Padres: confiar en Mason Miller también exige ponerle un límite

Análisis y opinión | Por Leonte Landino

Los Padres necesitan confiar en Mason Miller sin confundir confianza con pedirle que haga todo. Ese es el dilema que llevan a Petco Park este 6 de octubre: sobrevivir ante Milwaukee exige usar bien al mejor brazo disponible, pero también reconocer cuándo cambia el trabajo que se le está pidiendo.

La novedad está en el posible ajuste. En declaraciones del lunes recogidas por Alden González, de ESPN, y publicadas el 6 de octubre, Craig Stammen planteó revisar las salidas de más de una entrada de Miller. El dirigente descartó que las especulaciones sobre lanzamientos anunciados explicaran el problema. Limitar su trabajo es una posibilidad bajo evaluación, no una regla ya confirmada para el Juego 3.

El mejor relevista no es una solución sin límites

San Diego llega abajo 0-2 a una serie al mejor de cinco. El domingo perdió 4-3 después de buscar seis outs con su cerrador. Tres boletos en el noveno prepararon el sencillo decisivo de Jackson Chourio. El desenlace duele, pero conviene separar dos preguntas: si Miller sigue siendo una opción extraordinaria y si conviene extender cada aparición suya.

La respuesta a la primera tiene evidencia de seis meses. Durante la temporada regular de 2026, Miller registró 1.67 de efectividad en 70 entradas y 66 presentaciones. Ponchó a 129 de los 272 bateadores que enfrentó: 47,4%. Concedió 26 boletos, un 9,6%. Casi la mitad de sus enfrentamientos terminó sin exigirle a la defensa que convirtiera una pelota bateada en out.

Mason Miller en la temporada regular 2026: 47,4% de ponches y 9,6% de boletos ante 272 bateadores.
129 ponches y 26 boletos en 272 bateadores enfrentados durante la temporada regular 2026. Porcentajes redondeados a un decimal; escala desde cero. Gráfico: Diamante 23.

La diferencia entre ambas tasas fue de 37,9 puntos porcentuales, calculada antes del redondeo. Ese balance ayuda a explicar su capacidad para dominar turnos. No mide, por sí solo, la recuperación entre innings ni demuestra que su rendimiento sea idéntico antes y después de sentarse en el dugout.

Ahí está la distinción que debe ordenar la decisión. Las cifras acumuladas describen al lanzador que San Diego tiene. Para decidir cuánto prolongar una salida hace falta observar además su comando, su recuperación y el tramo de la alineación que viene. Una temporada brillante no responde automáticamente todas esas preguntas.

Acortar la salida no obliga a esperar al noveno

Mi posición es que los Padres deberían separar el momento de entrada de la duración del trabajo. Si la amenaza principal aparece antes del noveno, usar a Miller puede ser una buena decisión. Lo discutible es asumir que, por haber entrado temprano, tiene que quedarse hasta el último out.

El salvamento es una anotación en la hoja. La amenaza está en las bases.

Eso exige que otro relevista pueda terminar el partido. Y exige aceptar una incomodidad: en ocasiones, administrar bien al mejor brazo significa retirarlo cuando todavía queremos seguir viéndolo. La urgencia del marcador no amplía por decreto la capacidad de un pitcher.

Tampoco sería serio declarar que el domingo probó una incapacidad permanente para trabajar más de una entrada. Una aparición no demuestra causalidad. Para atribuir el tropiezo a la duración habría que comparar salidas equivalentes, carga previa, rivales y calidad de los lanzamientos. La observación del cuerpo técnico merece atención; el resultado aislado no sustituye ese análisis.

Morejón forma parte de la solución

Para el público latino, esta discusión tiene otro protagonista sustantivo: el cubano Adrián Morejón. Su función puede ayudar a que San Diego reparta los turnos difíciles sin exigirle toda la respuesta a Miller. En la fase regular de 2026, Morejón permitió un OPS de .460 ante zurdos en 137 apariciones, frente a .609 ante derechos en 215, según el registro de Baseball-Reference.

OPS combina embasado y slugging; cuanto menor sea el permitido, menor fue la producción rival en esa muestra. La diferencia describe una ventaja observada frente a zurdos, no una garantía para el siguiente duelo. Tampoco autoriza cambios automáticos: importan los bateadores concretos y las opciones que conserve Milwaukee en la banca.

Ese aporte cubano merece evaluarse por su función dentro del plan. Elegir bien el tramo de Morejón puede evitar que el cerrador tenga que resolver dos problemas consecutivos. El bullpen funciona mejor cuando sus responsabilidades se complementan.

Como ocurrió con la distribución de entradas de los White Sox, el cargo escrito al lado del nombre no debe dirigir cada decisión. Pero aquí el examen es distinto: revisar una exigencia que acaba de fallar sin descartar al pitcher que la recibió.

San Diego no necesita castigar a Miller por una derrota. Necesita darle una tarea que aproveche mejor lo que hace extraordinariamente bien. Esa es una decisión de octubre que conserva valor mucho después del último out.

Fotografía destacada de archivo: Petco Park y el centro de San Diego, 12 de agosto de 2024. Autor: So.estrada0508 / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde a la postemporada de 2026.

Hiroshima Carp corta a cuatro jugadores tras el escándalo del “zombie tobacco”

Los Hiroshima Toyo Carp tomaron una de las decisiones más impactantes de la temporada en la NPB. La organización anunció que no renovará los contratos de Kaito Kozono, Masaya Yano, Seita Maekawa y Shunsuke Tamura para 2027, una determinación que llega después de meses de investigaciones y repercusiones por el caso relacionado con el llamado “zombie tobacco”.

Kiyoaki Suzuki, director general de los Carp, explicó que el club llegó a la conclusión de que sería difícil reconstruir una relación de confianza con los cuatro jugadores de cara a la próxima temporada.

Sin embargo, Hiroshima hizo una aclaración fundamental: su investigación interna no confirmó que Kozono, Yano, Maekawa o Tamura hayan consumido etomidato. Suzuki incluso señaló que, si tuviera que definir la situación entre “blanco o negro”, para la organización sería “blanco”.

¿Por qué Hiroshima decidió dejar libres a los cuatro jugadores?

Los Carp iniciaron una investigación interna después del arresto de Ryutaro Hatsuki, un caso que llevó al etomidato y al llamado “zombie tobacco” al centro de la actualidad del béisbol japonés.

Con el avance del proceso surgieron informaciones que involucraban a otros miembros de la organización. Según Nikkan Sports, tres de los cuatro jugadores que ahora quedaron fuera del club aparecieron en fotografías publicadas por medios semanales junto a una persona señalada por su posible vínculo con la distribución de la sustancia.

Además, dos de los jugadores fueron remitidos a la fiscalía durante la investigación.

Pese a eso, Hiroshima dejó en claro un punto importante: el club no encontró pruebas que demostraran que los cuatro jugadores consumieron etomidato.

Kiyoaki Suzuki, directivo de los Carp, explicó que la información surgida de las investigaciones policiales, las publicaciones de medios y las entrevistas internas terminaron afectando la relación entre las partes.

“Para avanzar unidos la próxima temporada bajo el mando del manager Arai, determinamos que sería difícil construir una relación de confianza con el club”, explicó.

Por ese motivo, Hiroshima decidió no renovar sus contratos y permitir que los cuatro jugadores continúen sus carreras fuera de la organización.

Cómo comenzó el escándalo del “zombie tobacco”

El caso tuvo su origen en Ryutaro Hatsuki, exjugador de Hiroshima que fue arrestado y posteriormente declarado culpable por el uso no médico de etomidato.

