raíces y los valores que nos han moldeado, pero también la necesidad de tener una visión de futuro y aspirar a nuevas metas. Esta es una de las claves de la evolución.

3. “El éxito no se trata solo de habilidad, sino de determinación y perseverancia”

Aparicio entendía que el éxito en el béisbol y en la vida requería más que talento natural; también era crucial mantenerse firme ante los desafíos y perseverar a pesar de las dificultades. El talento sin entrenamiento y dedicación es efímero.

4. “El béisbol es un juego de paciencia y sacrificio, pero los frutos valen la pena”

Esta frase captura la esencia del béisbol como un deporte que demanda paciencia, sacrificio y dedicación, pero que al final ofrece gratificación y recompensas. Básicamente también es como sembrar para luego cosechar.

5. “No importa lo difícil que sea el camino, siempre hay una manera de superar los obstáculos”

Aparicio alienta a mantener la determinación y la esperanza incluso en los momentos más difíciles, recordando que siempre hay una luz al final del túnel. La inteligencia y el intelecto son dos herramientas naturales para afrontar los desafíos de la vida y tomar mejores decisiones.

6. “La humildad y el trabajo duro son las claves del éxito en cualquier campo”

Esta frase subraya la importancia de la humildad y el esfuerzo constante como fundamentos para alcanzar el éxito, tanto en el béisbol como en cualquier otra área de la vida. Respetar a nuestros rivales deportivos es crucial para afrontarlos y superarlos.

7. “La grandeza no se mide por la fama, sino por el impacto que dejamos en los demás”

Aparicio nos recuerda que el verdadero legado de una persona se encuentra en las vidas que ha tocado y en las huellas que ha dejado en el mundo, más que en la fama o el reconocimiento público. Los valores humanos son superiores a la fama, ser una buena persona es más importante que ser un buen atleta.

8. “El respeto y la integridad son fundamentales en el deporte y en la vida”

Esta frase destaca la importancia de valores como el respeto y la integridad en el béisbol y en todas nuestras interacciones con los demás. Sin respeto no hay nada.

9. “El béisbol es un juego que une a las personas y trasciende las fronteras”

Aparicio reconoce el poder del béisbol para unir a personas de diferentes culturas y trasfondos, creando un vínculo especial que va más allá de las fronteras. Una visión política y global del deporte.

10. “Mantén siempre tu pasión y amor por el juego, incluso en los momentos más difíciles”

Aparicio nos insta a mantener viva nuestra pasión y amor por el béisbol, incluso cuando enfrentamos desafíos, recordándonos que es esa pasión la que nos impulsa a seguir adelante. En los momentos difíciles es donde emergen los verdaderos hombres.

Estas 10 frases célebres de Luis Aparicio encapsulan no solo su profundo conocimiento del juego, sino también sus valores y su filosofía de vida. Su legado perdura no solo en los récords y logros deportivos, sino también en las palabras que continúan inspirando a generaciones de aficionados y peloteros.

“¿Hice algo importante en mi vida?” | Prohibido olvidar el legado de Luis Aparicio

“La grandeza no se mide por la fama, sino por el impacto que dejamos en los demás” – Luis Aparicio

AMANTES DEL BÉISBOL

DENVER, Colorado – Luis Ernesto Aparicio Montiel, conocido como “Pequeño Louie”, celebró su cumpleaños número 90 el pasado 29 de abril de 2024. Como el primer venezolano en ser incluido en el Salón de la Fama del Béisbol, su legado es innegable, indiscutible y -lastimosamente- infravalorado por las nuevas generaciones de fanáticos.

Uno de sus hijos, Nelson Aparicio compartió ayer martes 30 de abril en el programa MLB en Vivo en el canal de Youtube de Diamante23, una anécdota íntima con su padre, quien preguntó si había hecho algo importante en su vida. La respuesta es obvia y contundente: hiciste mucho Don Luis Aparicio, tanto que creo no te merecemos porque hemos olvidado tu legado, pero nos hemos beneficiados todos de él.

Esta pregunta: “¿hice algo importante en mi vida?” es una que deberíamos hacernos todos en diferentes momentos de nuestras vidas, no sólo en la vejez. La misma inquietud resuena fuertemente en un hombre cuyo impacto en el béisbol latinoamericano fue innovador. Aparicio cambió la posición de campocorto y la elevó a un estándar superior: un campocorto líder y capitán en la defensiva del cuadro. Él era el “sabermétrico” del equipo y dirigía a todo aquel que tenía un guante.

El legado de Aparicio como uno de los jugadores más inteligentes de la historia del juego debería formar parte de la cultura popular y académica en Venezuela. Él no solo triunfó en su natal Maracaibo, sino que fue de los primeros venezolanos en triunfar en el extranjero, en Estados Unidos y en las Grandes Ligas. El punto es que él fue un adelantado a su generación y un visionario del por venir.

Aparicio fue un embajador, pero también un inmigrante que sufrió las vicisitudes de salir de su zona de confort, de su idioma y cultura, sometiéndose a los paradigmas de una sociedad ajena. Ojalá los venezolanos, que hoy en día nos contamos como inmigrantes por millones, tengamos la sensatez de reconocer y valorar su legado, por sobre todas las cosas, para motivarnos nosotros mismos a ser mejores cada día.

Luis Aparicio emergió en una época en la que los latinos enfrentaban barreras y prejuicios en el mundo del béisbol estadounidense. Como uno de los primeros latinos en jugar en las Grandes Ligas en la década de 1950, tuvo que enfrentar la xenofobia y superar obstáculos que otros jugadores no tenían. Su habilidad en el campo, especialmente en el robo de bases y su destreza defensiva, lo destacaron como una estrella en ascenso. Los estadounidenses querían jugar como él, con su estilo y destreza. Esto: jamás lo deberíamos olvidar.

A lo largo de su carrera, Aparicio acumuló una impresionante lista de logros y premios, incluyendo 13 selecciones al Juego de Estrellas, el premio al Novato del Año en 1956 y el prestigioso Guante de Oro en nueve ocasiones. Su legado trasciende más allá de sus estadísticas, ya que se convirtió en un ícono para los venezolanos y latinoamericanos que soñaban con jugar en las Grandes Ligas.

Sin embargo, a pesar de su indiscutible influencia en el béisbol, el reconocimiento adecuado de su legado parece ser insuficiente entre los suyos. Esto nos debe llenar de dolor, nos debe avergonzar, porque un pueblo que no recuerda a sus héroes deportivos, no solo a sus próceres, no tendrá la memoria histórica necesaria para sobreponerse a sus adversidades contemporáneas. La memoria colectiva es la identidad de un pueblo, nación o país, incluso de una familia.

Es crucial recordar y celebrar el legado de Luis Aparicio, no solo como un brillante jugador de béisbol, sino como un pionero que allanó el camino para generaciones futuras de jugadores latinoamericanos. Si no hubiese sido por Aparicio, Clemente y Marichal, quizás ni usted ni yo fuésemos amantes del béisbol hoy.

Su historia es un recordatorio de la importancia de reconocer y valorar las contribuciones de aquellos que abren caminos y desafían las barreras. En un deporte lleno de tradición y legado, la memoria de Luis Aparicio debe ser preservada y honrada para las generaciones venideras.

Todos, pero en específico los venezolanos, tenemos la misión de recordar a Luis Aparicio, honrarlo en vida, y nunca olvidar su historia, porque la historia de él es nuestra propia historia. Es como olvidarnos nosotros mismos.

Un poema a Luis Aparicio

TURNO AL BATE

“No estoy acostumbrado a ver bigleaguers tan pequeños de estatura como tú, pero me enseñaste lo buenos que pueden ser en el terreno”.

Esas fueron las palabras de Al López, manager de los Medias Blancas en 1956 para Luis Aparicio en su Año de Novato.

Y no fue para menos, ya que en tu año debut, te convertiste en el primer venezolano que conseguía el premio al Novato del Año en Las Mayores.

Ese mismo año, tus piernas no podían dejar de correr y, al igual que en las bases, te robaste el liderato en bases robadas de la liga.

Y para quienes pensaron que solo fue un “buen año”, las temporadas siguientes conseguiste uno o dos premios más.

Fueron 9 los lideratos en bases robadas de forma consecutiva que te lanzaste al bolsillo.