Durante el proceso judicial, Hatsuki reconoció haber consumido la sustancia. También afirmó que otros jugadores de los Carp habían tenido contacto con ella, una declaración que amplió el alcance del caso dentro de la organización.

Según la acusación, Hatsuki utilizó una pequeña cantidad de etomidato en su vivienda en diciembre de 2025.

El exjugador también relató que su primer contacto con la sustancia ocurrió meses antes, durante un viaje del equipo. Según su versión, ingresó a un establecimiento pensando inicialmente que se trataba de shisha.

A partir de ese episodio, Hiroshima inició una revisión más profunda de la situación dentro del club.

¿Qué es el “zombie tobacco”?

El término “zombie tobacco” o “zombie cigarettes” se utiliza en Japón para describir productos de vapeo que contienen etomidato.

El etomidato es un fármaco utilizado en medicina como anestésico. Sin embargo, su consumo fuera de un entorno médico puede provocar efectos neurológicos y otros problemas de salud.

En los últimos años, la sustancia ganó notoriedad en Japón por su presencia en algunos dispositivos de vapeo ilegales.

El caso terminó alcanzando también al béisbol profesional.

Hiroshima rescindió el contrato de Hatsuki en febrero después de su arresto. En aquel momento, la organización calificó la situación como extremadamente grave por el daño causado a la confianza de aficionados y patrocinadores.

Kaito Kozono, la salida de mayor impacto

Entre los cuatro jugadores, Kaito Kozono es el nombre de mayor peso deportivo.

El infielder de 26 años fue elegido por Hiroshima en la primera ronda del Draft de 2018, luego de que cuatro equipos compitieran por seleccionarlo.

Con el paso de las temporadas se convirtió en una de las principales figuras de los Carp.

En 2025 ganó el título de bateo de la Liga Central y también terminó como líder en porcentaje de embasado. Además, representó a Japón en el Premier12 de 2024 y formó parte del roster de Samurai Japan para el World Baseball Classic de 2026.

Durante la temporada 2026 disputó 101 partidos, con promedio de .257, un jonrón y 23 carreras impulsadas.

Más tarde fue enviado al equipo de farm, donde bateó para .380, con tres cuadrangulares y 13 remolcadas en 25 encuentros.

Su salida resulta especialmente llamativa porque se produce apenas una temporada después de conquistar el título de bateo de la Liga Central.

Según Nikkan Sports, no existen antecedentes comparables entre jugadores japoneses de un campeón de bateo que quede fuera de una organización de esta manera al año siguiente de ganar el título.

Yano, Tamura y Maekawa también dejan los Carp

Masaya Yano, de 27 años, se había ganado un lugar principalmente por su defensa.

En 2024 obtuvo el Guante de Oro como shortstop y acumuló 454 partidos en NPB con Hiroshima.

Shunsuke Tamura, jardinero de 23 años, era uno de los jóvenes con proyección dentro de la organización.

Fue seleccionado en la cuarta ronda del Draft de 2021 y llegó a ser convocado por Japón para la serie de preparación ante Europa en 2024.

Por su parte, Seita Maekawa, también de 23 años, ingresó a Hiroshima como selección de desarrollo en 2021.

Con el tiempo consiguió un lugar en el roster principal y acumuló 53 encuentros en la máxima categoría.

Los cuatro jugadores quedarán ahora disponibles para continuar sus carreras en otras organizaciones.

Hiroshima busca cerrar el caso y mirar hacia 2027

La decisión de los Carp marca una diferencia entre la situación legal de los jugadores y la postura deportiva de la organización.

Hiroshima sostuvo que no encontró pruebas para afirmar que Kozono, Yano, Tamura y Maekawa consumieron etomidato.

Sin embargo, el club consideró que todo lo ocurrido durante el proceso dañó la relación necesaria para continuar trabajando juntos en 2027.

La organización incluso manifestó su deseo de que los cuatro puedan encontrar nuevas oportunidades dentro del béisbol profesional.

Las salidas representan además un cambio importante para Hiroshima.

Los Carp perderán a un campeón de bateo, un ganador del Guante de Oro y dos jugadores jóvenes que todavía formaban parte de los planes deportivos del club.

El escándalo del “zombie tobacco”, que comenzó con el caso Hatsuki, termina así generando consecuencias mucho más profundas dentro de una de las organizaciones históricas de la Liga Central.

Freddy Peralta: mejorar no siempre significa ponchar más

Por Eugenio Hernández · Opinión y análisis

Freddy Peralta está ayudando a ganar a Tampa Bay sin necesitar más ponches para hacerlo. Esa es la parte de su temporada que merece una mirada más larga que el marcador. El derecho dominicano aportó cuatro entradas y dos tercios de una carrera en el triunfo 5-2 sobre los Yankees del 5 de octubre. Los Rays quedaron arriba 2-0 en la Serie Divisional. Su actuación fue útil; convertirla en una exhibición de dominio absoluto sería contar otro partido.

Peralta dejó dos corredores en el quinto. Cam Booser caminó a Ben Rice y después escapó con las bases llenas. El relevo protegió también la línea estadística del abridor. Octubre permite celebrar la contribución individual, pero obliga a reconocer dónde empezó la ayuda.

La mejora está en los resultados; la explicación exige más

La comparación de sus dos etapas de temporada regular en 2026 resulta reveladora. Con los Mets tuvo efectividad de 4.99 en 22 aperturas y 113⅔ innings. Con los Rays, después de su llegada en agosto, registró 3.25 en diez aperturas y 55⅓ entradas. La efectividad expresa carreras limpias permitidas por cada nueve innings: bajarla significa una mejora real en prevención de carreras, aunque no explique por sí sola cómo ocurrió.

Al medir cada enfrentamiento aparece el matiz. En Nueva York ponchó a 113 de 512 bateadores: 22,1%. En Tampa Bay, a 43 de 218: 19,7%. Los boletos también descendieron: de 48 entre esos 512 rivales, 9,4%, a 15 entre 218, 6,9%.

Freddy Peralta en la temporada regular 2026: Mets, 22,1% de ponches y 9,4% de boletos ante 512 bateadores; Rays, 19,7% y 6,9% ante 218.
Temporada regular 2026: 22 aperturas con Mets y diez con Rays. Tasas calculadas sobre bateadores enfrentados; cifras redondeadas a un decimal. Gráfico: Diamante 23.

Hay menos pases gratis, pero también menos outs que prescinden de la defensa. Por eso conviene mirar ambos movimientos juntos. La diferencia entre tasa de ponches y tasa de boletos, conocida como K–BB%, apenas cambió: 12,7 puntos porcentuales con Mets y 12,8 con Rays. Es una medida útil del equilibrio entre esos dos desenlaces, no una evaluación completa del lanzador.

Mi lectura es que la mejor versión de Peralta en esta etapa no puede venderse simplemente como la de un brazo más intimidante. Sus resultados mejoraron mientras ese balance permaneció prácticamente igual. La pregunta interesante está en lo que pasó con los demás turnos y en cómo se distribuyeron los corredores y las carreras.

Evitar un boleto no resuelve toda la ecuación

Una base por bolas concede al rival un corredor sin exigirle un batazo. Reducir su frecuencia limita esa vía de ataque. Pero estos datos no demuestran un cambio específico de mecánica, repertorio o plan de pitcheo, ni permiten adjudicar toda la caída de efectividad a los boletos.