Como te familiarizaste con el número 9, también fueron 9 los guantes de oro que guardaste en tu repisa.

Pero es normal, como seres humanos que somos, aburrirse de las cosas.

Seguramente te aburriste de conseguir tantos 9 y por eso fuiste, nada más y nada menos, que a 10 juegos de estrellas.

Aunque el equipo de tus amores fueron los Medias Blancas, en 1966 los Orioles de Baltimore te demostraron su aprecio hacia ti, permitiéndote ganar junto a ellos el único anillo de Serie Mundial que tienes en tu carrera.

Y en 1984 te convertiste en el rey del béisbol en Venezuela, siendo el único venezolano exaltado al “Gran Salón”, el Hall of Fame de las Grandes Ligas.

Y hoy, 29 de abril de 2024, todos los venezolanos te deseamos un feliz cumpleaños, “Little Luis”.

No se coman el cuento…

CIUDAD DE MÉXICO – DIAMANTE 23 ESPECIAL – Mis queridos amigos, vamos a comenzar aclarando algunos puntos…

La MLB organiza encuentros fuera de Estados Unidos… Sí.
¿Es mucho más que en el pasado? Tal vez en cierto punto.
¿Es suficiente? No.
¿Están “mirando” a América Latina? Por supuesto que no.

El béisbol hoy, más que nunca, es un negocio y este negocio no solo busca tener ganancias, sino muchas ganancias, quizás excesivas. De hecho, tantas que no haya una excusa posible para no hacerlo, y aún así, buscarán excusas para no hacerlo, repetirlo o expandirlo.

Todo esto tiene una raíz que para muchos en el mundo de los negocios es inconcebible, pero en el mundo de hoy es más que razonable: la comodidad.

Vamos al pasado...

Les decía al principio que la MLB, tal vez en cierto punto, hoy mira a América Latina más que en el pasado. Ese “tal vez” sigue estando en un 80% en la explotación de talentos. La industria entiende que si su materia prima es en un 30% de origen latino, de alguna forma debe continuar inyectando un presupuesto acorde para seguir importando talento dominicano, venezolano y los que se sumen en el camino.

Ahora bien… ¿Existe una política seria por parte de la MLB para “servir” al mercado hispano?

No. No existe. En el corto plazo, no existirá.

No se confundan, el hecho de que la MLB organice un par de juegos en México o en Puerto Rico, incluso quizás en Seúl o Tokio, no se basa en una política seria y estructurada para servir al fanático que se ha formado por una tradición gestada en un pasado que era impulsado por el real crecimiento del juego.

En el béisbol que ya no existe, teníamos hombres como Branch Rickey, a quien usted podrá siempre recordar por darle un contrato a Jackie Robinson sin importar a sus detractores, pero fue ese mismo hombre quien llevó a los Dodgers a instalarse en Cuba y en la República Dominicana para jugar entrenamientos de primavera.

Bobby Maduro, dueño del Havana Sugar Kings dedicó su vida al desarrollo del béisbol global.

Hombres como Walter O´Malley y su hijo Peter, quienes desde su trinchera con los Dodgers, apostaron por expandir el juego internacionalmente al tiempo de vender su prestigiosa marca. En estas aventuras vimos el desarrollo de la Serie del Caribe con el apoyo de la antigua Asociación Nacional de Peloteros Profesionales, la afiliación de la Liga Mexicana de Béisbol a su estructura, la creación de los acuerdos invernales y los sueños de un equipo de la MLB en suelo latino con sus respectivas condiciones de desarrollo, como lo lucharon Bobby Maduro, Rafael Ávila y hasta Don Roberto Weill, quien suma a su legado la creación del Salón de la Fama del Béisbol Latino.

Estemos claros. América Latina y su economía no es ni en sueños comparable con la estructura económica de los Estados Unidos. La cultura de inversión publicitaria para financiar el deporte profesional tiene sus grandes avances en México, y por eso, solo por eso, la MLB accede a la modificación de su calendario para presentar partidos de temporada regular en suelo azteca.

El idilio por el béisbol en Latinoamérica tiene fecha de caducidad.

Así como lo lees. Este punto tan importante no es considerado por los controles operativos del béisbol y es lo que hace grave esta situación para los fanáticos del béisbol latino. Las nuevas tendencias y conductas de consumo del deporte, tanto presencial como por la vía de los medios de comunicación, nos muestran un panorama donde el fútbol internacional, como producto, ha sido aprovechado por las cadenas multinacionales de medios en base a los bajos costos de los derechos de transmisión.

Jamás se comparan las cifras que pueda pretender una liga europea de fútbol para que su producto sea distribuido en América Latina, con las elevadas cifras del producto de la MLB. Si a esto sumamos que el producto de la MLB tiene un contexto de relevancia en solo una parte de la región, su espectro comercial se limita aún más.

Si a esto sumamos que Venezuela, como mercado, representaba una gran parte de este pastel durante décadas, con la caída de su aparato económico y su masiva migración global, las ganancias internacionales del béisbol fueron evidentemente afectadas.

Entonces… ¿Está dispuesta la MLB a sacrificar ganancias o “dejar de ganar” para llevar y desarrollar su producto en América Latina? Obviamente, no. Es por eso que vemos iniciativas que continuarán creciendo como la Serie de Londres, y giras a Corea, Japón y Australia.

Sin embargo, se corre un gran peligro al solamente fijarse en este escenario desde el punto de vista financiero: la pasión por el juego y la cultura del béisbol en Latinoamérica se sigue viendo afectada. El contexto del juego deja de ser relevante en la región, y esto es gravísimo para una industria que cada día más busca diversidad real y expansión de mercados.

Cuando Branch Rickey firmó a Jackie Robinson lo hizo por el avance del juego, no lo hizo pensando en los potenciales acuerdos comerciales que surgirían por tener jugadores negros en Grandes Ligas. Cuando los Dodgers abrieron Campo Las Palmas en la República Dominicana, lo hicieron para darle un desarrollo integral a sus jugadores desde edades tempranas y expandir su filosofía organizativa.

Si estuviese en las manos de muchos “tomadores de decisiones” en la actualidad, América Latina no tendría ni una academia ni en la República Dominicana ni en Venezuela.

¡Dime que no!

Por los momentos, los fanáticos latinos del béisbol disfrutan de estos destellos comerciales. Pero para los que sueñan ver más de estos partidos en la República Dominicana, Venezuela o Colombia, estamos aún a años de esto. Obviamente, la República Dominicana tiene la delantera.

Leonte Landino es Jefe Editorial de Diamante23.com y miembro de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA) y la Sociedad Americana para la Investigación del Béisbol (SABR).

¿Son los lanzadores los mismos culpables de las lesiones?

TURNO AL BATE

Las lesiones en los lanzadores siempre han sido un factor imposible de separar para aquellos que se dedican a esta profesión. Y aunque la responsabilidad de retirar bateadores, conseguir ponches, generar rodados para doble play y mantener innings en cero cuando “el rancho está ardiendo” no es tarea fácil. Si a eso le agregamos lidiar con dolores, molestias y lesiones en sus brazos de lanzar, es una batalla que todo lanzador debe superar para seguir vivo dentro del pelotón de combate.

En los pasillos de Las Mayores se han escuchado varios comentarios que buscan culpables. Algunos hablan del reloj, otros dicen que todos están buscando pasar las 100 mph y eso está acabando con los brazos. Incluso un tal Justin Verlander explicó que el estrés que genera lanzar distintos pitcheos quebrados en el codo, llámese curva, slider, sinker, splitter, cambio, etc., a tanta velocidad, está liquidando soldados en el montículo.

Todos estos comentarios me parecen lógicos, a excepción de algunos. El tema del reloj no lo veo muy influyente en esto, ahora, sí creo que no todos pueden lanzar a 100 mph por razones de capacidades físicas, genética, etc.

Pero, ¿qué pasaría si existiera una vía en donde, sin importar el tipo de genética o capacidad atlética del lanzador, existiera una manera de lanzar con potencia la pelota sin sufrir tantas lesiones?