Para sostener esas conclusiones haría falta estudiar la calidad del contacto, la defensa, los rivales y la secuencia de los batazos. Además, las muestras son desiguales: diez aperturas en Tampa Bay frente a 22 en Nueva York. Una comparación describe lo sucedido; no garantiza que la diferencia se mantenga.

La salida ante los Yankees resume ese cuidado. Peralta consiguió tres ponches, concedió un boleto y enfrentó a 18 bateadores. No necesitó una colección de swings fallidos para aportar. Tampoco terminó el quinto por cuenta propia. Ambas cosas pueden ser ciertas sin rebajar su trabajo.

El aporte latino también se construye desde el montículo

Para el fanático dominicano que sigue al lanzador de Moca, hay un motivo concreto para valorar este tramo: Peralta está contribuyendo a una oportunidad de campeonato después de una primera etapa bastante menos eficaz. Su aporte amplía una historia de Tampa Bay que también tiene al mexicano Jonathan Aranda como protagonista ofensivo. El impacto latino en este equipo también pasa por evitar carreras y entregar un partido competitivo al siguiente brazo.

Ahí está, a mi juicio, el valor de observarlo con otra vara. El ponche merece el aplauso; la evaluación necesita el turno completo. Peralta mejoró sus resultados sin aumentar la frecuencia de su golpe más vistoso. Reconocerlo es justo. Llamarlo una transformación definitiva todavía sería adelantarse a la evidencia.

Fotografía destacada de archivo: Freddy Peralta con los Mets en Toronto, 1 de julio de 2026. Autor: ウィ貴公子 / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde al partido del 5 de octubre.

Ohtani: cuatro pitcheos en la zona y una lección sobre el valor de esperar

Análisis | Por Leonte Landino

En el béisbol moderno, todos los equipos conocen la regla: «Que no te gane el caballo, el alma de la alineación, el hombre de la fuerza». Si alguien más va a hacerte daño, que sea otro. Al más peligroso se le trabaja con cuidado, se le saca de ritmo y, si hace falta, se le entrega la primera base.

Con Shohei Ohtani, esa tesis cobra una dimensión distinta. Full-Count publicó el 5 de octubre un dato revelador sobre el segundo juego divisional entre Atlanta y Los Ángeles: de los 19 lanzamientos que recibió, apenas cuatro estuvieron en la zona de strike. Los Dodgers perdieron 3-2 en el encuentro del 4 de octubre en California.

El mensaje del rival está claro. Nadie quiere ser la víctima del próximo gran momento de Shohei.

El «túnel del terror» también necesita paciencia

Esa vieja tesis de evitar al caballo ayuda a entender el valor de la alineación que construyeron los Dodgers. Para impedir que sacar de ritmo a una superestrella neutralizara a todo el equipo, se buscaron una fila de superestrellas. Si le tienes miedo a uno, detrás viene otro.

Es lo que tengo llamando desde hace un tiempo «un túnel del terror».

Pero ese túnel pierde fuerza si el primer bateador, empeñado en resolverlo todo, termina persiguiendo lo que el pitcher quería que persiguiera. La profundidad de una alineación también exige confianza: aceptar la base y dejarle el problema al que viene detrás. El rival puede evitar un duelo. Lo difícil es escapar de todos.

Cuatro en la zona no significa cuatro strikes

La distinción importa. Un lanzamiento fuera de la zona también puede sumar un strike si el bateador abanica o conecta un foul antes de tener dos strikes. El dato describe la ubicación de los pitcheos, no el total de strikes en el conteo. El rival puede conseguir lo que busca sin ofrecer una pelota dentro de la zona.

DIAMANTE 23 · EL DATO

4 de 19

Lanzamientos dentro de la zona: 21,1 %

Lanzamientos fuera de la zona: 15 · 78,9 %

Muestra: los 19 pitcheos recibidos por Ohtani en el Juego 2, 4 de octubre de 2026. Dato reportado por Full-Count; porcentajes calculados por Diamante 23. Es ubicación, no resultado del lanzamiento.

Nikkan Sports aporta otra medida: ocho de sus 11 swings fueron contra pelotas fuera de la zona, aproximadamente el 73 %. Ese porcentaje corresponde a sus swings, no a todos los pitcheos fuera de la zona que recibió. El mismo medio recoge el diagnóstico de Dave Roberts: salir a buscar esas pelotas dificulta hacer contacto sólido.

Diecinueve lanzamientos son la muestra de un partido. No alcanzan para diagnosticar una transformación permanente ni para saber lo que pasa por la cabeza de Ohtani. Sí muestran cómo el rival puede aprovechar esas decisiones.

Más que impaciencia, ímpetu

Mi lectura es que Shohei enfrenta algo más que impaciencia. Enfrenta ímpetu. Esas ganas de producir, de ser el héroe, de crear los grandes momentos. La fuerza que lo hace extraordinario también puede empujarlo a buscar un batazo donde el lanzador no quiere concedérselo.

Y eso resulta frustrante para Shohei, para los Dodgers y para los fanáticos: ver que el miedo supere la competencia, que el duelo esperado se convierta en una invitación a perseguir.

¿Es justo? Desde el deseo de ver competir a los mejores, no. ¿Es válido? Por supuesto que sí. El pitcher está allí para ganar, no para regalarle al público la escena que quiere ver.

Ohtani debe contribuir con su paciencia. Eso tampoco significa quedarse mirando todo. Con dos strikes hay que protegerse y, cuando llegue un lanzamiento que pueda castigar, atacarlo. Pero su responsabilidad de producir no lo obliga a convertir cada turno en una hazaña.

Estoy convencido de que esa paciencia puede acercar a los Dodgers a otro título. Un boleto conserva un out, coloca un corredor y obliga al lanzador a enfrentar al siguiente hombre del túnel. Llenar las bases en un playoff añade una presión enorme: reduce el margen de error y convierte una mala decisión en un problema mayor. Ningún pitcher quiere vivir ahí.

El poder de Shohei también está en obligar al rival a asumir las consecuencias de no enfrentarlo.

Mientras tanto, Shohei debe ser paciente. Y el mundo también.

El momento heroico llegará. Él está hecho para eso.

Relacionado: Chourio y las distintas maneras de cambiar un partido más allá del jonrón.

Fotografía de archivo: Shohei Ohtani en Washington, 24 de abril de 2024. David / Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0. Imagen redimensionada; no corresponde al encuentro de octubre de 2026.

Jonathan Aranda: un jonrón de octubre respaldado por 155 juegos

Por Eugenio Hernández

Opinión y análisis

El jonrón solitario de Jonathan Aranda que produjo la única carrera en el triunfo 1-0 de Tampa Bay sobre los Yankees, el 3 de octubre en el primer juego de la Serie Divisional, fue una jugada enorme. Pero reducir su impacto a ese batazo sería perder la historia más útil: el mexicano llegó a octubre después de construir durante 155 juegos una forma de producir que no depende exclusivamente del cuadrangular.

La tesis: Aranda vale porque combina poder suficiente con una disciplina que alarga entradas y obliga al rival a trabajar. El jonrón ante Gerrit Cole fue la expresión más visible de una temporada completa, no la prueba aislada de una supuesta capacidad mágica para aparecer en momentos grandes.

El dato que importa más que un swing

Aranda cerró la temporada regular con una línea de .274/.358/.434, 22 jonrones y 92 carreras impulsadas en 668 apariciones al plato. La diferencia de 84 puntos entre su promedio y su porcentaje de embasarse explica buena parte de su valor. Sus 69 boletos equivalen al 10.3% de sus apariciones, una tasa calculada sobre toda la campaña, no sobre una racha corta.