El preparador físico de jugadores de Grandes Ligas y ligas independientes, Yasmani Ochoa, me comentó cosas muy interesantes con respecto a este tema:

“En la escuela cubana de béisbol, se dieron la tarea de investigar la mecánica de lanzamiento y cómo minimizar estas lesiones recurrentes, que necesitan de la operación Tommy John, llegando a la conclusión de que esta lesión se genera cuando el círculo que genera el brazo del lanzador, marcado por el codo, es interrumpido”.

Para entenderlo mejor, debemos saber que el brazo del lanzador tiene tres palancas: el brazo, el antebrazo y la muñeca. Esas tres palancas, si se mueven de la forma correcta a la hora de ir al home, sin interrupciones, movimientos irregulares ni ortodoxos, como había comentado anteriormente, pueden ayudar al pitcher a ganar más aceleración y tener más velocidad sin dañarse el codo.

Este tema es vital porque no se ha comentado mucho. Creo que es mucho más fácil culpar al reloj y quitarlo antes que trabajar en una mecánica estricta para lanzar.

Lo que nos puede llevar a preguntarnos: ¿son los lanzadores los mismos culpables de tantas lesiones, debido a mecánicas de lanzar mal ejecutadas?

Nuestro amigo Yasmani tiene un último comentario a esa pregunta:

“En los programas de desarrollo antes de firmar al profesional, la orientación que se les da a esos muchachos es ‘lanzar duro sin importar qué’ y la mecánica queda en un segundo plano, y lo mismo pasa en las organizaciones de MLB. Si el prospecto está lanzando por encima de las 95, 97 mph, los equipos no están pendientes de si tiene buena acción del brazo o no”.

Estas declaraciones me dan a entender que el problema con los lanzadores no está dentro del juego, sino en lo que sucede antes del juego, y ese lugar está nada más y nada menos que en los entrenamientos.

¿Acaso antes se hacía algo diferente en los entrenamientos para evitar tantas lesiones?

El ex lanzador de los Bravos de Atlanta, Cristo Silva, tiene una excelente opinión sobre esto:

“La mentalidad en aquellos tiempos sobre lo que debe hacer un lanzador, hoy no cambia. Las velocidades sí han cambiado considerablemente, pero la filosofía de lanzar siempre ha sido la misma en todos los niveles: lanzar strike”.

Es importante conocer lo que sucede en distintas épocas del béisbol. Es evidente que se necesitan velocidades estándares para estar en el profesional, pero más allá de solo ‘tirar piedra’, es fundamental dominar el arte de lanzar, lo cual es algo muy diferente a solo tener una recta sobre el promedio.

Ahora, yendo más a fondo sobre todo lo que sucede en el cuartel de preparación para la batalla de cualquier lanzador, Cristo nos dejó una última pero muy valiosa observación.

“Todo se basa en el enfoque que tú tengas como lanzador. Podemos ver fácilmente en el ejemplo de Aroldis Chapman, que con 14 años lanzando en Las Mayores a una recta en promedio de 100 mph y en distintas ocasiones llegando a conseguir velocidades entre 104, 105 y 106 mph sin sufrir tantas lesiones en su carrera. ¿Por qué sucede esto? Debes ver a ese caballo entrenar, la intensidad, el compromiso y la exigencia en querer mejorar dentro de sus entrenamientos es a otro nivel”.

Tras escuchar ambas declaraciones, la de un preparador físico de los atletas y la de un atleta que vivió en carne propia las batallas que enfrenta un lanzador profesional, sin embargo, quedan dudas por resolver y una de ellas es: ¿está la culpa en los coaches, managers y preparadores físicos?

José Sivira, coach de bateo del equipo Caciques de Caracas en la LMBP, mejor conocida como “La Liga Mayor” en Venezuela, resaltó sobre lo que se les exigía a los lanzadores en los entrenamientos y en la temporada, era algo completamente diferente:

“En los entrenamientos, había jugadores que estaban de invitados con el objetivo de hacer el equipo grande. ¿Cuáles eran las exigencias del equipo para escoger su rotación abridora y el bullpen oficial? Muy sencillo: lanzar fuerte. Había situaciones de jugadores que no tenían una recta muy potente, pero dominaban a los bateadores con facilidad en los juegos de entrenamientos, pero no hacían el equipo por el simple hecho de no tener potencia en su recta”.

“Como sucedía en otros casos, venían lanzadores poco dominantes en juegos de entrenamiento, pero por tener una recta potente, hacían el equipo grande sin ningún tipo de complicaciones.”

Analizar estas situaciones es muy importante porque puede dar a entender que lanzando duro, ya el staff de trabajo se encargará de hacer los ajustes necesarios en los lanzadores para tener un mejor dominio de sus habilidades de lanzamiento, situaciones de conteo frente a bateadores, la confianza que tengan en sus lanzamientos, etc. Pero la verdad es que esas cosas no son tan fáciles de enseñar. Y las declaraciones finales de Sivira lo reafirman:

“Luego de escoger esos brazos fuertes por encima de quienes sacaban los outs, esos lanzadores de altas velocidades no lograron dominar como se esperaba y sus efectividades fueron muy altas, por lo que el equipo dejaba libre rápidamente a dichos lanzadores. En esas situaciones donde esos brazos fuertes no podían conseguir los outs, la inteligencia, el comando y la confianza en sus pitcheos que demostraban otros lanzadores que no hicieron el equipo por no ‘tirar fuerte’ podían ayudar al equipo en varias ocasiones”.

Con todos estos comentarios de calidad sobre los expertos en la materia, entendemos que la mecánica de lanzar y el entrenamiento más enfocado en fortalecer el cuerpo en general, más allá de solo el brazo, es vital para no colapsar cuando empiezas a lanzar a tan altas velocidades por un largo tiempo determinado. Y que las millas sobre el promedio no le garantizan el éxito de dominio a ningún lanzador en el más alto nivel del béisbol.

¿Deberíamos preocuparnos por la falta de jonrones de Ronald Acuña en esta temporada?

“Sufrirás mucho y al mismo tiempo, serás feliz. Esta es tu vocación, buscar en el dolor la felicidad”

Fiodor Dostoievski (escritor) 

En el beisbol los peloteros profesionales son “obreros” de una mega empresa llamada MLB, pero existen las excepciones de que si bateas por encima de 300 puntos en promedio de bateo, conectas más de 30 cuadrangulares por año, repartes 200 o más hits en una temporada y te ganas la admiración del público, la misma empresa te sube de cargo y pasas a ser un “gerente ejecutivo” como de esos que están en las empresas con trajes de 2.000 dólares, corbatas de primera talla y siempre deberás asistir a cenas costosas y elegantes.  

La diferencia es que en el mundo de la pelota en vez de llamarles “ejecutivos de alto rango” los conocemos por el nombre de superestrellas. Sin embargo, por lo complicado que es el juego, ese puesto simplemente es prestado y en algún momento todos esos picos de productividad deben disminuir, y para la empresa de MLB no hay preferencias, por lo que quien esté en el nivel más alto de rendimiento, siempre será ese nuevo “gerente ejecutivo” y quien lo era anteriormente volverá a ser considerado un simple “obrero” porque para desgracia de algunos, en las malas rachas o incluso en las buenas, pero modestas, todos se alejan del pelotero y se acercan únicamente a criticarlo para que piense que su producción en el terreno es un crimen que le otorga su propio castigo. 

Quiero recalcar que no estoy defendiendo o justificando la falta de poder en este inicio de temporada para Ronald Acuña, y es que más allá de mantenerse en base como lo ha venido haciendo y anotar carreras para el equipo, la organización de los Bravos aunque algunos lo nieguen, si le está pagando para dar jonrones.  

Pero solamente existe una cosa que nos puede quitar las dudas sobre este debate con el muchacho de “La Sabana”, las maravillosas estadísticas. 

En la temporada 2023 cuando ganó el MVP en abril, lo terminó con 4 cuadrangulares y un promedio de bateo de 354. Una anomalía en lo que a average se refiere y una marca decente en lo que a cuadrangulares también se refiere. 

Pero al final de temporada terminó con 41 y con average de 337, y como reconocimiento extra fue el jugador más valioso de ese año. ¿Por qué? Muy sencillo: es una temporada larga y esto es béisbol. 

Este año al día que se escribe esta columna 23 de abril del 2024, acuña tiene 1 cuadrangular y un promedio de bateo de 293. Claramente hay disminución del rendimiento pero no para decir que ya está acabado. 