Su OPS+ de 121 significa que su producción ofensiva total estuvo 21% por encima del promedio de la liga después de los ajustes habituales por contexto. Esa métrica no demuestra por sí sola que Aranda cause más victorias ni mide “carácter”; sí permite comparar su rendimiento con un marco más limpio que las impulsadas o el promedio de bateo por separado.

También existe un límite que conviene reconocer: 163 ponches en 668 apariciones representan 24.4%. La paciencia no elimina la vulnerabilidad al swing fallido. En octubre, cuando los rivales explotan patrones con mayor precisión, la batalla de Aranda será conservar el control de la zona sin convertir la selectividad en pasividad.

Una carrera puede valer toda una noche

En la tercera entrada del primer juego, Aranda conectó un cambio en cuenta de 2-2 ante Cole. Fue uno de apenas cinco hits de Tampa Bay y la única carrera. El pitcheo de Drew Rasmussen y Bryan Baker hizo posible que ese margen sobreviviera; por eso el resultado no debe atribuirse a un solo jugador.

La lectura analítica es más interesante: un bateador que llega a base con frecuencia obliga al lanzador a disputar cada turno. Cuando además posee poder de 22 jonrones, un error dentro de la zona puede decidir un partido de pocas oportunidades. Ese perfil tiene valor transferible, aun cuando el próximo batazo no salga del parque.

Un impacto mexicano que no necesita adornos

Para el aficionado latino, y en particular para el béisbol mexicano, lo significativo no es solamente que Aranda nació en Tijuana. Es que ocupó un papel cotidiano y productivo durante 155 juegos. La representación pesa más cuando se traduce en responsabilidad deportiva sostenida: turnos importantes, ajustes y presencia en una alineación que también exige producción a figuras latinas como Junior Caminero.

Mi opinión es que el siguiente indicador no debe ser otro jonrón inmediato. Conviene observar si Aranda mantiene los boletos cuando los Yankees ataquen temprano la zona, y si puede reducir los ponches sin perder agresividad. Ahí se medirá si el método que funcionó durante seis meses resiste la compresión táctica de octubre.

Crédito de imagen destacada: Tropicana Field, fotografía de archivo tomada el 10 de junio de 2024 por Quintin Soloviev, vía Wikimedia Commons, licencia CC BY 4.0. Imagen redimensionada. Fuente de la fotografía.

White Sox: abrir con Kay exige pensar más allá del primer inning

Por Leonte Landino

Opinión y análisis

Los White Sox confirmaron el 4 de octubre de 2026 que Anthony Kay abrirá el segundo juego de la Serie Divisional contra Cleveland, previsto para el lunes 5. Sean Burke está señalado para lanzar la mayor parte de las entradas. Mi lectura: Chicago está apostando por repartir el trabajo según las necesidades del partido, una decisión que merece evaluarse por su ejecución y su costo para la serie.

La victoria 3-0 del 3 de octubre ofrece evidencia, aunque todavía limitada. Cinco lanzadores completaron la blanqueada y Grant Taylor consiguió los últimos doce outs. La pregunta útil no es si ese reparto luce tradicional, sino qué ventajas crea y cuánto puede sostenerse.

Un abridor corto también necesita un plan largo

Kay hizo 31 aperturas en 33 apariciones durante la temporada regular de 2026. Su nuevo encargo acorta un trabajo que normalmente era extenso. A mi juicio, ese cambio obliga a distinguir capacidad y función: ser capaz de abrir un juego no exige permanecer en él hasta una entrada predeterminada.

Kay, zurdo, asumirá el primer tramo; Burke, derecho, está previsto para el trabajo más extenso. Ese cambio de perfil obliga al rival a prepararse para dos desafíos dentro del mismo juego. Puede complicar decisiones de alineación y sustitución, pero no garantiza una ventaja: también depende del orden de bateo y de la calidad de los lanzamientos.

El calendario importa. Entre los primeros tres encuentros hay dos días sin partido. Eso permite considerar usos que serían más difíciles en jornadas consecutivas. Mi tesis es que Chicago aprovecha una condición concreta del calendario; convertir esa estrategia en receta universal sería ignorar su principal límite.

Los ponches explican mejor a Taylor que el salvamento

En la temporada regular de 2026, Taylor enfrentó a 336 bateadores en 84 entradas: acumuló 106 ponches y 30 boletos. Sus tasas fueron 31,5% y 8,9%, respectivamente, una diferencia de 22,6 puntos porcentuales calculada con esas cifras. Es una muestra mucho más informativa que una sola tarde de octubre.

Esa diferencia describe la frecuencia con que termina una aparición al plato sin pelota en juego frente a la frecuencia con que concede una base por bolas. Ayuda a entender por qué resulta atractivo para proteger ventajas: el ponche elimina la posibilidad de que ese bateador conecte un hit. Sin embargo, la métrica no mide por sí sola el daño del contacto permitido, la fatiga ni el desempeño frente a una alineación específica.

Ante Cleveland, Taylor lanzó cuatro entradas sin carreras, con seis ponches, dos hits y 42 lanzamientos. Ese resultado demuestra que el uso prolongado funcionó en ese encuentro. No demuestra que pueda repetirlo cada vez ni que todo relevista dominante deba hacerlo. Chicago tendrá que leer su recuperación, no solamente el marcador.

El aporte latino también está en construir la oportunidad

La secuencia ofensiva ofrece otra forma de mirar el equipo. El cubano Miguel Vargas conectó un sencillo antes del jonrón de dos carreras de Munetaka Murakami en el cuarto episodio. Vargas terminó con un hit y dos boletos en cuatro apariciones al plato: llegó a base tres veces.

Para el fanático latino, esa contribución merece espacio propio. Embasarse permite que el poder de un compañero produzca más carreras; esa función puede quedar escondida cuando el relato se concentra en quien bateó el jonrón. Cuatro apariciones no establecen una tendencia, pero sí explican una parte verificable de esta victoria.

Es una conversación emparentada con nuestro análisis del valor de Chourio más allá del jonrón: evaluar todas las vías de contribución mejora la lectura del béisbol.

La decisión de abrir con Kay invita a observar tres cosas: qué tramo resuelve, cuánto trabajo recibe Burke y qué disponibilidad queda para el siguiente encuentro. Si Chicago convierte esa distribución en outs de calidad sin comprometer la recuperación, habrá una ventaja tangible. El verdadero examen del plan empieza cuando debe ajustarse.

Fotografía destacada: estadio de los White Sox, entonces llamado Guaranteed Rate Field, el 23 de julio de 2019. Foto de archivo de David Wilson, vía Wikimedia Commons, bajo licencia CC BY 2.0. Redimensionada para el sitio.

Chourio vale más que un jonrón: tres maneras de cambiar un partido

Opinión | Por Eugenio Hernández

El jonrón de Jackson Chourio en la apertura divisional invita a una celebración legítima, pero también a una lectura más exigente. El venezolano aporta algo más útil que la promesa de un batazo decisivo: distintas maneras de alterar un partido. Mi tesis es que esa variedad explica mejor su valor para Milwaukee que cualquier etiqueta de héroe de octubre.

El 3 de octubre de 2026, los Brewers vencieron 3-2 a los Padres. Chourio empató con un jonrón de dos carreras en el tercer inning; William Contreras rompió la igualdad en el séptimo. El batazo de Chourio salió a 113.3 millas por hora y recorrió 420 pies. Es una demostración de impacto en ese contacto, no una medida de la calidad de todos sus turnos.

El jugador completo aparece en una muestra mayor

En la temporada regular de 2026, Chourio acumuló 573 apariciones al plato en 127 partidos: 25 jonrones, 23 robos y una línea de .291/.351/.487, para un OPS de .837. Es una base más amplia para evaluarlo que una noche de postemporada. También delimita la comparación: estas cifras pertenecen a la fase regular, no a la serie contra San Diego.

El porcentaje de embasarse, .351, supera en 60 puntos su promedio de bateo. Esa diferencia recuerda por qué contar hits deja parte del trabajo fuera del análisis. Llegar a base mediante un boleto también evita un out y sostiene una oportunidad. Sus 47 bases por bolas equivalen a aproximadamente 8.2% de sus apariciones al plato: un cálculo descriptivo, no una prueba de que cada decisión de selección haya sido correcta.

La velocidad añade otra dimensión. Sus 23 robos en 28 intentos representan un éxito de 82.1%. Ese porcentaje permite contextualizar el volumen: los cinco intentos fallidos tuvieron un costo. No demuestra que deba salir en cualquier conteo ni que todos los robos tengan el mismo valor; marcador, outs y bateador cambian la conveniencia de arriesgarse.

Milwaukee necesita poder sin depender exclusivamente de él

Los Brewers ganaron 103 juegos en la fase regular pese a conectar 154 jonrones, la menor cifra de la Liga Nacional. Ese contraste impide confundir una herramienta ofensiva con toda la identidad del equipo. Tener menos cuadrangulares no significa que el poder sea prescindible; significa que el club tuvo que construir victorias de otras maneras.

Chourio resulta valioso dentro de ese equilibrio. Puede aportar bases adicionales con el bate y presión con las piernas. Esa combinación permite pensar en más de una salida cuando el rival limita una vía de producción. No garantiza una carrera, pero evita reducir el plan a esperar que alguien resuelva todo con un swing.

La victoria inicial tampoco debe convertirse en una receta. Dos jonrones produjeron las tres carreras de Milwaukee, pero el pitcheo tuvo que protegerlas. La contribución de Chourio funciona dentro de esa dependencia mutua: el talento individual abre una ventaja y el resto del equipo decide cuánto dura.

Celebrar al venezolano también exige evaluar su oficio

Para el fanático latino, reconocer a Chourio implica explicar cómo juega. El orgullo por su origen gana profundidad cuando se acompaña de preguntas sobre selección de lanzamientos, agresividad en las bases y adaptación. Son aspectos del trabajo profesional que merecen tanto espacio como la celebración del jonrón.

Una mala noche futura no borrará su temporada, igual que un batazo oportuno no demuestra una capacidad permanente para producir bajo presión. Harían falta más oportunidades y comparaciones adecuadas para sostener esa conclusión. La opinión puede ser firme sin atribuir a un jugador propiedades que la muestra todavía no prueba.

Como planteamos en nuestro análisis del impacto de Tatis en los Padres, conviene mirar las posibilidades que una figura abre para el conjunto. Con Chourio, la pregunta duradera es esa: cómo convertir poder, embasamiento y velocidad en ventajas que Milwaukee pueda aprovechar.

Foto de archivo: Jackson Chourio, 7 de junio de 2025. IanStone20165 / Wikimedia Commons, CC BY 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde al juego de octubre de 2026.

Yankees sin Aaron Judge: la decisión que obliga a ganar con un plan colectivo

Opinión | Por Eugenio Hernández

La decisión ya tiene nombre y consecuencia: Aaron Judge quedó fuera del roster de los Yankees para la Serie Divisional contra Tampa Bay. A partir de ahí, el análisis debería avanzar hacia la pregunta deportiva que sí puede resolver el equipo: cómo construir un plan competitivo con los jugadores disponibles.

Nueva York presentó este 3 de octubre su roster de 26 jugadores sin su capitán, quien se recupera de una lesión en la pantorrilla derecha. La ausencia está confirmada para esta serie. No estamos ante una simple recomendación de un comentarista ni ante una decisión pendiente.

Disponibilidad y reputación son cosas distintas

La trayectoria de una estrella explica lo que un equipo pierde. No determina, por sí sola, cuánto podría aportar ese jugador en una condición física diferente. El nombre en una camiseta no reemplaza la movilidad, la preparación ni la capacidad de ejecutar.

Eso no permite afirmar desde fuera que conocemos todos los criterios médicos de los Yankees. Tampoco permite calcular un porcentaje de rendimiento posible sin datos. La evaluación responsable empieza por reconocer ese límite: sabemos qué decisión tomó el club, pero no tenemos acceso al expediente clínico ni a todas sus conversaciones internas.

En ese marco, la discusión sobre valentía resulta poco útil. Jugar lesionado no es automáticamente una prueba de compromiso, y reservar a un jugador no significa automáticamente rendirse. La responsabilidad competitiva consiste en elegir una opción sostenible con la información disponible.

El lineup necesita repartir tareas

Sin Judge, buscar un sustituto que reproduzca toda su influencia puede conducir a una trampa. Un bateador podría forzar swings para intentar compensar una ausencia que, por definición, pertenece al conjunto. La alternativa razonable es distribuir la producción y conservar las distintas maneras de crear oportunidades.

Eso implica pensar en decisiones, no únicamente en nombres. ¿Quién puede ofrecer un turno de calidad contra el pitcher del momento? ¿Qué cambio permite conservar una opción para una entrada posterior? ¿Cuándo conviene aceptar un boleto y trasladar la responsabilidad al siguiente bateador? Las respuestas dependerán del partido y no deben convertirse en recetas universales.

La banca y el bullpen también forman parte del contexto. En una serie corta, cada sustitución puede reducir opciones futuras. Administrar el roster exige considerar esa secuencia: una decisión que ayuda en el sexto inning podría dejar una limitación en el noveno. El análisis debe incluir ambos costos.

Ganar sin una figura no vuelve irrelevante su ausencia

Sería igual de erróneo minimizar la pérdida que tratarla como una eliminación anticipada. El béisbol permite que un equipo encuentre contribuciones distintas; también permite que un rival aproveche una debilidad. La ausencia cambia el problema, pero no escribe el resultado.

La tesis de esta columna es que los Yankees deben competir con un plan colectivo explícito, no con la nostalgia de un lineup ideal. El objetivo no es demostrar que Judge sobra. Es reconocer qué tareas quedan sin cubrir y cómo repartirlas sin desordenar el funcionamiento del equipo.

Frente a Tampa Bay, esa será una prueba de construcción y ejecución. La discusión puede empezar con la estrella ausente, pero la serie se jugará con quienes estén en el terreno. Evaluar sus decisiones con precisión será más útil que convertir cada resultado en un juicio sobre una recuperación que todavía no podemos medir desde fuera.

Foto de archivo: Aaron Judge, 8 de junio de 2024. ArielR20130725 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Sin edición del archivo original; no corresponde a la lesión ni a la postemporada de 2026.

Junior Caminero: el poder latino vale más cuando también produce decisiones

Opinión | Por Eugenio Hernández

La conversación sobre un joven bateador de poder suele empezar y terminar en los jonrones. Con Junior Caminero, ese marco se queda corto. En la actualidad de Tampa Bay, su impacto positivo merece evaluarse también por su capacidad para sostener decisiones útiles cuando el rival intenta quitarle la oportunidad de hacer daño.