Batear por encima de 290 en promedio de bateo, es estar comiendo en la mesa de los ejecutivos en la empresa de la MLB, y a lo que cuadrangulares se refiere, él puede empezar a “ligar” y reajustar sus números de poder como el año pasado. 

Pero él no va a “ligar” por suerte, sino porque está en condiciones, cuando ves sus turnos este año se nota que esta a tiempo con los pitchers, su ajuste para identificar lanzamientos rompientes esta óptimo y sus contactos son sólidos, y eso es lo más importante en una caja de bateo a cualquier nivel, pero evidentemente mucho más al nivel profesional. 

Por lo que Acuña Jr dará de que hablar este año 2024 si sigue con esa consistencia sin desesperarse hasta que la proyección y ángulo de su swing empiece a disparar cohetes detrás de la barda. 

Gracias por disfrutar del beisbol y a ti por tomarte el tiempo de leer este escrito sobre el deporte que amas.

¿Cómo Shota Imanaga está durmiendo los bates de MLB con una recta de tan solo 93 mph?

“Destrúyete para conocerte, constrúyete para sorprenderte; lo importante no es ser, sino transformarse” Franz Kafka (escritor)

Honestamente no sé si Shota Imanaga se destruyó para conocerse, muy probablemente si se construyo durante años y años de trabajo duro para sorprendernos como lo esta haciendo esta temporada, pero de lo que si no me cabe duda es que tuvo una metamorfosis sobre el montículo para regalarnos un espectáculo de como lanzar al más alto nivel. 

En una época donde la fuerza de las rectas rondan fácilmente entre las 97, 98 y 99 mph y subiendo. Un japones de apenas 5,10 de estatura, 79 kilogramos de peso, recta en promedio de 93 mph y por si fuera poco debutando con 30 años de edad.

Le está cerrando la boca a muchas organizaciones de que aunque la velocidad en el beisbol profesional es un requisito indispensable, la manera de lanzar, el método, la ubicación, el manejo de conteos ante el bateador y muy importante, la inteligencia para pararse en la lomita, es la principal herramienta que debe adquirir un pitcher de Grandes Ligas. 

Vayamos 20 años atrás cuando incluso los cerradores pese a que muchos no tuvieran una recta poderosa que sobrepasara las 95 mph, su repertorio de pitcheos y su IQ para enfrentar bateadores los llevaron a ser superestrellas en su época e incluso leyendas de todos los tiempos. 

A continuación colocaré una lista de cerradores estrellas que no pasaban las 95 mph: 

Mariano Rivera: (93 mph) 

Francisco “EL KIT” Rodriguez: (94 mph) 

Jonathan Papelbon: (92 mph) 

Sergio Romo: (91 mph) 

Brian Wilson: (94 mph) 

Creo que estos datos dejan más que claro que para tener éxito en grandes ligas se necesita más que una poderosa bola rápida. Y para los que tienen el criterio de que “estamos en otra época” les invito a que sigan leyendo y analicemos el caso de Shota Imanaga. 

En las 4 salidas que lleva esta temporada Imanaga tiene 4 victorias, 0 derrotas y un porcentaje de carreras limpias permitidas de 0.84. En 21.1 entradas lanzadas ha permitido 14 hits, solo a concedido 2 bases por bolas y nada más y nada menos que 21 ponches recetados, lo que significa que tiene un promedio de 1 ponche por entrada lanzada, y si aún no te convence, para la cereza del pastel esta su WHIP el cual es de 0.75, por debajo de su porcentaje de carreras limpias permitidas ¡Una completa locura!

¿Necesitas un poco más de tiempo para saber si Imanaga es en realidad un lanzador consistente? 

Aquí te dejo un poco de sus números en la liga japonesa de más alto nivel. Culmino hasta la fecha con un récord de 74,55. Efectividad de 2,96 y en 1,129 entradas lanzadas propino 1,183 ponches, quiere decir que esta por encima del promedio con más de 1 ponche por inning. 

Cabe resaltar que son ligas completamente diferentes. Sin embargo aquí te quiero explicar por qué la manera de lanzar de Imanaga genera mucha confianza en que tendrá años consistentes y con números sobre average. 