Caminero llega a su debut de postemporada frente a los Yankees tras una campaña de 42 jonrones, 101 carreras impulsadas y 79 bases por bolas. La combinación de producción y paciencia permite explorar qué puede aportar a Tampa Bay cuando el rival intenta reducir sus oportunidades de hacer daño.

La paciencia también es una forma de poder

El jonrón obliga a mirar una consecuencia visible. La base por bolas obliga a mirar una decisión. Ambas pueden aportar, pero la segunda recuerda algo que suele perderse entre los videos de batazos: un bateador no controla el lanzamiento que recibirá; sí puede trabajar para elegir mejor cuáles atacar.

Una amenaza ofensiva deja de ser completa si el rival logra neutralizarla simplemente evitando la zona. La paciencia permite trasladar esa precaución al siguiente turno. No significa que todo boleto equivalga a una carrera ni que todos los conteos deban prolongarse. Significa que el jugador puede contribuir sin aceptar las condiciones más cómodas para el pitcher.

En una serie corta, esa flexibilidad importa. Una ofensiva que depende de una única forma de producir queda expuesta cuando el rival la identifica. Si su figura central acepta embasarse en lugar de buscar el swing espectacular a cualquier precio, el lineup conserva alternativas.

La figura joven no debe cargar con todo

El entusiasmo por Caminero puede generar una exigencia injusta: tratar cada turno suyo como una obligación de resolver el partido. Ese enfoque confunde su importancia con una responsabilidad exclusiva. Un equipo se fortalece cuando distribuye el trabajo, no cuando convierte a su mejor amenaza en una solución obligatoria.

El resto de Tampa Bay tiene que aprovechar los escenarios que aparezcan. El corredor necesita una lectura responsable; el bateador siguiente, un plan; el cuerpo técnico, una decisión que considere el marcador y los outs. El talento individual produce ventajas potenciales. El funcionamiento colectivo decide cuánto valen.

También debemos evitar que un resultado aislado se convierta en evaluación definitiva. Un ponche no elimina una temporada productiva y un jonrón no demuestra que un bateador ya resolvió todos los problemas de octubre. El análisis exige reconocer el tamaño de la muestra y observar la calidad de las decisiones.

Una representación latina con profundidad

Celebrar a Caminero como figura dominicana tiene sentido. Pero el reconocimiento gana profundidad cuando explica su oficio, además de su origen. La disciplina, la lectura del rival y la adaptación también forman parte del aporte latino en Grandes Ligas.

Esta es nuestra tesis: el poder resulta más valioso cuando no obliga a su dueño a buscarlo en cada lanzamiento. La capacidad de mantener alternativas puede beneficiar a Tampa Bay incluso en los turnos que no terminan en una imagen viral.

Octubre pondrá a prueba esa combinación. No sabemos qué resultado tendrá la serie y no hace falta anticiparlo para reconocer una oportunidad: mirar a Caminero como un jugador que puede cambiar la forma en que el rival administra sus riesgos, en lugar de medirlo únicamente por la distancia de un batazo.

Foto de archivo: Junior Caminero, 24 de febrero de 2025. Toliver5568 / Wikimedia Commons, CC BY 4.0. Sin edición del archivo original; no corresponde a la postemporada de 2026.

Tatis y el valor de responder: el impacto latino que impulsa a los Padres

Opinión | Por Eugenio Hernández

Una estrella aporta más que una jugada espectacular. También modifica las preguntas que debe resolver el rival. Ese es el ángulo desde el que conviene mirar a Fernando Tatis Jr. cuando San Diego entra en otra etapa de octubre: su impacto positivo se entiende mejor por las posibilidades que abre para los Padres que por la búsqueda de un héroe aislado.

San Diego llega a su serie contra Milwaukee después de recuperar impulso ofensivo frente a Chicago. Fernando Tatis Jr. fue uno de los protagonistas: abrió el Wild Card con un jonrón al primer lanzamiento. Ese hecho sirve de punto de partida; lo que sigue es nuestro análisis, no una garantía sobre el resultado de la serie.

Responder importa más que parecer invulnerable

El relato deportivo suele premiar al jugador que nunca parece dudar. Pero un equipo necesita algo más útil: alguien capaz de responder cuando el rival encuentra una debilidad. La diferencia es importante para evaluar el aporte latino. Celebrar a una figura no obliga a borrar sus dificultades; permite explicar por qué superarlas tiene valor competitivo.

Una buena decisión en el plato puede producir un resultado modesto y seguir siendo una buena decisión. Un mal lanzamiento aprovechado puede terminar en un jonrón sin demostrar que todas las dificultades desaparecieron. Confundir proceso y resultado conduce a diagnósticos apresurados, especialmente en una serie corta.

Por eso, la pregunta sobre Tatis no debería limitarse a cuántas veces hará volar la pelota. Conviene observar si reconoce los lanzamientos que puede atacar, si obliga al pitcher a trabajar y si mantiene el criterio cuando no encuentra un lanzamiento favorable. Esas son preguntas de seguimiento, no estadísticas que demos por verificadas en esta columna.

El beneficio debe llegar al resto del lineup

El poder de una figura adquiere otra dimensión cuando el oponente tiene que decidir cómo enfrentarla con corredores en circulación. Lanzarle con cautela puede abrir un turno favorable al siguiente bateador; desafiarla puede elevar el costo de un error. Ninguna de esas situaciones asegura una carrera, pero ambas amplían las rutas posibles de una ofensiva.

La responsabilidad del equipo es convertir esas rutas en decisiones coherentes. No tendría sentido celebrar la amenaza de su principal bateador y desperdiciar oportunidades por perseguir lanzamientos fuera de la zona o regalar outs. El impacto de una estrella necesita una estructura que lo aproveche.

Para el aficionado latino, este enfoque también ofrece una representación más completa. Nuestros jugadores no son únicamente energía, carisma o espectáculo. Son profesionales que resuelven problemas técnicos, se adaptan y condicionan el trabajo del adversario. Reconocer esa dimensión evita reducir su contribución a una caricatura.

Una señal positiva, sin coronaciones anticipadas

La recuperación que describe la cobertura de hoy es una señal para estudiar, no una sentencia sobre Milwaukee. El pitcheo rival puede ajustar y San Diego tendrá que responder otra vez. La confianza resulta valiosa cuando se traduce en preparación; pierde utilidad cuando se convierte en exceso de seguridad.

Nuestra tesis es sencilla: el mejor reconocimiento a Tatis consiste en evaluar cómo su capacidad de respuesta mejora las opciones del conjunto. Si los Padres sostienen ese criterio, su protagonismo latino tendrá un significado más profundo que una colección de highlights. Tendrá valor dentro de un plan para competir.

Foto de archivo: Fernando Tatis Jr., 5 de junio de 2021. Ryan Casey Aguinaldo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen redimensionada; no corresponde a la postemporada de 2026.

Ganar más debería valer más: la postemporada que MLB necesita cambiar

Voces del Diamante

El cuadro de octubre vuelve a exponer una contradicción: ganar una división puede valer más que ganar partidos. El resembrado es el primer paso hacia una postemporada que premie mejor el rendimiento.

El problema de la postemporada de Grandes Ligas comienza antes del primer lanzamiento. Comienza cuando el lugar donde compites pesa más que lo que hiciste durante seis meses.

Cleveland terminó con 85 victorias y avanzó directamente a la Serie Divisional. Los Yankees ganaron 93 y tendrán que sobrevivir al Wild Card. Houston llegó a octubre con marca de 81-81. Arizona, con 86-76, quedó fuera. Son resultados del sistema, no accidentes del calendario.

Las reglas estaban claras para todos. Pero conocer una regla no la convierte en una buena regla.

MLB necesita cambiar su modelo porque el mérito de la temporada regular no se traduce de manera consistente en los premios de octubre. A veces importa el récord. Otras veces importa más la división. Y después, cuando sobreviven los primeros equipos, un cuadro inflexible impide corregir las distorsiones.

Estos son los récords de los clasificados, ordenados por su siembra actual:

SiembraLiga AmericanaRécordLiga NacionalRécord
1Rays98-64Brewers103-59
2Guardians85-77Dodgers100-62
3Astros81-81Braves94-68
4Yankees93-68Padres91-71
5Red Sox87-75Cubs89-73
6White Sox84-78Phillies88-74

La diferencia entre ambas ligas es visible. Pero no necesitamos declarar que estamos ante la peor disparidad de la historia para cuestionarla. Ese superlativo exigiría comparar temporadas completas, resultados interligas y otras medidas de calidad competitiva. Lo demostrable aquí es más concreto: los umbrales de entrada y las recompensas son desiguales.

También conviene distinguir conceptos. El desequilibrio económico entre organizaciones, la fuerza relativa de las ligas y la justicia del formato no son lo mismo. Un resembrado no arreglará las diferencias de inversión ni convertirá a todos los clubes en contendientes. Sí puede evitar que la estructura agrave las desigualdades deportivas.

El caso más revelador está en la Americana. Sus tres mejores récords pertenecen a Tampa Bay, Nueva York y Boston. Los tres están en el mismo lado del cuadro. Por construcción, solamente uno puede llegar a la Serie de Campeonato. Del otro lado, Cleveland espera al ganador de Houston y los White Sox.

El formato mantiene los cruces fijos: 1 contra ganador de 4/5; 2 contra ganador de 3/6.

Eso significa que dos de los tres mejores equipos de la liga por porcentaje de victorias quedarán eliminados antes de disputar una serie al mejor de siete. No es una predicción: es una consecuencia inevitable del bracket.

Tampa Bay sí recibe beneficios por terminar primero: evita el Wild Card y tiene ventaja de localía dentro de su liga. Negarlo debilitaría la crítica. Lo que no recibe es un mecanismo que le asigne al rival superviviente de menor clasificación.

La explicación de MLB es preservar el cuadro y evitar que el primero enfrente a otro campeón divisional en esa ronda.

Pero resembrar según las posiciones originales tampoco obligaría al primero a enfrentar al tercero. Si gana el tercero, también habrá avanzado el cuarto o el quinto. Si gana el sexto, el primero podría enfrentarlo. La protección del líder y el resembrado son compatibles.

Hay, además, una diferencia decisiva entre resembrar por el número original y reordenar por récord. La primera opción conserva el privilegio divisional. La segunda revisa el mérito deportivo. Mi propuesta es avanzar hacia la segunda.

Las probabilidades ayudan a entender qué está en juego. El 28 de septiembre, la proyección ZiPS de FanGraphs, daba a los Yankees 52,6 % de posibilidades de ganar su serie y a Boston 47,4 %. Trasladadas al cuadro vigente, esas cifras producen los siguientes escenarios:

Rival de Tampa Bay en la Serie DivisionalProbabilidad bajo el cuadro actual
Yankees52,6 %
Red Sox47,4 %
White Sox0 %
Astros0 %

Si los White Sox eliminan a Houston, enfrentarán a Cleveland. Con un resembrado que respete las posiciones originales, les tocaría Tampa Bay: el primer sembrado contra el sexto. El formato actual impide ese cruce, aunque Chicago sea el equipo de menor clasificación que siga en competencia.

¿Ese cambio aumentaría las posibilidades de los Rays de ganar el campeonato? No podemos asegurarlo ni ponerle un porcentaje sin analizar los posibles enfrentamientos. Pero el principio es claro: terminar primero debería darte el derecho de enfrentar al equipo de menor clasificación que sobreviva.

Eso tampoco garantiza un rival fácil. Un equipo con menos victorias puede llegar a octubre con sus mejores lanzadores descansados y sus bateadores encendidos. Otro con mejor récord puede estar golpeado por lesiones.

Premiar la temporada regular no significa decidir quién ganará: significa reconocer lo que cada equipo consiguió durante seis meses.

La contradicción se vuelve todavía más profunda en la postemporada al mirar más allá de las líneas de cada liga

MLB lleva años reduciendo esa separación en el calendario. Desde 2023, todos los equipos enfrentan a los otros 29. Para 2025-2026, la distribución contempla 52 encuentros divisionales, 62 contra los demás equipos de la misma liga y 48 interligas. Casi tres de cada diez partidos cruzan una frontera que octubre vuelve a tratar como infranqueable.

Las rivalidades siguen vivas. Yankees-Mets y White Sox-Cubs demuestran que la identidad de una ciudad puede cruzar las ligas. Dodgers-Padres, que pertenecen a la misma división, muestran el peso de la cercanía geográfica y de la competencia reciente. Son rivalidades distintas, pero ninguna necesita que un peor récord reciba una recompensa superior.

Eso tampoco hace que el calendario sea perfectamente equivalente: todavía enfrentamos a algunos rivales mucho más que a otros. Por eso, una clasificación unificada requeriría revisar la distribución de los juegos. La reforma debe ser seria, no solamente atractiva en un gráfico.

Hay ejemplos que merecen atención sin exageraciones. Houston terminó con diferencial de menos 32 carreras, el único negativo entre los clasificados. Ganar el Oeste no borra esa fragilidad. Un título divisional puede celebrarse sin confundirlo con una temporada dominante.

En Philadelphia, la clasificación llegó después de una semana angustiosa: el equipo perdió cuatro partidos consecutivos y anotó apenas tres carreras en ese tramo antes de asegurar su lugar el domingo. Entrar a octubre no elimina las preguntas sobre el funcionamiento del club.

Boston obliga a un matiz. Los Red Sox estaban 35-46 a mitad del calendario y terminaron 87-75. Eso supone una segunda mitad de 52-29. Su afición tiene razones para celebrar la recuperación, además de exigir más. Sin encuestas, no podemos presentar el estado de ánimo de toda una ciudad como un dato.

El argumento, por tanto, no debe ser que los aficionados de esos equipos no tienen derecho a sentirse felices. Debe ser que la satisfacción de clasificar no sustituye una evaluación exigente de la temporada.

Tampoco hay que atribuirle a MLB una intención que no hemos documentado. El sistema asegura representación divisional y reparte oportunidades entre regiones. Que eso tenga atractivo comercial es comprensible. Que deba imponerse al rendimiento es discutible.

Mi propuesta tiene tres niveles.

Primero, ordenar a los clasificados de cada liga por su récord. Los dos mejores pasarían directamente a la Serie Divisional, sin importar si ganaron su división o entraron como comodines.

Segundo, reorganizar los cruces después del Wild Card: el mejor récord contra el peor y los otros dos entre sí. Pero cambiar solamente los cruces no resolvería todo: los Yankees ya habrían tenido que jugar una ronda que Cleveland evitó con menos victorias.

Tercero, evaluar una clasificación que reúna a todos los equipos de MLB, revisando también el calendario y los viajes para que sea justa. Si todos se enfrentan durante la temporada, ¿por qué no dar los cupos a quienes logren los mejores resultados, sin importar a qué liga pertenecen?

Hay una precisión reveladora: mantener plazas automáticas para todos los campeones divisionales, aun con comodines unificados, no excluiría a Houston. Para seleccionar estrictamente a los mejores por récord habría que revisar también esa garantía. No basta con cambiar el nombre de los cupos.