Para empezar si observas bien sus salidas tanto en Japón como en grandes ligas, sus pitcheos dentro de la zona de strike siempre están en la frontera del cuadro, y sus lanzamientos fuera de la zona, inician en un angulo dentro del cuadro para finalizar rompiendo a diferentes partes de la zona inferior del cuadro.  

Por otro lado en sus pitcheos abilities destacan su splitter y su slider. El splitter es su recurso más confiable para ponchar, si tiene una cuenta con dos strikes no dudara en lanzar su splitter que rompen de una forma simple abriéndose hacia la esquina derecha para los bateadores derechos y rompiendo hacia la esquina de adentro para los bateadores zurdos, pero además de eso su rompimiento hacia las esquinas es tarde, ya a punto de entrar en el ángulo del cuadro. Por lo que para cualquier bateador es muy complicado ajustarse a un lanzamiento de esos.

En lo que a su slider se refiere, es corto, y de igual forma rompe tarde para evitar la adaptación de los bateadores con facilidad, para colmo cuando ves tantos lanzamientos en movimiento como estos, su recta en 92 mph se ve como si fuera a 100 mph, por lo que hablamos antes, si ves muchos splitters, cambios, sliders , etc. El cerebro de un bateador buscara estar al día con esos lanzamientos y si el lanzador es inteligente como es el caso de Shota, lanzar una o dos rectas en el momento indicado de un turno es suficiente para pasar un bateador sin mucha potencia en la bola rápida. 

Así que a mi parecer Shota Imanaga está demostrando que el saber lanzar puede darle mejores resultados a cualquier lanzador en grandes ligas más allá de una recta de altas velocidades. 

Gracias por disfrutar del beisbol y a ti por tomarte el tiempo de leer esta columna sobre el deporte que amas.

Astros de Houston: Superando los desafíos en el inicio de la temporada para volver a su grandeza

El inicio de temporada 2024 para los Astros de Houston ha sido un desafío marcado por lesiones en su cuerpo de lanzadores y una inconsistencia en el rendimiento que los ha dejado rezagados en la clasificación del Oeste de la Liga Americana, incluso por detrás de Oakland.

La ausencia de piezas clave como Framber Valdez, Lance McCullers, Luis García, José Urquidy, Cristian Javier (quien se encuentra en la lista de lesionados por 15 días), y Justin Verlander (quien se perdió aproximadamente cuatro salidas), ha dejado un vacío en la rotación de lanzadores, exigiendo a los prospectos como Hunter Brown a tomar roles de mayor responsabilidad y que no han podido cumplir como se requiere.

Además, se ha especulado sobre el impacto de la ausencia del boricua Martín Maldonado, cuyo manejo del juego desde la receptoría ha sido elogiado en el pasado. Su poca contribución en el bateo dejó muchas criticas pero su liderazgo es algo que no podemos ocultar.

Aunque las dificultades en el montículo han sido evidentes, también se han destacado aspectos positivos en el equipo. Jugadores como el dominicano Ronel Blanco han emergido como piezas clave, mostrando destellos de brillantez que mantienen viva la esperanza de los aficionados. Blanco ha registrado una impresionante efectividad de 1.33, con destacadas actuaciones que incluyen un juego sin hits ni carreras. Mientras tanto, la estrella venezolana “el pequeño gigante” José Altuve ha demostrado un nivel de juego digno de MVP, liderando al equipo tanto en el bateo como en la defensa, con 5 cuadrangulares, un promedio de bateo de .351 y un OPS de 1.051.

No obstante, para que los Astros vuelvan a ser el equipo temido por sus rivales, se requiere una rápida recuperación del cuerpo de lanzadores, así como una mayor consistencia en todas las facetas del juego. Los jugadores clave como Alex Bregman, quien se encuentra en su último año de contrato y ocupa la posición de cuarto bate, deben alcanzar su máximo potencial. 

Además, el cuerpo técnico liderado por Joe Espada y Omar López y quienes fueron merecidamente ascendidos por su gran trayectoria debe encontrar las soluciones para llevar a los Astros a donde todos queremos y poder ganar el título como hace 2 años.

Let’s Go Astros.