Cualquier reforma tendría que aprobarse antes de una temporada, con reglas claras para todos. Nadie propone cambiar las condiciones cuando ya conocemos a los beneficiados y perjudicados de 2026. Lo que esta temporada ofrece es evidencia para corregir las siguientes.

Una reforma aún más agresiva será la de reformular cómo se obtienen los cupos hacia la Serie Mundial, pero eso vendrá después de la expansión venidera y la eliminación de las estructuras obsoletas de la Liga Americana y la Liga Nacional.

El béisbol no debe garantizar que siempre gane el favorito. Su incertidumbre es parte de su grandeza, pero sí debe esforzarse para que ganar más produzca una recompensa coherente.

Octubre tiene que decidir al campeón en el terreno. El formato debería llegar a esa cita habiendo respetado mejor lo que ocurrió de marzo a septiembre.

Si MLB insiste en que cada juego cuenta, ha llegado la hora de hacer que todas esas victorias valgan más.

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Yuki Nishi anuncia su retiro: el histórico abridor de Hanshin Tigers dejará la NPB

Yuki Nishi pondrá punto final a una carrera de 18 temporadas en el béisbol profesional japonés. El lanzador de Hanshin Tigers anunció que se retirará al concluir la temporada 2026, dejando atrás una trayectoria marcada por su durabilidad, control y una de las rachas de aperturas consecutivas más extensas en la historia de la NPB.

Hanshin Tigers confirmó este 25 de septiembre que el derecho de 35 años terminará su carrera una vez concluya la actual campaña. Nishi había tomado la decisión meses atrás después de atravesar un largo proceso para convivir con los problemas físicos que afectaron especialmente su rodilla derecha.

Su despedida llegará después de 351 juegos, récord de 127-113, 2.107.1 entradas y efectividad de 3.10, de acuerdo con las estadísticas oficiales de Nippon Professional Baseball. Además, acumula 1.506 ponches, números que resumen la extraordinaria regularidad de uno de los abridores japoneses más longevos de su generación.

Yuki Nishi y una carrera construida desde la rotación

Nishi llegó al profesionalismo desde Komono High School después de ser seleccionado por Orix Buffaloes en la tercera ronda del Draft de 2008.

Debutó en NPB en 2009, pero su consolidación llegó dos temporadas después. En 2011 ganó 10 partidos y se instaló definitivamente dentro de la rotación de Orix. Desde entonces, prácticamente toda su carrera estuvo ligada al rol de abridor.

Uno de sus primeros grandes hitos llegó el 8 de octubre de 2012, cuando lanzó un juego sin hits ni carreras ante SoftBank Hawks. Durante su etapa con Orix alcanzó seis temporadas de al menos 10 victorias antes de ingresar a la agencia libre tras la campaña 2018.

Hanshin fue su siguiente destino.

El derecho firmó con los Tigers antes de la temporada 2019 y tuvo un impacto inmediato: terminó su primer año con récord de 10-8 y efectividad de 2.92 en 172.1 innings. También recibió el Gold Glove de la Liga Central.

Un año después volvió a superar las diez victorias, con registro de 11-5 y ERA de 2.26.

Una pieza importante en la histórica temporada 2023 de Hanshin

La etapa de Nishi en Hanshin también le permitió formar parte de uno de los períodos más importantes de la historia reciente de los Tigers.

En 2023 registró 8 victorias, 5 derrotas y efectividad de 3.57 en 108.1 entradas, mientras Hanshin construía la campaña que terminaría con el título de la Liga Central y posteriormente con el campeonato de la Japan Series.

Aquella temporada también completó otro logro particular: consiguió victorias frente a los 12 equipos de la NPB a lo largo de su carrera.

Sumando sus ocho temporadas con Hanshin, Nishi acumula hasta el 24 de septiembre de 2026 53 victorias en 142 presentaciones y exactamente 888 innings, según los registros oficiales de NPB.

306 aperturas consecutivas: una marca histórica en la NPB

Sin embargo, una de las cifras que mejor explica la carrera de Yuki Nishi no aparece simplemente en su total de victorias.

Desde el 13 de octubre de 2011, cuando todavía lanzaba para Orix, todas sus siguientes apariciones en primera división fueron como abridor.

La cadena se extendió durante casi 15 años.

El 12 de mayo de 2026 se convirtió en apenas el tercer pitcher de la historia de NPB en alcanzar 300 aperturas consecutivas, uniéndose a Shinichi Yamauchi y Masanori Ishikawa.

Finalmente llevó la cifra hasta 306 aperturas seguidas, igualando a Ishikawa en el segundo puesto histórico. Solo Yamauchi, con 311, terminó por delante.

La número 306 terminó siendo especialmente significativa. Nishi abrió contra Yakult Swallows el 2 de septiembre, permitió cuatro carreras en 3.1 innings y sufrió la derrota. Un día después fue retirado del roster principal.

Los 1.500 ponches antes del retiro

La temporada 2026 también le permitió alcanzar otra barrera histórica.

El 4 de junio contra Seibu Lions en Koshien, Nishi consiguió el ponche número 1.500 de su carrera. Hanshin realizó posteriormente una ceremonia de reconocimiento antes del partido contra Yokohama DeNA BayStars del 21 de septiembre.

Curiosamente, apenas cuatro días después de esa ceremonia llegó la confirmación de su retiro.

Nishi se despide actualmente con 1.506 ponches.

La lesión de rodilla que cambió los últimos años de Yuki Nishi

Su decisión no estuvo relacionada únicamente con el rendimiento.

Nishi fue diagnosticado en 2025 con una degeneración del ligamento colateral medial de la rodilla derecha, una lesión que alteró su mecánica y dificultó recuperar las sensaciones que había mantenido durante buena parte de su carrera.

El problema limitó su temporada 2025 a una sola presentación.

Después de un largo proceso de rehabilitación, logró regresar en 2026 y consiguió su primera victoria en 617 días el 30 de abril contra Yakult. Sin embargo, el propio lanzador explicó que continuaba teniendo dificultades para reproducir su mecánica habitual debido al dolor y a los ajustes realizados para proteger la rodilla.

Según Nikkan Sports, Nishi ya había decidido en junio que 2026 sería su última temporada y comunicó posteriormente la determinación a personas cercanas. Para el derecho, continuar sin poder entregarse completamente no era la manera en que quería terminar su carrera.

¿Cómo fue la última temporada de Yuki Nishi?

Nishi logró regresar a la rotación de Hanshin en 2026 después de prácticamente perderse toda la campaña anterior.

Hasta el 24 de septiembre registra:

8 aperturas | 3-4 | 3.29 ERA | 38.1 IP | 22 SO | 12 BB

Ganó sus primeras tres decisiones del año, incluyendo una presentación de seis innings en blanco contra Yakult el 12 de mayo. Su última aparición hasta ahora fue la apertura del 2 de septiembre que significó su número 306 consecutiva.

Con el final de la temporada cada vez más cerca, Hanshin todavía tiene la posibilidad de darle una última aparición antes de que cierre definitivamente una carrera que atravesó dos ligas, dos organizaciones y casi dos décadas.

Desde aquella selección de tercera ronda de Orix hasta convertirse en ganador de 127 juegos, superar los 2.100 innings y alcanzar 306 aperturas consecutivas, Yuki Nishi construyó su trayectoria alrededor de algo cada vez menos habitual en el béisbol moderno: tomar la pelota cada vez que llegaba su turno en la rotación.

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